primer periódico hiperlocal en España | año VII | 28 de septiembre de 2016
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Café y humor ‘sospeso’ en el Comercial

Pizarra de los 'sospeso' en el Café Comercial | Foto: Somos Malasaña

Cuenta el escritor italiano Luciano de Crescenzo que “en Nápoles, en el barrio de Sanità, cuando alguien estaba feliz después de que algo bueno había pasado, en lugar de pagar un café pagaba dos, dejando sobre la mesa el dinero para el próximo cliente. Ese gesto fue llamado ‘caffè sospeso’, literalmente, un café ‘en espera’. Entonces, cuando un vagabundo entraba en la cafetería, preguntaba si había algún “sospeso”. De algún modo, era como la compra de café a la humanidad.”

En Malasaña,  lo del ‘sospeso’ también se practica; desde el 22 de octubre y en el Café Comercial de la glorieta de Bilbao. Allí no sólo quedan cafés ‘a la espera’ sino que, además, hay hasta cultura aguardando a quien -aun necesitándola- no se la pueda pagar. Cada jueves y sábado, la primera planta del Comercial se transforma en un ‘comedy club‘ por obra y gracia de Madame Gimeno, singular maestra de ceremonias que pone gratuitamente a disposición de desempleados mayores de 35 años cuatro entradas dobles por función de su espectáculo humorístico de monólogos.

“Lo que puedo ofrecer es mi trabajo”, afirma Esther Gimeno, Madame Gimeno, en referencia a su pequeño gesto de plantarle cara a la crisis regalando entradas. Actriz, cómica y vecina de Malasaña desde hace una década, esta “última vedette en edad reproductiva”, como ella misma se define, cree que en estos tiempos difíciles hay que hacer lo posible para garantizar el acceso a la cultura a todo el mundo. “Quien realmente necesite una entrada no tiene más que enviarme un correo electrónico (madamegimeno@yahoo.es) y se la dejaré ‘en espera’ con mucho gusto”.

Madame Gimeno (izq) junto a algunos de los cómicos que cada noche de jueves y sábado desfilan por su 'comedy club'

En contra de lo que alguno pudiera pensar, resulta que en el Comercial lo ‘sospeso’ no vuela. La semana pasada, a última hora de un día cualquiera, con la pizarra en la que se registran los cafés pagados para el que venga bien cargadita de ellos, uno de los camareros confesaba no haber servido ninguno. No hay pillería. Es algo que también destaca Madame Gimeno: “No debe ser plato de buen gusto llegar a un sitio y reconocer que no te van bien las cosas. A la gente le cuesta y quien recurre a ello es porque de verdad está necesitado”.

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