primer periódico hiperlocal en España | año VII | 1 de octubre de 2016
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‘Juanse’ se alquila

Farmacia Juanse | Foto: Somos Malasaña

Farmacia Juanse | Foto: Somos Malasaña

En los bajos del actual número 32 de San Vicente Ferrer, haciendo esquina con la calle de San Andrés, ha habido una farmacia durante los últimos 95 años, ‘Juanse’. Por sus azulejos, era una de las boticas más conocidas de todo Madrid y su esquinazo, quizá el rincón más fotografiado de todo Malasaña.

Patrimonio del barrio, con nivel 1 de protección tanto su exterior como los elementos que componen su interior, desde el 1 de mayo de 1918 hasta hace tan solo unos días, sin interrupción, el citado local fue botica, aunque Carlos Osorio, en su libro sobre el barrio Maravillas asegura que farmacia hubo allí desde, al menos, 1892.

Ahora se alquila y cambiará de actividad: su último inquilino, José María Roquero Alonso, se ha llevado la licencia que poseía a Las Rosas y la normativa actual de número de personas por zona de influencia y de distancia con respecto a otras farmacias pone casi imposible una nueva concesión, la cual habría que pelear con desenlace incierto, tiempo y dinero, en interminables pasillos administrativos.

En busca de nuevo inquilino

Los hermanos Pérez Morales, Gustavo y Miguel Ángel, son los dueños de la hasta ahora farmacia -y de todo el edificio de viviendas en la que se ubica, el cual gestionan a través de la sociedad inmobiliaria Hesperia-. Con el primero de ellos hemos hablado del pasado y del futuro de este icónico espacio.

“El mismo día en el que puse el cartel de ‘Se Alquila’ recibí cerca de 200 llamadas telefónicas interesándose por él”, cuenta el octogenario Gustavo. “Sería ideal para abrir una parafarmacia o un herbolario porque podrían aprovechar las hornacinas, estanterías y resto de valioso mobiliario de la farmacia, el cual sólo necesitaría una buena restauración que pagaría yo mismo, descontando mensualmente el importe de la renta del alquiler que nos dé el nuevo inquilino. Eso sería lo ideal, pero ya veremos. Se lo queremos alquilar a alguien que le guste el barrio, el local y tenerlo en perfecto estado. Toda su estructura interna goza de la máxima protección y no se puede montar cualquier cosa. Nos gustaría que nos sintamos orgullosos de lo que tenemos en el barrio y poder recuperar el local para que quede como un museo”.

Gustavo es ingeniero y tiene elaborado un proyecto de obra para el local, el cual pondría a disposición del futuro inquilino. Sobre el precio del alquiler que piensa pedir por los 65 metros cuadrados construidos que tiene el espacio -cincuenta y tantos útiles- no se pronuncia. Dice que no es lo más importante para él y que es un asunto que tratará directamente con quien finalmente elija como candidato idóneo para confiárselo. Hasta ahora, por ser de renta protegida, ha estado siendo arrendado por poco menos de 10 euros al mes.

Historia de una farmacia

Adiós a 95 años de farmacia | Foto: Somos Malasaña

Adiós a 95 años de farmacia | Foto: Somos Malasaña

La entrevista con Gustavo la realizamos en un espacio situado justo debajo de la farmacia, en una insospechada cueva a la que se accede por una entrada independiente situada en la calle de San Andrés. Perfectamente acondicionada, para uso recreativo y privado, es un lugar fresquito con barra de bar en el que el mayor de los hermanos Pérez Morales nos muestra los antiguos contratos de arrendamiento de la farmacia, así como los papeles -provenientes del Archivo Histórico de Madrid- en los que se dan detalles sobre la construcción de todo el edificio bajo el que nos encontramos.

Como hemos citado con anterioridad, al parecer la primera farmacia fue abierta en ese espacio en 1892, aunque el primer contrato de arrendamiento que se conserva data del 1 de mayo de 1918, cuando pasaría a manos de Juan José Cruz García Rodríguez, el primigenio ‘Juanse’ de las fórmulas y laboratorios que se anuncian en la fachada. Él fue el responsable de acondicionar el local tal y como sigue estando en la actualidad, haciendo colocar los famosos murales cerámicos en 1924.

No fue hasta 1967 que el establecimiento volvió a cambiar de manos, tal y como atestigua un nuevo contrato de alquiler con fecha 26 de abril de hace 46 años, el último firmado hasta la actualidad y gracias al cual la farmacia fue explotada por Alfonso José Roquero Lozano, pasando posteriormente a su hijo, José María.

De lo que hubo antes de 1892 en el local nada sabe Gustavo, lo mismo que sobre lo próximo que habrá. El esquinazo siempre ha sido pues farmacia y los rótulos de los azulejos de su fachada se encargarán de que lo siga siendo, siquiera en la memoria colectiva.

El tatarabuelo Pozas

Tanto el local de la farmacia como el edificio entero en el que está situado ha pertenecido a la familia de Gustavo Pérez Morales desde que se terminó de construir en el año 1864. De hecho, fue su propio tatarabuelo, Ángel de las Pozas Cabarga, quien lo edificó.

Natural de la zona de Santander, nacido en el primer tercio del siglo XIX, Ángel de las Pozas fue un hombre que evolucionó de simple cantero a reconocido constructor y que en el año 1862 obtuvo el permiso necesario para edificar dos inmuebles en los números 32 y 34 de la calle San Vicente Ferrer. Fueron para la época inmuebles de lujo, con inodoro y pila en todos los pisos y, en alguno, hasta chimenea francesa.

En el haber profesional de Ángel de las Pozas, dos hitos importantes: ser el constructor del desaparecido Cuartel de la Montaña (situado en la colina donde hoy está el Templo de Debod) y ser el ideólogo y constructor del también desaparecido barrio de Pozas, un complejo de 27 edificios -todos propiedad de la familia y concebido como ‘ciudad dormitorio’- que se elevó en el llamado ‘triángulo de oro’ de Argüelles. Delimitado por las calles Princesa, Alberto Aguilera y Serrano Jover, fue derribado en los años 70 para construir sobre esos mismos terrenos un Corte Inglés y un hotel de lujo.

En el tercero izquierda

Entre 1908 y 1911 vivió en el número 32 de San Vicente Ferrer, en el tercero izquierda -según recuerda Gustavo Pérez Morales-, la niña Rosa Chacel, quien ya de mayor plasmaría sus recuerdos de vecindario en el libro ‘Barrio de Maravillas’, novela por la que transitan personas reales de las que también guarda memoria Gustavo.

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