primer periódico hiperlocal en España | año VII | 28 de septiembre de 2016
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La crisis mató al “juernes” en Malasaña

Uno de los clubes de moda de Malasaña, ayer con poca gente

Uno de los clubes de moda de Malasaña, ayer con poca gente| Arturo Muñoz

“Menos mal que está el pincha, que si no estaría yo solo”. Lo decía el camarero de un bar de moda cercano a la Plaza del Dos de Mayo, mientras apuraba un cigarro en la puerta. Que Madrid no es ya la ciudad que nunca duerme no es un secreto a voces es, a estas alturas, una evidencia.

Calle de la Palma, San Dimas, Velarde, entorno de la Plaza del Dos de Mayo…Ayer los bares de copas de Malasaña, al filo de la media noche, estaban vacíos. Grupillos dispersos deambulaban y abrían puertas con la esperanza de encontrar ambiente; los relaciones públicas callejeros (una figura extraña en Malasaña hace algún tiempo) competían por atraer al poco público disponible a golpe de chupito.

Los taxistas no lo ven claro tampoco.“Llevo hora y media dando vueltas, me voy a ir ya a casa”, nos contaba uno en la calle San Bernardo. “No reconozco Madrid ¿qué le ha pasado?” decía Arturo, que ahora vive fuera de España. Lo cierto es que el fin de semana los aforos tampoco se llenan como antes, el pasado, sin ir más lejos, la noche en Malasaña estaba a medio gas.

Algunos de los sitios en los que había más animación ayer jueves eran bares “de día” y cafés. Como si pudiéramos llegar sólo hasta cierta hora o como si buscáramos lugares donde charlar largo rato apurando la consumición.

El portavoz de la asociación de la asociación de empresarios del ocio nocturno Noche Madrid recientemente se quejaba de que la severidad del ayuntamiento con los aforos, la subida del IVA y los impuestos especiales están matando el ocio nocturno. Lo cierto es que, pese a estas trabas, los bares de copas siguen muy presentes en la fisonomía nocturna de Malasaña, por lo que la razón última de que estén vacíos hay que buscarla en otros sitios ¿La crisis?

Tampoco ayuda la poca flexibilidad municipal en el tema de la música en directo, es cierto, a que la oferta noctámbula de la ciudad sea más variada y de calidad.

Al contrario de lo que pasaba hace algunos años, las calles de Malasaña están mucho más animadas de día que de noche, especialmente entre semana. El local de ocio de más éxito que abre en el barrio es el café moderno. El matrimonio desavenido que componen los altos precios de los alquileres y la crisis empuja a todos los establecimientos a estirar las horas del día a fin de rentabilizar los negocios, lo que da como resultado una ingente oferta – de desigual calidad – que motea Malasaña. No hay tienda, librería o bar que no se vea obligada a agudizar el ingenio para montar presentaciones, mercadillos o fiestas. Necesidad obliga.

Las causas pueden ser variadas, muchas de ellas relacionadas con la crisis económicas: los estudiantes andan ahogados; muchos trabajadores están en paro, y quien no lo está tiene parados en su entorno, lo que lleva a hacer planes económicos. Cenar y tomar unas copas ha pasado, para mucha gente, de ser un desahogo a un lujo. Por otra parte, una porción de la población local del barrio ha cruzado la línea de la primera juventud con hijos y hoy llena los parques infantiles antes que los bares.

Habrá que afinar el análisis, pero lo cierto es que lo que nadie duda es que hoy en Malasaña se baila menos y se toman más cafés; se duerme más y se sale menos de noche.

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