primer periódico hiperlocal en España | año VII | 6 de diciembre de 2016
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Érase una vez San Ildefonso

Ahora que ha comenzado la demolición del Mercado de Barceló no podemos menos que acordarnos de otro mercado que se demolió en el barrio, el de la plaza de San Ildefonso, que en su día fue el primer espacio techado de este tipo que hubo en la capital. Te mostramos una serie de imágenes de aquella construcción recopiladas por Enrique Fidel en su blog Urban Idades.

Sobre este mercado, una antigua vecina -de nombre Rosario- escribió de manera más que ilustrativa lo siguiente:

El edificio, de planta cuadrada, solo constaba de un piso y su interior se organizaba mediante dos calles cruzadas perpendicularmente rematadas por sendas entradas, tan pequeñas que no eran capaces de evitar la aglomeración de las horas más concurridas.
Ninguno de esos cuatro accesos era el principal, pero quizá el más transitado fuera el cercano a la iglesia en donde se ubicaba una pollería-huevería y una tienda de ultramarinos que exhibía, sobre el mismo pavimento de la calle, cubas de pepinillos, aceitunas de varios tipos y plateados arenques perfectamente colocados en círculo unos sobre otros.
El mercado quedaba abierto por sus cuatro costados, lo que producía una gran corriente de aire que la clientela y los dependientes, siempre vociferantes de sus productos, eran capaces de soportar con heroica resignación. Alumbrado por pálidas luces amarillentas, era un lugar permanentemente invadido por el agua que, procedente de la lluvia o de los hielos picados con que en Madrid siempre se ha mantenido el pescado “fresco”, al derretirse formaban grandes y resbaladizos charcos en el suelo enlosado de sus cuatro travesías.
El reducido espacio de este mercado era aprovechado al máximo. Los pequeños negocios se distribuían por el interior del recinto, separados unos de otros por delgados tabiques, y por el exterior en diminutas tiendas instaladas en la misma fachada del edificio, mirando a la calle; de esta forma, las clientas que aguardaban “la vez” ante los puestos de frutas que se ubicaban a ambos lados del acceso por la Corredera, lo hacían a la intemperie y de pie sobre el mismísimo asfalto de la calzada por la que transitaban numerosos vehículos.
Tal vez la tienda más pequeña de todo el recinto era la panadería, situada haciendo esquina de la Corredera y la calle de Sta. Bárbara. Luminosa gracias a los azulejos blancos que cubrían sus paredes, estaba atendida por un hombre corpulento que abría su negocio a primera hora de la mañana.
La parte posterior del mercado formaba un estrecho callejón cerrado al fondo por el muro de la iglesia de San Ildefonso y en el que había un pequeño grupo de comercios, algunos de los cuales son visibles hoy desde la propia plaza por estar situados en los bajos de la casa que, tras el derribo de la construcción, quedó en primer plano.
El mercado de San Ildefonso desapareció hacia la mitad de la década de los años 70. El Ayuntamiento llenó el solar de bancos, puso una fuente y rodeó su contorno de parterres en los que ya no hay plantas.
La película “Fortunata y Jacinta”, protagonizada por Enma Penella y producida por Adrián Piera durante los años 60, fue rodada en el interior de este mercado que sin duda Benito Pérez Galdós, visitó en algún momento de su vida.

Imagen de cuando comenzó a derruirse

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