primer periódico hiperlocal en España | año VII | 26 de septiembre de 2016
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El teatro se muere en la Gran Vía

Teatro Lope de Vega vacío | http://www.wonderlandgroup.es

Teatro Lope de Vega vacío | http://www.wonderlandgroup.es

Hubo un tiempo en el que la apertura de teatros en la Gran Vía servía de triste consuelo ante el ocaso de los cines en dicha calle. Hoy la situación del espectáculo y la cultura en el otrora Brodway madrileño se torna también calamitosa.

El Teatro Coliseum, gestionado por la Fundación SGAE, permanece cerrado desde que el pasado verano cayera el telón del musical Hoy no me puedo levantar. La misma Fundación es la propietaria del Lope de Vega, donde aún hoy se representa el exitoso musical El Rey León. Ambos fueron adquiridos en 2005. Según publicó el diario ABC, el pasado mes de septiembre la Junta Directiva de la SGAE rechazó una oferta por ambos teatros de la empresa Stage Entertainment, por una cantidad cercana a los 60 millones. Posteriormente, el 14 de octubre, la SGAE aprobó la venta de ambas salas por 58 millones, en una polémica decisión dentro de la entidad de gestión que fue acompañada de la airada dimisión de dos de los patronos de la Fundación.

Ambas adquisiciones, junto a otras como el teatro Calderón-Haagen Däzs, que también se encuentra cerrado, se produjeron durante la presidencia de Teddy Bautista, cuando se intentó crear una gran red de teatros en América y España. Hoy los conocidos problemas de la entidad de gestión y el desplome de los ingresos por derechos de autor mantienen las finanzas de la SGAE tambaleándose en el alambre y el futuro de dos clásicos de la Gran Vía en entredicho.

A estas dos salas tendríamos que sumar el incierto futuro del Palacio de la Música y la noticia, que adelantó este periódico, de que no habrá teatro en los antiguos cines Luna.

Cines Luna | Foto de archivo: Somos Malasaña

Cines Luna | Foto de archivo: Somos Malasaña

El Palacio de la Música fue vendido por el Ayuntamiento a la Fundación Caja Madrid, que se comprometió a reformarlo para convertirlo en auditorio. El devenir de Bankia, bien conocido por todos, se ha interpuesto en su recuperación, y en la actualidad el inmueble ha sido comprado por la firma Mango, que tiene un proyecto de reforma –que parece contar con el beneplácito del Ayuntamiento- que tiene en alerta al movimiento ciudadano que, desde hace muchos meses, pelea por la pervivencia del edificio como equipamiento cultural.

En cuanto a los antiguos cines Luna, el pasado mes de julio supimos que el productor Enrique Salaberría y la familia Larrañaga (En Vivo Producciones Teatrales SL) había desistido en su anunciado empeño de abrir en ellos dos salas de teatro para 900 espectadores. En teoría, la actividad a desarrollar en el edificio de los antiguos cines debía ser cultural , siendo de uso preferente el de cine o teatro. La idea inicial era que en el inmueble convivieran un gimnasio de lujo (actualmente en funcionamiento) y las salas de teatro. Sin embargo, alguien debió dar luz verde desde el Ayuntamiento para cambiar el uso del inmueble y el proyecto teatral se frustró en el último momento. Hoy en día, la empresa artífice del gimnasio y del restaurante en funcionamiento en los Luna planea ampliar la actividad comercial, y un interesante proyecto cultural que a punto estuvo de recalar en la trasera de la Gran Vía nacerá, finalmente, en el antiguo cine Luchana.

El panorama del gran teatro de la Gran Vía contrasta con el resurgir de las pequeñas salas de teatro en el interior del barrio. En Malasaña contamos con propuestas que tejen una buena cartelera del pequeño teatro independiente: Espacio Labruc, Sala Tú, o Microteatro por dinero, que vienen a unirse al pequeño clásico que es el Alfil y a la buena salud de los Lara y Maravillas.

Además de los citados teatros, quedan en la Gran Vía los teatros Príncipe, Gran Vía y Compac, que acompañan a los tres únicos cines que sobreviven: el Capitol, el Callao y el Palacio de la Prensa. La mayoría de las salas de espectaculos son alquiladas, lo que, unido al avance la desregulación de usos, hace muy complicado competir a la cultura con las grandes fimas del textil . Un triste panorama para una calle que resumía hasta hace pocos años la cartelera madrileña, y que hoy camina rauda a convertirse en calle comercial, catálogo de grandes marcas.

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