primer periódico hiperlocal en España | año VII | 11 de diciembre de 2016
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Calle de San Hermenegildo: arte, crímenes y corralas

San Hermenigildo | L.C.

Cruzando de San Bernardo a Amaniel, en los confines del barrio, encontramos la calle de San Hermenegildo. El nombre resonará con tonillo de retaila en la cabeza de quienes estudiaron en la escuela la lista de los reyes godos. Hermenigildo, luego canonizado a instancias de Felipe II y declarado patrón de los conversos, fue príncipe visigodo, hijo de Leovigildo y hermano de Recaredo. Se convirtió del arrianismo al cristianismo, lo que sirvió de excusa para una guerra con su padre por la que acabó ejecutado en Sevilla.

En fin, se supone que en una casa de la calle hubo antiguamente una casa con una estampa suya y de ahí vendría el nombre de la vía. No hay que confundir la actual con otra calle de San Hermenigildo que existió y que se corresponde con la actual de San Marcos, donde estuvo el antiguo Hospital de San Andrés de los Flamencos, que albergaba El martirio de San Andrés de Rubens, que aún se puede contemplar en la Fundación Carlos de Amberes -continuación de aquella institución – en la calle Claudio Coello.

Boa Mistura ha dejado su huella en la calle | L.C.

En la esquina con la calle de San Bernardo estuvo la puerta de Fuencarral, llamada antes de Santo Domingo porque daba acceso al arrabal así nombrado a través del camino que formaba la calle Ancha de San Bernardo. Aquí acababa Madrid por el norte y por aquí termina el barrio, dando paso a otro de calles más amplias.

Recuerdo de ese Madrid abigarrado y contenido por muros, en la calle caben, junto a modernos edificios y el caserío más habitual del barrio, corralas como el pueblecito interior que un día nos descubriera Carlos Osorio en Caminado por Madrid.

En la corrala centenaria del número 10 se vivió hace una veintena de años una trágica explosión que se llevó por delante parte del edificio y la vida de un hombre. La explosión desajustó las vigas de madera de la corrala interior, causando importantes derrumbes en las dos plantas superiores. Algunos vecinos quedaron atrapados por los escombros y tuvieron que ser rescatados por los bomberos. La trágica anécdota de la corrala de 1891 nos recuerda a un tiempo cercano en el que los camiones de reparto de butano eran muy frecuentes y -por desgracia- las deflagraciones por gas butano también.

No ha sido este el único suceso en la calle que ha conmovido a la opinión pública capitalina. Ésta nombra uno de esos crímenes decimonónicos que tanto gustaban en mentideros: el Parricidio de la calle San Hermenegildo, cuyo sumario nos da idea del paisaje de la vía hacia 1883:

“Se encuentra situada esta calle casi al final de la llamada Ancha de San Bernardo, a la que desemboca; y el núm. 15 , donde se cometió el crimen, se halla en medio de la calle, que sólo contiene casas estrechas, de pobre aspecto y de uno ó dos pisos. El núm. 45 es de construcción moderna y se destaca en aquel conjunto de casas sucias y desiguales. Tiene cuatro pisos y boardillas, para llegar á los cuales hay que subir ochenta escalones , distribuidos en ocho tramos iguales”.

En tiempos, el local más conocido de la calle fue una fábrica y almacén de ácido sulfúrico que los papeles describen abarrotado de matraces. Hoy los locales cerrados se alternan con tabernas, locales de copas, clínicas, una productora de vídeo y el más curioso de todos: uno que luce el lema “fábrica de pepinos”. Tan extraño rótuloes el que adorna la sede de Boa Mistura, un colectivo de artistas que lo mismo trabaja sobre los muros de la calle (de ésta sin ir más lejos), que decora los exteriores de la extinta librería Fuentetaja, o la carpeta de un disco del grupo Pereza.

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