primer periódico hiperlocal en España | año VII | 8 de diciembre de 2016
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Exposición de Pablo Angulo

pabloanguloExposición de pintura del artista Pablo Angulo en la galería Espaciovalverde, calle Valverde, 30, patio.

Andrés Barba escribe lo siguiente sobre la obra de Angulo objeto de la muestra:

Tal vez la cosa que se oponga más radicalmente al abismo del destino y de la muerte sea la seducción. El cuerpo del otro, como un abismo superficial, la superficie de la carne que no esconde nada, y que, precisamente por ello, hace suponer y esperar todo, el horizonte abisal de la apariencia pura, pulida como un acantilado de mármol de la piel del otro dispuesta a ser encarnada por la caricia de nuestra mano, pero encarnada ya inexorablemente antes de que hayamos decidido o deseado tocarla. La experiencia más radical del otro nace con la conciencia de que el cuerpo es, antes que nada, un objeto (igual que nosotros somos, antes que nada, un objeto para quien nos desea) y es posible que de aquí nazca la primera y acertadísima impresión que se tiene al contemplar estos dibujos de Pablo Angulo. Sólo una mirada distraída o simplona los interpretará lúbricamente. Estos dibujos son misteriosos precisamente porque en primer lugar el autor ha sustraído de ellos su lubricidad (lo que no significa que haya sustraído su carnalidad).

La seducción de estos dibujos es, de alguna manera, lo manifiesto, pero lo manifiesto no es lo sexual, sino el cuerpo mismo, su superficie. El destino inesperado de estos retratos (que como serie es una auténtica galería de mujeres) es que se nos ha puesto en situación de esperar algo concreto, algo lúbrico, para ofrecernos finalmente algo inesperado y volátil; una superficie carnal, fascinante y tal vez incomprensible. Angulo consigue sabiamente que nuestra mirada se equivoque al principio, para reorientarla luego. “Las revoluciones y las liberaciones son frágiles –explicaba Foucault- pero sólo la seducción es ineludible”.

Angulo no desea epatar ni escandalizar, sino seducir, y elige para ello un lenguaje en el que los gestos de las retratadas parecen contradecir lo que dicen sus cuerpos, donde la frontalidad de lo representado hace a sus protagonistas más inescrutables que si estuvieran vestidas. La dialéctica sexual está permanentemente amenazada de decir otra cosa distinta de la que dice, pero el discurso de la seducción impone un lenguaje en el que se produce una indistinción entre lo profundo y lo superficial, los cuerpos hablan allí donde no hablan los rostros, los gestos completan lo que los cuerpos no alcanzan. Lo femenino –y ésa es otra de las arterias organizadoras de esta galería de mujeres- está en otra parte, tal vez siempre esté en otra parte, y tal vez sea ahí precisamente donde resida el secreto de su fuerza. Así como se dice que la magia es fascinante porque rompe la expectativa lógica inicial para instaurar un lenguaje no lógico, se puede decir que lo femenino seduce porque nunca está donde se piensa.

Angulo da en la diana de nuevo representando lo femenino en un rasgo aparentemente no femenino: la pesantez. Los cuerpos retratados pesan de una manera inequívoca, son profundamente carnales. Mientras que lo sexual tiene un fin próximo y banal: el goce y la satisfacción del deseo, el lenguaje de la seducción es ante todo un envite donde la suerte aún no está echada, la victoria de uno y la derrota de otro son aún ilegibles, pero entre ellos se ha impuesto algo cuya presencia no puede ser ya evitada: la pesantez y la frontalidad. Pablo Angulo utiliza precisamente la tiza para llevar a cabo el proyecto y no parece, desde luego, una elección banal. Es como si la más “cosmética” de las técnicas se hubiese puesto aquí al servicio de esta metafísica radical de la apariencia que trata de imponer a sus retratos, como una especie de velado maquillaje. Pero desde esta elección velada surge una mirada tan real como la pesantez. Y “¿Qué arma es tan afilada, tan aguda, tan centelleante en un movimiento y por ello tan engañosa como una mirada?” recordaba el marqués de Sade. Tal vez no tantas. El propio Kierkegaard lo recuerda en unos certeros versos de su diario de un seductor: “Un espejo cuelga en la pared opuesta Ella no piensa en él, Pero sí el espejo en ella”. La seducción gana a lo sexual (Angulo lo sabe) porque su estrategia es en realidad mucho más lábil y vertiginosa, y más cierta también.

La Venus de Angulo triunfa allí donde nuestra mirada no la había buscado al principio, pero en el que era desde luego su lugar apropiado, y como todas las verdaderas obras de arte, nos desafía, pone en entredicho nuestra lógica para instaurar otra distinta, una nueva lógica liberada y transparente.

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