primer periódico hiperlocal en España | año VII | 3 de diciembre de 2016
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Calle de la Nao, sin barcos en su historia

Calle de la Nao | L.C.

Casi callejuela, aunque ostenta el título de calle, La Nao va de Loreto y Chicote hasta la calle de la Puebla. Allí, amén de un taller, ofrece el breve y solitario paso entre una manzana de viejos edificios.

En la callecilla vivió la familia de Calderón de la Barca (su madre, sus tíos y su abuelo) y hay quien ha dicho que el gran dramaturgo del siglo de Oro español pudo también nacer en la casa familiar, aunque éste es un dato sin confirmar. Lo que sí se sabe con seguridad es que su bautizo se celebró en la contigua parroquia de San Martín, y a buen seguro que el autor de La vida es sueño debió jugar en la calle durante su niñez.

La madre de Calderón fue  Ana María de Henao, miembro de una importante familia nobiliaria de origen alemán muy señera en la Corte del momento. Precisamente por su abuelo, Diego González de Henao, que fue escribano mayor de la villa, lleva su nombre la calle. Henao se estableció en la zona cuando las propiedades de Juan de Bracamonte -del que hemos hablado en diversas ocasiones aquí- se dividió en distintas parcelas para ser urbanizadas. El funcionario habría tenido allí distintas propiedades y La Nao sería por lo tanto una derivación del apellido Henao, y no una referencia marina.

Como curiosidad hay que decir, que en un Madrid de castellano aún por terminar de definir, el Henao o Enao (como también se escribió) pasó a ser del Nao y, posiblemente creyéndolo un error, hay quien lo corrigió en la documentación y la llamó “del Nabo”, tal y como aparece también nombrada en el siglo XVIII. Por este mismo afán corrector acabó siendo conocida como calle de la Nao ya definitivamente a partir del siglo XIX.

Con motivo del artículo sobre la calle del Desengaño contamos una de esas anécdotas de caballeros y espectros del Madrid antiguo, una de duelo por amor entre el célebre Caballero de Gracia y el príncipe Vespasiano de Gonzaga por una dama, que está -según la leyenda- en el origen de la calle Desengaño. Pues bien, de la dama en cuestión era también tutor don Diego Gómez de Henao.

Obra del artista El Tono y Nuria Mora | L.C.

En nuestra pequeña calle de hoy hizo de las suyas la famosa Partida de la Porra, grupo de partidarios violentos del rey Amadeo I, que se dedicó, a partir de 1870, a destrozar las sedes de los periódicos conservadores (moderados, carlistas o alfonsinos) al canto del Trágala. Allí estuvo la sede de un libelo carlista, a la salida del cual apalearon a Azcárraga, un joven periodista que, a decir de algunos, ni siquiera era carlista y acabó muriendo como consecuencia de los golpes.

La calle hoy es un paso, una manzana atravesada tranquila (los negocios cerrados contribuyen, claro) con la torre de la parroquia de San Martín en el horizonte. Curiosamente esta torre, muy encajonada entre edificios, se puede apreciar mejor desde esta perspectiva que desde la explanada de la plaza de la Luna, donde está la fachada principal.

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