primer periódico hiperlocal en España | año VII | 9 de diciembre de 2016
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Amaia Lizarralde: “Cuando dejas de reír es cuando empieza el problema”

Amaia en un ensayo de la obra que estrena el miércoles, Carrera de Obstáculos

Hace 12 años que Amaia Lizarralde vive en Malasaña y 20 que se dedica a la interpretación. Ha trabajado en teatro con nombres como Paco Mir, José Luis Gómez, Rosario Ruiz, Ramón Barea o La Fura dels Baus; en cine, donde tiene pendiente el estreno de ‘La Voz Dormida’, última película de Benito Zambrano; y en televisión, medio que le dio fama tras cuatro años en Hospital Central metida en la piel de la psiquiatra Cristina Laguna. Ahora, esta vecina ha dado un paso más en su carrera y, en su vuelta a las tablas, también se ha iniciado en la producción.

Este miércoles estrena ‘Carrera de Obstáculos’ en el Teatro Galileo, una comedia que muestra en cuatro historias las dificultades a las que las mujeres se enfrentan día a día. A su lado, sobre el escenario, otra actriz muy conocida, Diana Peñalver, y una profesional como Teresa Calo, autora y directora de la obra.

-¿Cómo surge la idea no sólo de hacer ‘Carrera de Obstáculos’ sino de producirla vosotras mismas?

Amaia Lizarralde (A.L): Surge como un reto personal de poder manejar el producto de principio a fin. A mí me apetecía participar en una producción de pequeño formato y en una conversación informal con Teresa Calo me dice que está deseando dirigir una serie de historias cortas sobre mujeres que escribió a partir de que una de ellas –Mujeres en Crisis- ganara el Premio Luis Barahona de Soto de Teatro Breve. En diciembre, Diana Peñalver se subió al carro. Yo, ilusa, creía que se podía montar algo sólo con talento, que no había que gastar nada más a parte de ganas. Nos juntamos y a la vez que ensayábamos, buscábamos un productor, pero no nos hicieron mucho caso: que si es pequeña la obra, que si estais fuera del circuito comercial… Hasta que dimos con un programador que nos dice que tenemos un producto bueno, interesante y que lo podemos hacer sin mucho dinero. Nos muestra el panorama de lo que tenemos entre manos, empujándonos a hacerlo nosotras mismas. Decidimos que sí y decido encargarme yo de la producción y de coordinar el espectáculo desde la idea a su fin, el estreno.

-¿Qué es lo que más ha costado y lo mejor y peor de la experiencia como productora?
A.L: Lo que más, decidir entre tres personas, con mucho carácter, qué es lo que nos conviene y cómo. Lo mejor, darnos cuenta de que hay personas que están dispuestas a colaborar y saben controlar temas que tú no te has planteado jamás.

-¿Habéis recurrido a muchos amigos del mundillo teatral para que os echen una mano?
A.L: A todos. No hay nadie que no fuera amigo antes que haya colaborado en la puesta en marcha de la obra… Ahora hay que ver si lo siguen siendo después (risas). Esperemos que nos vaya bien y poder pagar a todas esas personas su trabajo a posteriori. De momento, aquí no ha cobrado nadie.

-¿Para alguien que carezca de los contactos profesionales que tenéis vosotras por años de trabajo, sería posible montar una obra como lo habéis hecho vosotras?
A.L: Sería posible, pero algo de dinero se van a tener que gastar, eso seguro. Ahora estaremos en el Galileo 5 días, pero eso nos cuesta dinero y todavía no sabemos si sacaremos beneficio alguno … Seguramente monetario no; contactos, vídeo, fotos, distribuidor, ¡eso sería maravilloso!

Diana y Amaia, en un fragmento de la obra

-¿Cuánto tiempo habéis tardado en montar la obra?
A.L: Cuatro meses, pero porque ensayamos 3 días a la semana, 3 horas y lo hemos compaginado con rodajes, pruebas y tareas personales.

-Proponéis en clave de humor cuatro historias de mujeres en apuros propios del día a día y que no tienen nada que ver con sus vidas amorosas, ¿creéis que será fácil que el público femenino de la obra se identifique con lo que les sucede a alguno de los 8 personajes que subís a escena?
A.L: Facilísimo. Creo que son personajes muy corrientes y fácilmente una se va a ver en un personaje u otro. Creo que hay un reflejo de muchas de nosotras en estos personajes.

-¿Y del público masculino, qué esperáis?
A.L: Para el público masculino será la sensación de entrar en una conversación femenina, donde planteamos cómo somos y qué cosas nos preocupan.

-La autora ha dejado de lado los posibles problemas sentimentales de las mujeres. ¿De esos no te puedes reír o, simplemente, no tocaba hablar de ellos?
A.L: Simplemente, no tocaba hablar de ellos. Nos podemos reír de todo tipo de problema, porque cuando dejas de reír es cuando empieza el problema. La obra es una catarsis. Reír no sólo alarga la vida, también ayuda a aligerar su pesada carga.

¿Despista como actriz tener que ocuparse de más cosas además del tema interpretativo?
A.L: Mucho. Yo, al principio, tenía miedo. Después me ha comido más la producción que el trabajo de interpretación y ahora me alegro de saber que se pueden hacer más de dos cosas a la vez.

-Como ya has dicho, estaréis cinco días en el Teatro Galileo, hasta el domingo. ¿Y luego?
A.L: Luego esperemos que alguien nos programe, o se interese para movernos y distribuirnos y no nos quedemos con la escenografía y vestuario en casa. Esperamos captar a alguien que se dedique a la venta, alguien que tenga una sala. alguien que quiera hacer reír, ¡que nos lleve p’allá!

-Pese a las tablas que tenéis, ¿cómo van los nervios de antes del estreno?
A.L: Estoy tan cansada, que no me entero… Mañana y pasado caerán un par de tilas. Siempre te parece que podías haber hecho otra cosa, de otra manera… Pero hasta aquí hemos llegado y esto tenemos. Esa es la mejor idea para estrenar. Los nervios son porque guste, no guste… ¡De todo habrá! Pero nosotras hemos hecho esto y es maravilloso haber llegado hasta aquí.

-Entonces, independientemente del recorrido del montaje, ya ha merecido la pena embarcarse en esta aventura…
A.L: Sí, a mí me gusta lo que contamos y cómo lo contamos y es lo que quería hacer. De repente, me siento más capaz de todo.

Amaia Lizarralde llegó a Madrid, desde su San Sebastián natal, con 20 años. Quería estudiar interpretación en el Laboratorio William Layton después de terminar Arte Dramático en Donostia. Cuenta que cuando recaló en Malasaña, en el cambio de siglo, el barrio no tenía muy buena fama … “Había habido bastante droga y trapicheo, así que cuando llegamos a la zona tuvimos algún lío que otro en el portal de casa, con gente que se metía…” Ahora todo está muy cambiado.

Dónde: Teatro Galileo, calle Galileo 39
Cuándo: Miércoles, jueves, viernes y sábado, a las 20:30 horas; domingo, a las 19 horas
Cuánto: Desde 10€ (en Atrápalo)

 

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