primer periódico hiperlocal en España | año VII | 8 de diciembre de 2016
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“Hay que ser pesados para conseguir cosas”

Isabel Rodríguez y José Carlos Nicolau | A.P.

Isabel Rodríguez y José Carlos Nicolau | A.P.

José Carlos Nicolau e Isabel Rodríguez saben que los barrios en los que viven podrían ser mejores de lo que son y esa creencia les hace caminar al frente de las asociaciones de vecinos de Justicia y Universidad, nombres oficiales de las áreas entre las que se reparte este espacio de límites flexibles que es Malasaña.

Aunque no figure en sus respectivos CV’s, entre los dos poseen varios masters en burocracia administrativa, métodos de escaqueo vecinal y economía de subsistencia, además de ser doctores en pesadez. “Hay que ser pesados para conseguir cosas”, afirma Nicolau.

Con ellos hemos hablado de necesidades y de logros, de luchas, de vecindario, de políticos, de obras; de vida, en definitiva, en el corazón de Madrid.

Oídos sordos

Tanto el barrio de Justicia como el de Universidad pertenecen al distrito Centro. Comparten problemas endémicos y anhelos de soluciones.

La falta de limpieza (mantenimiento de los contenedores de reciclado, lucha contra las pintadas en las paredes), la ordenación del ocio nocturno, el déficit de aparcamientos para residentes y la carencia de dotaciones, son algunas de las históricas reivindicaciones de estas asociaciones que siguen sin resolverse.

corta“Habría que establecer unos horarios para recoger los deshechos de cartón de las tiendas de ropa, lograr que el vidrio que generan bares y restaurantes no colapse los contenedores de reciclaje que usamos los ciudadanos y aplicar en las fachadas tratamientos antigrafiti“. Son algunas de las soluciones anti suciedad que aportan ambos representantes.

“Controlar el impacto ambiental que genera el ocio nocturno otorgando las licencias adecuadas y negociando con las asociaciones de hosteleros” es el guante que han lanzado al Ayuntamiento en pos del adecuado descanso vecinal y que el Consistorio ha declinado recoger “ante las muchas irregularidades que existen y lo difícil del empeño”, según Nicolau.

En cuanto al tráfico, “el centro tiene que ser un área de prioridad residencial, para lo que es imprescindible un Plan de Movilidad coordinado que priorice el uso del transporte público“, afirman a una Isabel y José Carlos. “No se trata de realizar tramos inconexos de peatonalización, que es lo que está ocurriendo, que responden a intereses comerciales y que acaban penalizando a los vecinos”

Hay un sólo asunto en el que la suerte de ambas asociaciones corre de manera dispar: el dotacional.

Mientras que en el barrio de Justicia las actuaciones que se están llevando a cabo en las Escuelas Pías y en el entorno de la plaza de Barceló posibilitarán la aparición de un polideportivo, una piscina pública, una nueva escuela infantil, una biblioteca o un centro de mayores; en Universidad no ven cercano el fin de sus flagrante falta de servicios.

“Yo no sé si veré el final del camino, pero alguien tiene que iniciarlo”, indica un Nicolau que a veces se ve como un Moisés en plena travesía del desierto, pero que dice no poder dejar de hacer lo que hace.

“Ojalá nos cogieran otros el relevo”, apunta Rodríguez, quien habla del desgaste personal que supone su desinteresada labor.

Prensa, sí;  Junta Municipal, no

espaldasAmbos se quejan de lo estériles que son los procedimientos oficiales de participación ciudadana, se declaran hartos de reuniones con los responsables políticos de turno y dicen que la Junta Municipal no es más que un vehículo para desviar problemas, ante la falta de coordinación que existe entre áreas municipales

Sus logros, afirman, vienen gracias a la insistencia, a ser pesados y a la repercusión que tengan sus luchas en los medios de comunicación. “Eso sí que enfada a los políticos, que salgan los temas en prensa. En ocasiones se ha resuelto una petición de años en cuestión de un día, una vez que ha salido en el periódico o en la televisión”

“Falta de implicación  por parte del vecindario”

Las asociaciones de Justicia y Universidad son Santa Bárbara en época de truenos. En torno a ellas hay alrededor de 420 asociados, una insuficiente masa crítica a la hora de tener mayor fuerza reivindicativa.

“No tenemos local propio, no tenemos fondos suficientes pero, sobre todo, falta gente que se pregunte qué puedo hacer por la asociación y por el barrio. Hay una falta de implicación por parte del vecindario”.

“Las personas se acuerdan de nosotros cuando les pasa algo, creen que somos organismos para resolver problemas personales y una vez solventado su asunto ellos también desaparecen”, comentan Isabel y José Carlos con un tono resignado, más lamento que reproche.

“Lo que pasa es que el ciudadano no sabe que tiene capacidad para intervenir en el espacio público y sí la tiene, junto a nosotros o a nivel individual. Piensa que no tiene derecho a protestar y sólo debe ir a la plaza de la Villa y poner una reclamación para que le hagan caso y respondan a su malestar”, concluyen Isabel y José Carlos rememorando logros.

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