primer periódico hiperlocal en España | año VII | 10 de diciembre de 2016
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Chincheta: “Iniciativas como ¡Pinta Malasaña! pueden ayudar a que la gente deje de criminalizar el arte urbano”

Chincheta, al comienzo de su obra en la calle Velarde | BANDIZ STUDIO

Chincheta, al comienzo de su obra en la calle Velarde | BANDIZ STUDIO

 

A veces, la mejor manera de ganar un premio es no competir por él en ningún momento. Es lo que le sucedió a Chincheta durante ¡Pinta Malasaña! 2016: el jurado decidió que su obra era la más destacada del concurso, mientras ella desconocía que había tres galardones en juego durante el certamen. Nos lo confiesa en una entrevista en la que nos explica su postura sobre el graffiti y se moja a la hora de opinar sobre la polémica posterior que generó el evento en el barrio y en el mundo del arte urbano.

Somos Malasaña: ¿Qué te pareció ¡Pinta Malasaña!? ¿Por qué te animaste a participar?

Chincheta: Me pareció una gran iniciativa. Malasaña es el barrio de Madrid que más me gusta desde hace más de quince años así que poder pintar en esa zona, dedicándole tiempo a tu obra, teniendo total libertad para plasmar lo que quieras y sin jugarte miles de euros, se agradece. Por desgracia, en esta ciudad, las iniciativas de este tipo escasean.

¿Esperabas una respuesta tan importante del público?

La verdad es que no esperaba esta respuesta. No he visto tanta gente en Malasaña ni en sus mejores épocas. Siempre esperas que haya algo de público pero en absoluto esperaba que fuera a haber tantísimo. De hecho, hubo momentos en los que sentí un cierto agobio. Aun así, la gente fue muy respetuosa conmigo.

Quizá me sorprendió esa afluencia tan masiva porque el arte urbano no siempre está bien visto. Y sorprende, sobre todo, cuando has vivido insultos (incluso amenazas) por poner, por ejemplo, carteles con obras similares a la que plasmé en Pinta Malasaña en lugares en los que no molestas a nadie (edificios abandonados, alturas, vallas de obra). Resulta paradójico pensar que algunas de las personas que me hicieron fotos mientras pintaba quizá me habrían insultado o habrían llamado a la policía si estuviese haciendo exactamente lo mismo sin el respaldo de un evento como éste. Pero mi sensación es buena porque creo que, con suerte, estas iniciativas pueden ayudar a que la gente deje de criminalizar el arte urbano. Que algo lleve la etiqueta de ‘legal’ no lo hace más bonito por arte de magia aunque sí es cierto que tener el respaldo de la comunidad a la hora de pintar puede permitirte que le dediques más tiempo a tu obra y que el resultado sea más elaborado.

Llevabas mucho tiempo sin coger los sprays, ¿por qué y qué sensaciones tuviste al volver a hacerlo?

Llevaba casi seis años sin pintar con spray por varios motivos, entre ellos, por falta de tiempo. Lo echaba mucho de menos y tenía unas ganas enormes de retomarlo. Si te gusta pintar, pintar se convierte en una necesidad y saciar esa necesidad te reporta una gran satisfacción.

La obra ganadora del premio ¡Pinta Malasaña! 2016

La obra ganadora del premio ¡Pinta Malasaña! 2016

Háblanos de lo que intentaste transmitir con tu obra.

El proyecto que presenté a la organización estaba pensado para ser realizado en un escaparate. Debido a que muchos artistas habían solicitado ese tipo de superficie y el número de escaparates era muy reducido, me fue asignado un cierre.

El problema fundamental es que el cierre que me fue asignado (un cierre liso) ya había sido pintado por otro escritor de graffiti y para realizar mi intervención tenía que pisarlo. Llevo quince años pintando graffiti y haciendo Street art y desde el principio me atrajeron los principios y la filosofía en los que estas disciplinas se basan. Desde mi punto de vista, el más importante de todos esos principios es el respeto a la obra de otros escritores. Ése fue el motivo por el que le transmití a la organización de Pinta Malasaña mi negativa a utilizar esa superficie así como la razón por la que tomaba esa decisión. La respuesta fue positiva y me asignaron un cierre donde no tenía que pisar a nadie. No obstante, el cierre era curvo y la idea original que quería plasmar, llena de pequeños detalles, tuvo que ser reformulada. Finalmente opté por algo más sencillo, uno de mis muñecos con forma de mujer, que tratase de transmitir una mezcla de expectación y alegría a través de su colorido y de su estilo.

¿Pensaste en algún momento que tu trabajo podría ganar el primer premio?

Puede resultar sorprendente pero ni siquiera sabía que había premio. Leí que había otra iniciativa paralela patrocinada por una marca donde sí se entregaban premios en metálico pero desconocía que en ésta también los hubiera. Cuando tuve conocimiento de que había ganado me quedé muy sorprendida, supongo que porque había algunas obras que me gustaban mucho y porque, como suele decirse, uno es su peor juez.

