primer periódico hiperlocal en España | año VII | 3 de diciembre de 2016
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Flor Alta: un pasillo con palacio

C. de la Flor Alta |L.C.

La calle, que empieza en Libreros y entra como una pequeña cuña en la Gran Vía, deja a la espalda la librería de la Casa de la Troya y se tropieza en el horizonte con el edificio del Hotel Emperador. En tiempos, la calle de la Flor llegaba a Leganitos y se dividía en Jacometrezo en Flor Alta y Baja, pero parte de la calle quedó engullida por la Gran Vía al filo de los años 30, separando para siempre los destinos de las “dos flores”. Flor Alta pasó entonces a llamarse Federico Balart pero pronto, en 1941, recuperó su antigua denominación.

Ya hemos hablado en alguna ocasión de García Barrionuevo, cuya quinta ocupaba las calles circundantes a la antigua plaza de los Mostenses. El recuerdo de sus tierras nos ha dejado otros bonitos nombres de calle como de la Manzana o del Álamo. La vía estaría en el lugar donde estaban sus jardines y de ahí la denominación botánica.

El inmueble estrella de la calle es el palacio de Altamira, pequeña joya neoclásica del XVIII proyectada por Ventura Rodriguez, que pemaneció en manos de los marqueses de Altamira hasta finales de los ochenta. Se dice que los celos de Carlos IV, que no querría una residencia en la corte que hiciera sombra a la suya, impidió que el palacio ocupara, como en principio debía haber hecho, toda la manzana comprendida entre las calles de San Bernardo, Marqués de Leganés, Libreros y Flor Alta. Bien fuera por ello o por falta de recursos, que no está bien claro, no se avanzó mucho más allá de la fachada principal en lo que pretendía ser.

Antes de la Gran Vía |granvia.memoriademadrid.es/

A punto estuvieron los terribles setenta de llevarse por delante el palacio. Hacia 1977 el edificio, que estaba en unas condiciones lamentables, estaba alquilado al Ministerio de Educación y Ciencia, que lo ocupaba en la Escuela de Maestría Industrial. En una carrera burocrática, los propietarios pidieron que se declarara en ruina casi a la vez que se solicitó su declaración de edificio histórico-artístico. La licencia de derribo casi llegó a ser concedida. Finalmente, el palacio se salvó y vivió las siguientes décadas sin mucha pena ni gloria, ocupando sus instancias en distintas oficinas, hasta que en 2004 se comenzó a rehabilitar para que albergara el actual Instituto Europeo de Diseño (IED).

La institución había comprado el inmueble por 4,2 millones de euros, sin darse cuenta de que el uso del edificio debía ser por ley de uso “público” y “docente”. Finalmente, el ayuntamiento y la escuela italiana llegaron a un acuerdo: IED pagaría la rehabilitación y disfrutaría de la titularidad del edificio hasta el año 2034, momento en el que pasará a manos municipales. Además se reservaría una parte del edificio (biblioteca y sala de exposiciones) para uso público.

Es una escena muy frecuente pasar por la Gran Vía y ver grupitos numerosos de estudiantes a las puertas de la escuela. Quizá alguno sea el próximo diseñador de moda o el artista gráfico de la próxima década.

No dan los metros de esta callecita peatonal para mucho más: unos curiosos bancos ocupados por alguna viejecilla, una entidad bancaria, las traseras -un tanto deslucidas- del edificio del Rialto de la Gran Vía, un par de portales y, tocando ya con Libreros, Graphicbook. Se trata de un establecimiento con el espíritu mestizo de las dos calles que pisa, una librería especializada en diseño, publicidad, decoración, moda, fotografía e ilustración. La librería cuenta además con un espacio para exposiciones.

La de la Flor Alta es una calle que es más un pasillo, residuo palaciego, ahora resucitado, del Madrid que desapareció para que naciera la Gran Vía.

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