primer periódico hiperlocal en España | año VII | 25 de septiembre de 2016
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La calle del Pez pierde otro de sus clásicos: Hermanos Campa está en venta

Carteles de Se Vende en el local de los Hermanos Campa / SOMOS MALASAÑA

Carteles de Se Vende en el local de los Hermanos Campa / SOMOS MALASAÑA

Un negocio que llevaba 37 años atendiendo ininterrumpidamente a su clientela no sólo se merece todo el respeto del vecindario sino que le corresponde por derecho que se le otorgue el apelativo de ‘clásico’. Es el caso de Hermanos Campa, restaurante que desde el número 11 de Pez ejercía de veterano en una calle en plena transformación y en la que cada vez quedan menos establecimientos de los de antes. Hoy Hermanos Campa amanecía con un cartel de ‘Se Vende’ y Malasaña perderá de este modo uno de esos bares mal llamados “de viejos”, donde aún se podía tomar un café rodeado de parroquianos de toda clase, edad y condición, o donde aún se podía comer un bocadillo hermoso y sin florituras; uno de esos bares en el que ver el fútbol en compañía de todos y beber una caña sin que ésta nos cueste un riñón. Avelino y Emilio, los hermanos que daban nombre al bar, han dicho adiós, acabando con este rincón castizo que navegó bajo bandera asturiana.

Aún siendo muy probable que el 11 de Pez, local en el que se sirven cañas desde 1945 (antes fue Bar Aragón, Altamira, Sagasti y Cafetería Pez, según leemos en un artículo de CondéNast Traveler), siga estando dedicado en un futuro a la hostelería, la desaparición de Hermanos Campa será llorada a buen seguro por quienes antes lamentaron el adiós de unos vecinos suyos como Pastelería V. García, o por quienes más recientemente han visto perplejos cómo los más de 30 años de Nuevas Croissanteries, en la esquina de Corredera de San Pablo con Escorial y regentado por otros hermanos (Pablo y Jesús), ha pasado a ser, de la noche a la mañana, el hogar de una franquicia de hamburguesas 24 horas.

Las bajas entre establecimientos veteranos en Malasaña seguirán. En breve diremos adiós a una relojería-joyería de Corredera Alta de San Pablo, al tiempo que un entrañable café de San Vicente Ferrer negocia su traspaso por jubilación.

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