primer periódico hiperlocal en España | año VII | 1 de octubre de 2016
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David Barreiro nos presenta a su ‘antihéroe urbano’ Federico Narváez

David Barreiro | Fotografía: Olaya Pazos

Vuelve David Barreiro -vecino de Malasaña y escritor- al género negro con su tercera novela. Mediocre (2009), Barriga (2010) y, ahora, Perros de presa (Gadir Editorial), obra que ha obtenido el Premio Joven de Narrativa de la Universidad Complutense y que será presentada en Madrid de forma oficial el próximo día 25, dentro del festival Getafe Negro que dirige Lorenzo Silva, el recientísimo Premio Planeta 2012.

De nuevo, un asesinato y una trama por descubrir. ¿Eres definitivamente un escritor de novela negra?
– Para mí el género no es relevante, ni como escritor ni como lector. Me gustan las buenas novelas, sean del género que sean, y trato de escribir buenas novelas. El género depende de la historia que quiera contar, es una consecuencia, no algo premeditado.

En cualquier caso, el género negro está en plena forma, hasta el Planeta acaba de ganar, con Lorenzo Silva… ¿A qué crees que se debe que esté tan de moda?
-Desde sus inicios, desde Chandler o Hammet, la novela negra ha tratado de sacar a la luz partes oscuras de la sociedad. Desde ese punto de vista, no cabe duda de que la actualidad nos da muchos temas para tratar con este género. Los tiempos convulsos que nos han tocado vivir son díficiles de comprender y la novela negra creo que es una vía para tratar de entender lo que sucede a nuestro alrededor.

-De entrada, la vida de un anodino vigilante nocturno de seguridad que trabaja en un desangelado centro comercial no parece que pudiera dar mucho juego creativo. ¿Cómo se te ocurre convertir en protagonista de tu novela a alguien así y armar en torno a él y a sus circunstancias una entretenida trama?
-Pues surge una tarde de noviembre que voy a un centro comercial de una ciudad dormitorio a las afueras de Madrid a comprar una cámara de vídeo. Era un lunes y no había casi nadie en los pasillos, en las tiendas, en las terrazas que rodeaban el recinto. Era un lugar desolador, pero al mismo tiempo me transmitió cierta energía, esa mecha que se enciende y, tras unos minutos, piensas: aquí hay una historia o debería haberla. A partir de ahí, me pregunté cómo pasaría las noches a solas el vigilante de seguridad y así surgió el personaje de Fede, el protagonista.

-‘Fede’ es Federico Narváez, un perdedor de manual y un tipo de personaje recurrente en tus creaciones. ¿Qué es lo que te atrae de los perdedores?
-Es que en la vida se gana algunas veces, pero la mayoría de ellas se pierde. Creo que los perdedores, sin llegar al extremo, son personajes más reales y el lector se identifica más con ellos. En Perros de presa, hasta Cepeda, un exitoso ejecutivo, es un perdedor, aunque no lo sea en el ámbito profesional.

-Como en Mediocre, es interesante ver que tú mismo vuelves a convertirte en uno de los personajes de tu libro, un periodista que resulta ser algo así como el ayundante-escudero de Fede …
-Mientras escribía la novela me di cuenta de que Fede sería incapaz de descubrir nada a solas. Necesitaba una ayuda y entonces recordé que, hace ya tres años, había dejado en Madrid a David Barreiro, el protagonista de Mediocre (que no soy yo, aunque nos parecemos bastante más allá del nombre que compartimos) y decidí recuperarlo. Claro que yo no sabía que en este tiempo, David Barreiro había cambiado tanto. Un cambio muy perjudicial para él, pero muy beneficioso para la investigación que Fede y él mismo emprenden.

-La novela ya la paseaste en julio por la Semana Negra de Gijón, importantísima cita a la que pareces estar abonado, y ganó el premio Joven de Narrativa de la Complutense. ¿Cómo ayudan los premios a un libro?
-El premio es importante, sobre todo, porque ves que tu trabajo ha sido reconocido por profesionales del oficio. En este caso, escritores, editores y catedráticos de universidad. Eso siempre es de agradecer.

-De Perros de presa tendríamos que destacar…
-Destacaría que, aunque el género es novela negra, en ella hay sobre todo crítica social, con temas que a todos nos preocupan como la corrupción, los desmanes de la construcción o la falta de expectativas de los jóvenes. En cuanto al tono, el humor está muy presente a lo largo de toda la narración.

Como de costumbre, este tiempo de presentación y promoción de un libro pilla a David Barreiro trabajando en nuevas obras e, incluso, con alguna ya finalizada. Proyectos de los que no suelta prenda por más que se le intente sonsacar. Conociendo su ritmo de trabajo, es muy probable pensar que dentro de un año estaremos entrevistándole a cerca de su cuarta novela. ¿Negra? Quién sabe. ¿Con muerto de por medio? A lo mejor. En cualquier caso, ¿una buena novela? Con sus antecedentes, es algo más que posible.

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