primer periódico hiperlocal en España | año VII | 7 de diciembre de 2016
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Calle de la Manzana: de nombre evocador

La calle de la Manzana|L.C.

Echar la vista a un lado al pasar por San Bernardo y ver la calle del Álamo a través de la pequeña calle de la Manzana. Lo habitual, pensar en ella como una pequeña vía asociada a otras calles.

 

El bonito nombre de la calle, que ya aparece en los planos de Texeira y Espinosa, suele atribuirse al recuerdo de las huertas y jardines de García de Barrionuevo, a los que hemos aludido en otras ocasiones. Los escritores madrileñistas suelen añadirle también al nombre una leyenda: al cortar los manzanos de la propiedad los trabajadores se pelearon por los frutos de los árboles talados, acontecimiento que se conoció en Madrid como la Pelea de la manzana y, posteriormente, cuando la zona se urbanizó, la calle que allí había heredó el recuerdo de la reyerta. Como siempre en estos casos, es complicado separar leyenda y realidad, pero cabe quedarse con los ecos de la deforestación de la zona a medida que el barrio fue poblándose, primero de posesiones señoriales y luego de caserío.

La acera de los pares, a la derecha mirando desde San Bernardo, está ocupada casi al completo por los bajos enrejados del Ministerio de Justicia. Curiosamente, el primer número de la calle es el 14, y es que el edificio del ministerio, que no siempre tuvo tanta profundidad, fue ampliándose a costa de casas desaparecidas. El ministerio ocupa lo que fue el palacio de la marquesa de la Sonora, de finales del XVIII, y antes allí estuvo también la casa del marqués de la Regalía . Alta alcurnia, como correspondía a la calle Ancha de San Bernardo.

Paco en Doctor Zapato |L.C.

Paco pasa el día en Doctor Zapato, la zapatería que su padre abriera allí a finales de los sesenta. “Los que de verdad podrían contarte la historia de la calle ya no están, han muerto o se han jubilado”. Hace referencia a unas sastras que eran una institución en el local de al lado, al carpintero, cuya jubilación ha dejado un cartel de se alquila en la pared; a su padre, al de la gestoría -cerrada hace muchos años ya- y, sobre todo, a los hermanos Magaz , que tenían una imprenta histórica en el número siete.

Sin embargo, pese a lo que dice, Paco ha heredado la memoria de la calle, en la que “teníamos hasta dos puticlubs en la esquina”. Recuerda los momentos de tensión el día que hubo un aviso de bomba en el Ministerio de Justicia, como recuerda a tantos y tantos que han pasado por la callecita donde ha crecido.

La vieja carpintería cerrada |L.C.

La imprenta a la que hace referencia Paco estuvo durante muchos años en el número siete (donde antes había estado una de las estafetas del barrio). Paco nos explica que ellos hablaban de cómo pasaron la guerra dentro. Años atrás hubo en la calle otros talleres tipográficos: en el número tres, el de los Señores Martínez y Bogo, y la Imprenta de la Sociedad Literaria y Tipográfica en el número 14, allá por el siglo XIX.

 

La de la Manzana es una calle modesta y las celebridades que en ella han vivido llevan también nombres sobre los que es necesario indagar. El escritor Luis Araujo-Costa, importante madrileñista, vivó en la Manzana, allí escribió -entre otros- libros de transfondo histórico como, por ejemplo, el libro de la calle de al lado, La calle de San Bernardo. Desde ABC, periódico donde trabajó, se lanzó la idea de dedicarle la calle a su muerte. Sin tener nada en contra del escritor, nos alegramos de que conservara el nombre original, mucho más sugerente que cualquier nombre de persona.

También el pintor Jerónimo Salinero vivió de jovencito en una pensión de la calle. Cómo serían las pensiones del barrio hace unos años -no tantos- cuando Salinero cuenta que un día que llegó con fiebre la patrona, una anciana, le tapó bien…y durmió con él toda la noche para que no le faltara calor.

Hoy en la calle los locales cerrados (el de la vieja gestoría, la carpintería de Marcial Martín y algún otro negocio moderno venido a menos) comparten día y noche con los que sobreviven. Al final de la calle, donde se une con el Álamo, los inevitables negocios orientales, como corresponde a los alrededores del mercado de los Mostenses.

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