primer periódico hiperlocal español | año VIII | 18 de agosto de 2017

El Patio Maravillas anuncia su muerte: adiós a 10 años de activismo vecinal

Se va un Centro Social de barrio, absolutamente identificado con Malasaña, al que hay que agradecer que durante una década estuviera pisando todos los charcos

Cartel de despedida del Patio Maravillas

Dice Google que en Somos Malasaña hemos escrito 755 veces sobre El Patio Maravillas. Conciertos, desalojos, okupaciones por Reyes, campañas, yoga, manifestaciones, aniversarios, politiqueos, 15M (cerrado por revolución), los coros, las fiestas… incluso le dedicamos uno de los pocos editoriales que este medio ha escrito a lo largo de sus ocho años de existencia: Dando la cara por el Patio Maravillas.

Éste es seguramente uno de los últimos textos que aparecerá en Somos Malasaña sobre El Patio, ya que esta misma mañana han lanzado al viento de las redes Para vivir, morimos, texto con el que se despiden (con puya al Ayuntamiento, incapaz de incorporar a su gestión la potencia de El Patio), y con el que también anuncian que morirán bailando, con una fiesta de décimo aniversario que está por concretarse, pero que sabemos tendrá lugar entre el 6 y el 8 de julio.

Con El Patio se va un centro metropolitano, que han sido hasta siete edificios (los de Acuerdo 8 y Pez 21 los más importantes) y un solar, el de Antonio Grilo. En este sentido, la red de colectivos de El Patio tiene ganada una página en el diario de campo de la política antagonista de la ciudad durante toda una década.

Un centro metropolitano cuyas conexiones con los movimientos sociales internacionales laten en esta carta de despedida (y para vivir…morimos, lo firmaba el EZLN); territorio para preparar –Juventud Sin Futuro mediante- el 15M, capaz de dejarse sorprender por el propio acontecimiento y de darle soporte físico después; motor económico para pagar multas y abogados de muchos activistas de Madrid; centro del debate sobre la ciudad como derecho; germen de eso que se ha llamado Municipalismo y Nueva Política, también.

Pero con el Patio se va también un Centro Social de barrio, absolutamente identificado con Malasaña y sus Maravillas. “Creemos haber aportado mucho a Malasaña, nuestro barrio, y sabemos que nos vamos con un tejido mucho más fuerte que el que había cuando llegamos”, dicen con acierto en el comunicado.

Un Centro Social de barrio central a la hora de revitalizar el tejido vecinal a través de sus fiestas autogestionadas y al que hay que agradecer que, durante una década, estuviera pisando todos los charcos de Malasaña.

Uno de los juegos de palabras más manidos es aquel que utiliza la máxima física la energía no se crea ni se destruye, sólo se transforma a cualquier asunto. La boutade tiende a romantizar la realidad y a acolchar el abismo por delante tras una despedida. Puede que sí, puede que no. Cabe la posibilidad de que las experiencias de apoyo mutuo concentradas durante todos estos años en El Patio sean semillas que germinen en muchos otras experiencias. De momento, la energía patiera anda presente en otros lugares. En Malasaña queda un hueco difícilmente sustituible -para qué nos vamos a engañar- si bien es cierto que durante estos años se ha hecho músculo en lo tocante a la autoorganización.

Ellas mencionan la mitosis como vía a la supervivencia de sus energías. Esperemos que en la división celular toque un poco a nivel metropolitano y caiga algo en el barrio de Malasaña. De momento, quedamos agradecidos por diez años de patio, quedamos expectantes ante un misterioso proyecto que dejan caer en la despedida, quedamos con ganas de bailar –como siempre- en la gran fiesta final, y nos quedamos con la última enseñanza patiera: si, en el barrio, nos quieren en soledad, nos tendrán en común.

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El Patio Maravillas anuncia su muerte: adiós a 10 años de activismo vecinal

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