¿Pudiste dar una vuelta por el evento? ¿Qué obras te llamaron la atención?

Aunque me perdí unas cuantas, me gustaron particularmente las obras de Dres, Meone, Sonek y DMS, Argeo, Latontaelbote y Lidia Lobato.

La asociación de comerciantes Vive Malasaña, ajena a la organización de ¡Pinta Malasaña! pero que cedió muchos de sus cierres al evento, ha interpuesto más de un centenar de denuncias contra las personas que pisaron los cierres en los días posteriores al evento. ¿Qué opinas de las pisadas, de su rapidez y extensión y de la solución policial propuesta por el comercio?

Hay que tener en cuenta que las personas que han pintado en Pinta Malasaña lo han hecho, en su inmensísima mayoría, pintando en superficies en las ya habían pintado otras personas previamente, invirtiendo su dinero y arriesgándose a ser multados. Algunas de esas superficies habían sido pintadas hace años con piezas o throw ups realizados por escritores respetados dentro del graffiti.

Pintar de manera legal, como ha permitido hacer Pinta Malasaña, te ampara jurídicamente pero no te ampara a nivel moral; al menos no desde los principios en los que se basa el graffiti y no para muchas de las personas para las que éstos son importantes y que son, justamente, las que utilizan esas calles de manera cotidiana para pintar, aunque lo hagan sobre la propiedad de otros.

Es por eso por lo que las personas que han pisado no han sido necesariamente personas a las que se les habían tapado sus obras en Pinta Malasaña. En ocasiones, este tipo de acciones también representa una reivindicación impersonal contra la transgresión de unos valores, de un orden y de una filosofía. En este caso, de la filosofía del graffiti. Por eso no debería hablarse de graffiti ilegal ni de graffiti legal, fundamentalmente porque si es legal no es graffiti. El graffiti es una vía de expresión consustancial a la cultura. Es una forma de reivindicación del espacio urbano como espacio propio que lleva existiendo muchísimos años. Y es algo que va a existir, se intente evitar o no. Ni la imposición de multas absolutamente desorbitadas ni la represión policial van a conseguir que desaparezca y, desde luego, tampoco van a ayudar a que a la gente le guste más el resultado. Cuánto más riesgo se corra pintando, más rápido se pintará. Pero incluso aunque exista una cierta permisividad y ello permita que surjan cosas más elaboradas, hay que tener en cuenta que el graffiti, sucio, rápido, siempre va a existir. Porque ésa es una vertiente clave del graffiti, le guste a la gente o no. Pero, eso sí, una mayor permisividad generará más variedad y se podrán ver cosas más atractivas para el público general.

Aun así creo que algunas de las personas que han realizado esta reivindicación contra Pinta Malasaña se han excedido. Desde mi punto de vista, una cosa es realizar una reivindicación contra las obras pintadas en el evento en las que se había pisado a escritores (‘recuperar’ una superficie) y otra distinta es que esa reivindicación sirva para ‘colonizar’ superficies que habían sido pintadas por personas que nada tenían que ver con él, como ha ocurrido. También está el tema de pintar fachadas protegidas que es algo que repruebo a nivel personal. Creo que, como en toda filosofía, en el graffiti también hay zonas grises donde el protagonista debe ser la ética de cada uno. Y, desgraciadamente, parece que esa reacción desmedida puede haber roto una dialéctica muy positiva en la que se estaba trabajando y que estaba consiguiendo que, con suerte, la gente viera el arte urbano con mejores ojos. Aun así, ese exceso viene de unos pocos y creo que no sería justo que perjudicase al resto.

Chincheta trabajando en su obra | PATRICIA TARO

Al igual que muchos dueños de comercios de Malasaña están enormemente enojados con los tags, hay un grupo de comerciantes abiertos al diálogo y a encontrar espacios de entendimiento con el arte de la calle. ¿Crees que es posible llegar a algún tipo de consenso? ¿Por dónde se debería enfocar?

Debe partirse de que el graffiti es esencialmente ilegal y de que una de las cosas que te permite esa ilegalidad es plasmar lo que quieras sin tener que ceñirte a una directriz impuesta por otro. Creo que estos son puntos importantes a tener en cuenta: entender los principios en los que esto se basa y, sobre ellos, abrir vías de diálogo como se ha hecho en muchas otras partes del mundo.

