primer periódico hiperlocal en España | año VII | 9 de diciembre de 2016
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Concepción Arenal: un viaje a sus comercios pasados

El Hotel Atlántico | L.C.

Alguien dijo en una ocasión que a mayor importancia del personaje, menos metros de calle dedicada en Madrid. O algo así. Es el caso de Concepción Arenal, callecita perpendicular a la Gran Vía que es un pequeño puente a la zona de la plaza de Luna. Los méritos de esta escritora coruñesa tienen que ver tanto con su talento como con su condición de pionera de los derechos de la mujer, siendo la primera mujer que estudió derecho en la Universidad Central vestida para ello con ropajes masculinos. Arenal es considerada por muchos la primera feminista española.

A un extremo, entrando por la Gran Vía, vemos la grandilocuente fachada de aires franceses del Hotel Atlántico, al fondo la portada churrigueresca de San Martín de Tours. En medio, en pocos metros, un sainete cotidiano que mezcla a turistas, modernos, putas y personajes de distinto pelaje.

Conversando en Casa Reyna

Puestos a hablar con algún vecino histórico de la calle parece ineludible la decisión de conversar con la gente de Casa Reyna, el punto de encuentro de los aficionados al modelismo en Madrid desde hace muchas décadas. Miguel y Rosa reciben la conversación sobre la calle desde el orgullo de haberla visto cambiar y haber cambiado con ella, y la pena de ver maltratado el barrio: “en este lado de la Gran Vía hasta las 20 horas no encienden las luces y, claro, la gente ve a las prostitutas y no pasa, así es imposible. Al otro lado está el Corte Inglés y las luces están continuamente encendidas”. A tres pasos de la Gran Vía, sienten que tanto boato de centenario de poco ha servido para animar al comercio de las calles aledañas.

Dentro de Casa Reyna |L.C.

Casa Reyna fue fundada por el abuelo de nuestros conversadores en 1930, en la calle de Vargas, entonces como fábrica, sobrevivió a la guerra por un encargo de unos pocos miles de pesetas de SEPU. En estos años ha habido muñecas, juguetes y sobre todo modelismo. Las paredes de la tienda son un abigarrado museo de piezas en miniatura lleno de color, “no como las tiendas de Triball –cuentan–, tiendas sin sentido donde venden un click de Famobil por una pasta y que están medio vacías”. Echan de menos más protección al comercio tradicional y menos favor político “a este tipo de tiendas sin sentido en el barrio”

Los dos nos hacen un recorrido por los locales de la calle, llevan la conversación al color sepia del recuerdo de toda una vida en la pequeña vía. Hablan de la zapatería Marlo, “de mucha categoría”, que estaba en la esquina con Gran Vía donde ahora se encuentra un moderno Nike Store. El otro esquinazo de la Gran Vía, el que alberga una franquicia de moda, estaba ocupado por otra zapatería importante, Yanko, y por Muebles Plin.

Cuentan también como el típico frontal de bar irlandés cerrado frente a la tienda, albergó el bar Dania durante muchos años, uno de esos bares de antes “en los que un señor te vendía el tabaco en un puestecillo y te limpiaban las botas”.

Miguel y Rosa cuentan que en la calle siembre ha habido prostitución – y mientras lo explican se escucha en la calle la discusión entre una mujer y su proxeneta – pero tienen la sensación de que “antes era de mayor categoría”. Donde ahora está una conocida sauna hubo en tiempos “un puti selecto” al que llamaban el Bósforo por el origen de su dueño, que regresó a su país después de hacer fortuna. Antes allí vendían magnetófonos y televisores en Avenida Radio. Hoy, y ya desde los setenta, hay un restaurante chino en su lugar.

Miguel, que guarda una colección de recortes del barrio , se remonta con pasión a los tiempos anteriores a la construcción de la plaza de Santa María Soledad Torres Acosta, que a punto estuvo de dar al traste con el edificio de la tienda, cuenta con avidez el relato de sus mayores sobre los artesanos del barrio que desaparecieron con la regulación extricta del comercio (torneros, soldadores…), nos habla del sastre que había en lugar de un moderno chino vegetariano y de las colas que se formaban para entrar al aún hoy abierto bar de El Águila, famoso por sus pinchos al aire libre “antes de ponerse estricta la normativa de sanidad”. Peajes de la modernidad.

En el lugar había también un restaurante de postín llamado Rimbombín, del que eran asíduos personajes tan importantes y dispares del siglo XX como Azaña y José Antonio Primo de Rivera.

La memoria de las calles pertenece, desde luego, a sus vecinos y comerciantes. Es importante cuidarles a ambos.

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