primer periódico hiperlocal en España | año VII | 2 de diciembre de 2016
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Denuncian una agresión policial en Malasaña

José C. muestra la denuncia presentada. Aún son bien visibles las secuelas de los golpes que recibió, presuntamente, de la Policía | Foto: A.P

El sábado 5 de marzo José C. R. y Adolfo I. C. pusieron una denuncia en los juzgados de Plaza de Castilla contra dos policías municipales por abuso de autoridad, amenazas, ensañamiento, vejaciones, maltrato, lesiones… El primero de ellos, con un aparatoso hematoma en un ojo y ambas muñecas escayoladas, nos cuenta su versión de los hechos que han dado pie a la citada denuncia.

“Todo sucedió en torno a las 23:30 horas de la noche del 26 de febrero, cuando Adolfo y yo esperábamos en la esquina de las calles San Vicente y Acuerdo a las dos amigas con las que habíamos pasado la tarde comiendo y tomando algo por los bares de la zona. Estábamos junto a un parquímetro. De repente, un coche patrulla se detuvo frente a nosotros y dos agentes nos preguntaron de mala manera que si no sabíamos que los parquímetros no funcionaban de noche. Les dijimos que no estábamos haciendo nada.

Los policías salieron del coche y nos pidieron la documentación a los cuatro, puesto que las amigas a las que aguardábamos ya nos habían dado alcance.

Nosotros reaccionamos con naturalidad y les mostramos los carnets. Sin embargo, uno de los policías me arrancó el documento de las manos y, al tiempo que me decía ‘¿No serás tú uno de esos gilipollas que piensan que tienen derecho a no entregar el DNI?’, me empujó haciéndome caer al suelo. Yo me levanté, nervioso, y le dije que eso no eran maneras de tratarme, a lo que el agente respondió preguntando si me iba a poner chulito y volviéndome a tirar al suelo, esta vez con más violencia”.

Además de las policontusiones, a José le han tenido que escayolar las dos muñecas | Foto: A.P.

Cuenta José que fue en ese momento cuando su amigo le dijo al compañero del supuesto policía agresor que esa actitud no era lógica y que era, incluso, denunciable, pidiéndole seguidamente el número de placa de ambos agentes. “Lo que te voy a dar a ti son dos hostias“, cuenta José que recibió por respuesta Adolfo justo antes de que también a él lo arrojaran al suelo y le pisaran con las botas la cabeza. Mientras, José recibía patadas en el suelo y sus amigas, que intentaron mediar en la situación, empujones.

Según los denunciantes, a los 5 ó 10 minutos, llegaron más policías, los esposaron y los introdujeron en dos coches patrulla distintos. José dice que, aún maniatado, el agente que se había “cebado” con él seguía pegándole. “Me metieron en el coche por una puerta y yo intenté salir por la otra. No quería escapar, sólo evitar que siguiera pegándome”. A sus amigas, que no fueron detenidas, las registraron en profundidad en plena calle, haciendo incluso que se bajaran los pantalones, indica.

Antes de ser conducidos a la comisaría de Leganitos, donde pasarían la noche, Adolfo y José fueron llevados a que los examinara un médico forense el cual, siempre según los denunciantes, no les hizo revisión alguna. Una vez en comisaría, José dice que prosiguieron los insultos y las amenazas por parte del mismo agente que había iniciado el altercado. “A ti me gustaría encontrarte fuera, yo vestido de paisano”, le habría espetado el agente. José reconoce que fue en Leganitos, estando esposados, la primera vez que se pusieron un poco chulos hablando.

No fue hasta las 8 de la mañana cuando el abogado de oficio que se les había asignado les informó de que estaban demandados por atentado a la autoridad. A las 11 horas del domingo les soltaron y a las 17 horas los médicos de la Fundación Jiménez Díaz les estaban examinando. El parte de lesiones habló de policontusiones y posible fractura de las muñecas de José.

José, Adolfo y sus amigas no son ningunos niños, sus edades oscilan entre los 52 y los 27. Dicen carecer de antecentes y llevar toda la vida trabajando. No se explican por qué los agentes que presuntamente les agredieron actuaron de tal forma. “En la sociedad en la que vivimos está claro que es necesaria la existencia de la Policía. Lo que no es de recibo es la actitud prepotente de algunos de sus miembros. En un momento dado nos llamaron ‘hippies de mierda’ y nos dijeron que deberíamos estar muertos todos”.

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