primer periódico hiperlocal en España | año VII | 29 de septiembre de 2016
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El Parnasillo se despide de Malasaña

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El Parnasillo (foto: www.aplace2go.com)

El funesto verano de Malasaña, en cuanto a noticias de cierres de locales de ocio emblemáticos se refiere, parece no haber acabado aún y tras las despedidas de variopintos espacios como el café Comercial, el Groovie, el Chamizo o el bar Noviciado, este fin de semana se ha producido el adiós de otro clásico como era El Parnasillo (calle San Andrés, 33). Si bien es probable que el sitio físico vuelva a abrir como café, lo cierto es que ya no lo hará bajo la dirección de Nina y de Javier, dos personas fundamentales de la noche de Malasaña y que en su día estuvieron también al frente de propuestas ya desaparecidas como el restaurante Nina -introductor del ‘brunch’ neoyorquino en Madrid- y del aún añoradísimo Cafe del Foro.

Hubo una época en Malasaña en la que se produjo una fiebre por abrir cafés de estilo antiguo. La consecuencia fue la aparición a finales de los 70 y principios de los 80 de numerosos espacios con un aspecto mucho más antiguo y señorial del que por antigüedad realmente les correspondía. De ellos, quizá el de estilo más vocacionalmente modernista fue El Parnasillo. Como primos hermanos suyos que aún resisten podríamos citar al Café Manuela, el Estar Café, el Café Ruiz, el Ajenjo y hasta el Isadora.

Además del más modernista, podemos hablar de El Parnasillo como del más ‘rojo’ de ellos, al menos en sus inicios, años en los que se convirtió en refugio de jóvenes profesionales liberales de izquierdas, abogados especialmente. Tanto era así que el 14 de julio de 1979 la extrema derecha se fijó en su clientela para perpetrar un atentado con bomba que costó la vida a una joven de 28 años.

A lo largo de sus más de 36 años de existencia, El Parnasillo también se ha caracterizado por ser punto de encuentro de gentes de la cultura y, más concretamente, de las artes escénicas. Sin duda, estar ubicado delante del Teatro Maravillas ayudó a este hecho, pero también el aire bohemio que le imprimieron sus dueños.

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