Por eso, partiendo de esa base, creo el diálogo se debería enfocar hacia una reducción de las sanciones y hacia una menor criminalización social del mismo. En el año 2010, el Ayuntamiento de Madrid modificó su normativa y las sanciones por pintar pasaron de 600 euros a los 3.000 euros por pintada y 6.000 euros en caso de reincidencia. Resulta paradójico pensar que una persona que conduzca sin carnet (poniendo potencialmente en peligro la vida de otros) va a ser multado con 500 euros mientras que por pintar una pared – que puede fácilmente repintarse – estamos hablando de esas cantidades. Y éste es un ejemplo entre tantos. Cuando a una persona se le impone una sanción de estas características por algo como hacer un dibujo en una pared o poner una firma creo que lo que se está creando es un enemigo. Y aquí, los comerciantes y las comunidades de vecinos pueden jugar un papel conciliador fundamental. Por ejemplo, permitiendo que la sanción quede sin efecto si se repone el bien a su estado original o buscando alguna vía alternativa a estas sanciones desmesuradas. Eso y la reducción de las sanciones son medidas positivas que creo que mejorarían la situación.

¿Por qué crees que las firmas sobre persianas se ceban especialmente en barrios como Malasaña, donde toman persianas, puertas y todo tipo de mobiliario urbano y no ocurre lo mismo en distritos ricos de la ciudad como Salamanca o las zonas de viviendas de Chamartín, por ejemplo?

Creo que eso no es del todo cierto. Conozco a bastantes personas que han pintado graffiti en distritos ricos como el barrio de Salamanca. Aun así, desde mi punto de vista, hay varios condicionantes para que en esas zonas haya menos graffiti: por un lado, esos barrios dan menos visibilidad a los escritores por lo que inercialmente se pinta menos; y por otro, en esos distritos hay más presencia policial, más medidas de seguridad y el Ayuntamiento invierte más dinero en blanquear las fachadas.

 

El dúo Llomesh trabajando en uno de los cierres que fue después pisado | BANDIZ STUDIO

El dúo Llomesh trabajando en uno de los cierres que fue después pisado | BANDIZ

No hay que olvidar que esos distritos dan más dinero y por eso el Ayuntamiento se centra en ellos. Por ejemplo, en esos barrios hay bancos en la calle y en el resto no. En esos barrios se limpian las aceras y los contenedores con más regularidad y en el resto no. Es una cuestión de imagen. El Ayuntamiento quiere que las personas que acuden a comprar allí o que viven allí tengan una serie de comodidades que las permitan seguir comprando o viviendo allí. Así que en esos barrios el graffiti existe (aunque en menor medida) pero se oculta más porque a ese público no le interesa, mientras que en otras zonas se fomenta el arte urbano legal porque a ese público sí le interesa.

O el arte urbano gusta o no gusta, pero sancionar brutalmente a una persona por pintar en la calle y luego pagarla para que haga algo similar porque va a enriquecer culturalmente un barrio me parece que esconde una doble moral.

¿Crees que certámenes como este quita el trabajo a los profesionales del arte urbano?

Creo que hay espacio para todos. Además, algunas de las personas que participaron en el evento eran ‘profesionales del arte urbano’, es decir, personas que hacen ese tipo de trabajos y cobran por ello. Y por lo que he leído, el 90% de los comerciantes que participaron no habían pagado para que decorasen su cierre ni tenían intención de hacerlo, el 7% había contratado a profesionales para decorarlo pero después de ser pisado dejaron de hacerlo y el 3% restante tenía cierres limpios. Por lo que he visto durante estos años, creo que el graffiti tiende a no respetar los cierres legales salvo cuando han sido pintados por graffiteros respetados, por lo que los cierres legales se tienden a pisar y luego se pueden volver a repintar o no. Este tipo de eventos no altera esa dinámica, para bien o para mal, por lo que esa acusación de que quitan trabajo a los profesionales del arte urbano, desde mi punto de vista, no tiene sentido.

¿Debería celebrarse otro ¡Pinta Malasaña! en 2017? ¿De la misma manera o con otro formato?

Pinta Malasaña me parece una gran iniciativa y creo que, si se corrige el tema de las superficies, podría celebrarse sin generar los conflictos que ha generado.

Existen otras superficies que no generan tantos conflictos como son los escaparates, los interiores, las alturas, los cierres limpios, los paneles colocados por el evento o los laterales de edificios de muchos metros de alto (como los empleados legalmente en Vallecas en febrero de 2015, por ejemplo). De hecho, en este evento se ofrecía también la posibilidad de pintar en escaparates pero su número era muy reducido. Adaptarse al medio en el que uno se mueve (la calle, en este caso) y respetar sus reglas es importante. Por eso creo que pintar legalmente sobre estas otras superficies permite que ambos razonamientos convivan: el graffiti seguirá existiendo, ocupando superficies accesibles para los escritores, y el arte urbano legal convivirá con él ocupando superficies inaccesibles para el graffiti. Creo que eso permitiría lograr un equilibrio.

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Luces de Navidad 2016 – 2017 en Madrid: calles y diseñadores

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