primer periódico hiperlocal en España | año VII | 9 de diciembre de 2016
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De Tánger a Malasaña

tanger

Peluquería Tánger, en la calle de las Minas

Cuando hace 42 años Mohammed El Amrani llegó al barrio la inmigración proveniente del extranjero no existía como fenómeno en Madrid. De hecho, él sólo pensaba hacer escala en casa de un amigo que trabajaba en la calle Hortaleza. Su destino era Bélgica.

Sin embargo, recién llegado y en una hora escasa, mientras esperaba que su amigo acabara su jornada laboral, encontró trabajo casi sin buscarlo y decidió quedarse. Hoy tiene 62 años y regenta una de las pocas peluquerías de caballeros -de las de toda la vida- que quedan en la zona: la peluquería Tánger de la calle de las Minas.

“Nunca tuve problemas”

Mientras hablamos con Mohammed en su local el número de personas que lo saludan a través del cristal del escaparate no cesa. “Nunca jamás he tenido ningún problema de integración y los vecinos me han acogido como a uno más”, cuenta.

Entrada de la peluquería

Entrada de la peluquería

“Nada más llegar tuve muchos amigos, salíamos por ahí por las noches, íbamos a jugar y a ver jugar fútbol”. Mohammed se remonta al mes de agosto del año 1966 al hablar de sus inicios en Malasaña. Me llamaban ‘el morito'”.

“Entonces en el barrio había un grupo como de 10 o 12 marroquíes de Tánger y de Tetuán que estudiaban español en la universidad y ya está. En todo Madrid, los pocos ciudadanos de Marruecos que vivían eran ya mayores. Habían llegado a España como soldados de Franco y que acabaron vendiendo en el Rastro aparatos de electrónica y relojes en su mayoría”.

Él había aprendido el oficio de peluquero en su país y antes de instalarse por su cuenta pasó 11 años trabajando en una peluquería de la calle de Colón que aún permanece abierta. No le fue fácil conseguir ‘papeles’ y un contrato, pero trabajo jamás le faltó.

A lo largo de sus años en estas calles ha vivido en diferentes pensiones de las calles Pozas, Pez, Ballesta y Hernán Cortés. “Eran casas particulares de huéspedes”, recuerda. Ahora vive en su propio piso en la calle del Pez, con su mujer y sus cuatro hijos. Todos en su casa tienen nacionalidad española y dice que cuando se jubile aquí se quedará. “¿Dónde está mi casa? Yo me quedo aquí”.

Aquel barrio triste pero muy humano

Como el resto de vecinos que llevan tiempo habitando en Malasaña, Mohammed habla de que “ahora cada uno va a lo suyo mientras antes todo el mundo se conocía” y también comenta los duros años que se vivieron en torno a los años 80 cuando el barrio fue tomado por las drogas. “Ni una sola tienda se libró de ser asaltada al menos dos o tres veces y las calles estaban llenos de jóvenes medio muertos”

Habla de un barrio “triste, en el que calles y casas tenían muy mala pinta y había muchos más comercios cerrados que ahora”. “Nos está costando salir, pero poco a poco vamos mejorando y eso a pesar de que no ha habido muchas ayudas públicas para rehabilitar la zona y siempre se nos ha dejado para lo último”. “Ahora están rehabilitando muchas calles, cuando lo tenían que haber hecho hace mucho. También la calle Fuencarral estaba muerta antes de que el Ayuntamiento apostara por su resurgir”

Especulación y crisis

Mohammed y su negocio son unos supervivientes, aunque no se queja. “Hace como tres años viví una crisis enorme e, incluso, puse en venta la peluquería. Mis clientes de toda la vida, que eran ya mayores, vendieron sus pisos aprovechando los altos precios que se pagaban y se fueron del barrio y el negocio se resintió”.

Afortunadamente para él, los recién llegados al barrio pronto supieron apreciar su experiencia y la peluquería Tánger ha remontado. “Hay muchas peluquerías nuevas y modernas, pero pocos que sepan rematar bien con tijeras o a navaja un corte. La gente que sabe mantener su pelo sabe apreciar mi trabajo. También vienen a que les afeite, que es un verdadero placer. Aquí no hay prisas, el cliente que se vaya bien servido”, indica.

De melenas, famosos y tupés

Mohammed tiene una conversación interesante y fluida. “Las muchas peluquerías de caballeros que había empezaron a decaer cuando se empezaron a llevar las melenas”, apunta. “Aún así, independientemente de las modas, el trabajo ha de ser bueno para perdurar. Yo me he sabido adaptar a los pelos Beatle, los tupés de Elvis o los cortes a cepillo. También a otras modas menos exitosas como los cortes a tazón o las permanentes”.

Tras una hora de conversación abandonamos al sr. El Amrani mientras deja caer algunos nombres de famosos que han pasado por sus manos: “Esta es zona de teatros y también había un estudio de televisión en la calle Pizarro”.

Nos marchamos con la sensación de que nuestra charla debería continuar un día de éstos, con él de pie y nosotros sentados en uno de los típicos sillones rojos de su local, dándole la espalda y dejando que sus manos actúen mientras nos cuenta, por ejemplo, la historia de los muchos cubanos que llegaban al barrio en los años 70 como paso previo a su salto hacia Estados Unidos.

A Mohammed El Amrani no le gusta salir en las fotografías, aunque quien pase por la calle de las Minas podrá verlo enmarcado a través del cristal de su establecimiento.

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