primer periódico hiperlocal en España | año VII | 7 de diciembre de 2016
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Carlos Martínez, poeta de barra de bar y bohemio de libro

Carlos Martínez, en La Paralela, un bar de Malasaña | Foto: Somos Malasaña

Carlos Martínez, en La Paralela, un bar de Malasaña | Foto: Somos Malasaña

Carlos Martínez es poeta de barra de bar y un bohemio de libro. Desde hace unas semanas, malasañero de pensión barata con desayuno incluido, pero de Carabanchel de toda la vida. Expendedor ambulante de versos, tiene dos volúmenes editados y otro ya en imprenta. “¿Te gusta leer?”. Con esa frase liga lectores en los bares a 10 euros el ejemplar y ¡que viva el rock!, que junto a escribir y a leer es lo que le hace feliz. “La piedra se talla con un cincel. La vida se talla con el tiempo”, dice en uno de sus poemas y al mirarlo a los ojos uno sabe que tiene razón.

Martínez fue guitarrista de un grupo de música regional – Cenizas – y, profesionalmente, comercial de los que viajan por toda España, conductor, cartero y camarero. La vena literaria le surgió desde bien pequeño pero hasta que dejó de trabajar en otros oficios, hace ya seis años, no comenzó a escribir en serio poesía, siempre poesía. Dos años después de darse a los versos publicó su primer libro, ‘Cosas Mías’, con Edición Personal. Enseguida llegaría el segundo, ‘Todo es todo’. Con sus criaturas en la mano, como sucede tantas veces, se topó con el problema de la distribución y decidió salir a la calle a defenderlas. Esa decisión lo llevó irremediablemente a los bares, “lugares donde la gente es muy receptiva y comenzar una conversación es más o menos sencillo”, cuenta. Obviamente, a lo largo del día Carlos se encuentra con muchos noes y reconoce que, a veces, lo de vendedor ambulante se hace “duro”, pero tiene callo y dice vender entre 60 y 70 libros al mes tomándoselo con calma. “Mi editorial me ha dicho que en los cuatro años que llevo vendiendo mis libros ya he colocado algo más de 8.000 ejemplares. Les hago pequeños pedidos, normalmente para cubrir el mes, y vuelvo cuando se me acaban”.

Aunque había pasado ocasionalmente por los bares de Malasaña vendiendo sus libros, es en estos días en los que se trabaja más el barrio. “Hace un par de semanas que me he venido a vivir aquí y me encanta la zona. Años atrás mis zonas principales de venta eran Sol, Huertas y Lavapiés, pero en este barrio estoy encantado y espero que sea mi hogar durante una larga temporada”. Lo de la venta se lo toma Carlos con calma: no tiene prisa, recorre al día los bares que le da tiempo a recorrer, se para a charlar con camareros y parroquianos, saca al dos por tres el cuaderno que llena ya con los versos que reunirá en su día en un cuarto poemario y se sienta a escribir en cualquier rincón. Si un día le compran pronto los ejemplares que considera necesarios para cumplir con su media mensual, acaba antes su jornada. “Vivo de una pequeña pensión que me quedó tras mis años de trabajo y aunque la venta de libros es un buen complemento a esa paga es, principalmente, un modo de vida que me permite conocer a mucha gente interesante”.

Las cosas cotidianas de la vida son los temas principales que inspiran sus poemas, en los que no falta ni el amor ni la filosofía, “pero entendida como algo omnipresente en la vida, al estilo antiguo, no como una asignatura, que es con suerte en lo que ha quedado en la actualidad”, matiza. Dentro de unos días, en diciembre, Carlos incorporará otro título a su familia literaria: “Mi tercer libro está en la imprenta. Se llama ‘Cartas a Sasa’ y es prosa poética a un amor imaginario. Espero que guste, como los otros, porque a la gente le gusta lo que escribo, aunque si no gustara seguiría escribiendo igual”.

CONTIGO AL FIN DEL MUNDO

Contigo al fin del mundo,
encontré entre tus huesos
un remanso de tranquilidad
abrí los ojos y vi hadas,
no sabía ni qué hacer,
sólo sabía que estábamos tú
y yo
y la felicidad nada más

Contigo olvidé el mundo,
me perdí entre laberintos
de pasiones ya olvidadas,
y sentí vida.

Los pelos se me erizaron,
el corazón me dio un vuelco
y el tortuoso camino quedó en el olvido.

Sí, sentí vida
y olvidé el mundo.

    (CARLOS MARTÍNEZ)

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