primer periódico hiperlocal en España | año VII | 10 de diciembre de 2016
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Calle apodaca: una calle muy literaria

Calle Apodaca

Calle Apodaca | SOMOSMALASANA

La calle de Apodaca, entre las de Fuencarral y Mejía Lequerica – y cruzada por la de Larra – le debe el nombre a Juan José Ruiz de Apodaca y Eliza, noble, marino y militar español, que fue el último gobernador de Nueva España en 1816. Apodaca fue una de las calles abiertas en la década de los sesenta del siglo XIX, en el espacio que habían ocupado los pozos de nieve. Hay otras calles de Apodaca en Tarragona y en La Habana.

En la calle encontramos algunos ejemplos de arquitectura civil interesante, como las rectilíneas formas art decó del número 18, o la fachada abarrotada de artificio del número 13, el edificio Eugenio Rubio, proyectado en 1926 por José Purkiss Zubiria. Resulta interesante asomarse también a algunos de los portales de la calle ricamente adornados, como corresponde a una barriada burguesa de un Madrid que se ensanchaba.

Fachada el 13 (1926) | SOMOSMALASANA.COM

Fachada el 13 (1926) | SOMOSMALASANA.COM

Una calle de letras

Uno de los rincones más activos del panorama cultural madrileño de los últimos años estuvo en el número 3 de la calle Apodaca (donde hoy está el café italiano Pepa Tencha). Hablamos de El bandido doblemente armado, librería-café regentada por la familia de la escritora Soledad Puértolas desde 2002. El curioso nombre obedece al recuerdo de un libro de la propia autora, publicado en 1979. El bandido, donde abundaban las presentaciones y saraos culturales, cerró en 2009 ¿Llegó quizá demasiado pronto? Sin duda, son muchas las librerías que luego han seguido su estela.

Fiesta sorpresa del "club de los poetas líricos” para Benjamín Prado del | Romper una canción. Benjamín Prado

Fiesta sorpresa del “club de los poetas líricos” para Benjamín Prado | Romper una canción. Benjamín Prado

En el número 6 de la calle encontramos otro vórtice de la agitación cultural, Los Diablos Azules, bar literario conocido por sus veladas y jam sessions poéticas. Una de las socias de Los Diablos es Jimena Coronado, pareja de Joaquín Sabina, lo que hace que, además de una variada fauna letrada, lo frecuente una pandilla que Sabina llama “el club de los poetas líricos”, entre quienes se cuentan el propio cantautor, Benjamín Prado, Felipe Benítez Reyes o Luis García Montero y Almudena Grandes (estos últimos vecinos de la calle Larra).

Uno de los apellidos nobles de la historia de la poesía española de todos los tiempos ocupó piso en la calle. En 1884, los Machado se habían trasladado de Sevilla a Madrid siguiendo a su abuelo Antonio Machado Núñez, nombrado catedrático de la Universidad Central. Vivieron en varios domicilios y, entre otros, en el número 5 de la calle Apodaca. En aquellos años los hermanos frecuentan tertulias literarias de artistas noveles, cafés y tablaos flamencos. Manuel viviría después en la contigua calle de Churruca, donde moriría en 1947.

Una placa recuerda en el número 9 de la calle a Antonio Paso y Cano, dramaturgo y libretista de zarzuela español que vivió y murió allí. Quien también nació en esa casa, aunque la placa no lo menciona, fue su hijo, el conocido autor teatral Antonio Paso, prolijo escritor a quien su identificación con el anterior régimen favoreció en su momento y perjudica en la actualidad.  Fue el primer autor español vivo que estrenó en Broadway, con la comedia El canto de la cigarra.

Alfonso Paso | dfsandez.blogspot.com

Alfonso Paso | dfsandez.blogspot.com

Comercios de hoy y de ayer

Apodaca es una calle muy comercial. Ocupan sus numerosos locales un estudio de tatuajes, hasta tres espacios dedicados al cuidado del cuerpo, un restaurante griego, una floristería, una tienda de productos ecológicos de alimentación, una multisala de actividades con un espectacular patio interior, una galería de arte en un antiguo garaje, un taller de grabados, una empresa de alquiler vacacional de apartamentos… Por supuesto, también tiene algunos bares. En uno de ellos, en la esquina ya con Mejía Lequerica, sirven unas generosísimas tapas acompañando a la consumición que cada cliente pide.

Un cartel de se alquila sobre la vieja cestería en la esquina con Mejía Lequerica ejemplifica la nómina de establecimientos desaparecidos en Apodaca. También el rótulo ultramarinos en una tienda de chinos y los azulejos del bar El Alquimista, heredados del viejo bar Las Murallas. Llama también la atención la almoneda de Alberto Doria, en la esquina con Larra, de exterior atractivo e interior deliciosamente abarrotado.

Hemos encontrado también rastro de carbonerías, lecherías, un restaurante donde se podía comer por unas pocas pesetas en los cincuenta y que llevaba el curioso nombre de El Ritz de Apodaca… Más recientemente estuvo, en el número uno de la calle, un bar que fue pionero en la efímera moda de ofrecer chutes de oxígeno a sus clientes.

La calle de Apodaca tiene una actividad comercial mucho mayor de lo que su fama presupone. Atrapada entre otras vías más importantes, encierra comercios, historias de escritores y literatura viva.

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