primer periódico hiperlocal en España | año VII | 5 de diciembre de 2016
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La T Gastrobar, una opción formidable

Sí, formidable, como el título de la canción de Stromae* que aquí os dejo de acompañamiento (aunque luego la letra vaya por otros derroteros); sería una miserable si no dijera pequeños detalles que, creo, se deberían mejorar para que este Gastrobar se convierta en un referente de cocina de calidad a buen precio en Madrid (porque en Malasaña ya lo es). Sobre el término Gastrobar, aclarar que proviene de una feliz adaptación de la palabra gastropub (acuñada en Inglaterra a finales del siglo XX para referirse a los pubs con inquietudes gastronómicas) por parte de Carlos Capel, según él mismo reivindica en el artículo aquí enlazado del periódico para el que trabaja. Bueno, me dejo de rollos terminológicos que siempre se me va la cabecita; allá va mi experiencia.

Salimos de casa m., M. y yo bajo el fríorrrr de esta ciudad y llegamos ateridos al establecimiento. Nada más entrar, hay una especie de antesala para tomar algo mientras esperas que te den mesa, muy coqueta, con productos gastronómicos varios metidos en botes colocados en estanterías en las paredes. No nos quedamos aquí, hemos reservado, y hace algo de fresquis, así que preferimos entrar directamente.

Antesala_Malasaña a mordiscos_La T Gastrobar
El local tiene una decoración muy cuidada: nevera para el vino acristalada a modo de tabique separador, cocina a la vista toda de acero (¡cómo me gusta ver una cocina bien organizada y una cocinera que trabaja sin estrés, qué maravilla!), iluminación muy lograda (muy guapas las bombillas vintage, aunque ya estén algo vistas, y preciosa la gran lámpara, con molduras internas en yeso, sobre la mesa corrida), las mesas son de madera (tal vez demasiado próximas unas a otras) y los cojines le dan un toque acogedor al conjunto. En la planta de abajo tienen un lounge-bar, muy amplio, también con algunas mesitas y una llamativa barra de cubos iluminada; imagino que ofrecerán una buena selección de cócteles, ¡uhmmm con lo bien que me sientan! Bueno, bueno, otra vez será.

Díptico local_Malasaña a mordiscos_La T Gastrobar
El chico que nos recibe, muy amable, nos lleva a nuestra mesa y nos da la carta. La parte de vinos es breve pero interesante, especialmente la de tintos, que presenta una curiosa variedad de D.O. entre las que se incluye Calatayud o Méntrida y Ribera Sacra.  También tienen 2 rosados de Navarra y 4 espumosos (dos cavas y dos champanes, ambos incluyen 1 rosado). En blancos la cosa está un poco más floja, con dos verdejos, un godello y un albariño. Elegimos este último, Pazo de Señorans (18 €), el cual al abrirlo está un poco fuerte, pero en cuanto se airea resulta francamente agradable, fresco, salino y cítrico. Después nos traen la cesta de los panecillos, 2 integrales con cereales por encima, 2 blancos normales y 2 blancos con semillas de amapola decorando, recién horneados, suaves y delicados. Luego toca el turno del entrante de la casa, un chupito de crema de calabaza con una fresa pinchada en un palillo de bambú o similar. La crema de calabaza, calentita y sabrosa. Además nos han traído una mantequilla de hierbas, muy mona, hecha una bolita, cuyo sabor y textura no pudimos disfrutar perfectamente porque estaba demasiado fría (y nosotros estábamos un poco ansiositos y no pudimos esperar a que llegara a su punto de temperatura).

Díptico panecillos y chupito de crema de calabaza con fresa_Malasaña a mordiscos_La T Gastrobar

Elegimos para compartir la tabla de croquetas de risotto la “T” (10,00 €), con seis croquetas (dos de cada variedad) y tiras de yuca frita alrededor (en su punto) y un toquecito de cebollino para darle color, que se utilizará en todos los platos salados que probamos, excepto en el de atún rojo; recomendaría incluir otra hierba aromática para variar, de cualquier forma, una presentación de 10. La denominación puede confundir un poquito, ya que una croqueta normalmente es una porción de bechamel, con cualquier otro ingrediente que proporcione sabor, rebozada y frita. Pues no esperéis esto, ya que en realidad son lo que en Italia se conocen como arancini (es decir, bolitas de arroz empanadas y fritas). Están realizadas con tres tipos de risotti. La negra está compuesta por risotto al nero di seppia (con tinta de sepia), riquísima, con sabor intenso y textura justa. Después pruebo la de risotto con trufa negra, el aroma a trufa lo invade todo, ¡uhmmm! y, finalmente, la de risotto con albahaca y carabineros, se notan ambos ingredientes sin que ninguno predomine sobre el otro, muy equilibrada y sabrosa. El único problema es que el núcleo de las croquetas no estaba todo lo caliente que debía (al freír las croquetas previamente congeladas en mi casa me ha pasado también alguna vez esto), les faltaba justo un poquito para estar en su punto de temperatura.

También para compartir entre los tres: ravioli de remolacha, manzana y nueces con espuma de queso azul, puré de orejones y crujiente de patata azul (13 €). Presentación, de nuevo, de 10 (m., hechizada por el colorido, se abalanza, casi no me da tiempo a hacer la foto). Y, ¡sorpresa!, ahí están Humbert I y Humbert II, escondiditos en ese precioso mar de sabores y colores… Están tan guapinos, creo que los echaba de menos, ¡qué relación más extraña tengo con estos dos! Humbert II, como siempre, está durmiendo en modo lirón y Humbert I, nada más aparecer, nos dice: “la vida controlada es un suicidio lento, que disfruten”. Dios mío, primero no aparece y luego llega y nos suelta semejante frasecita; al oírlo nos hundimos un poco en la miseria pero, por suerte, los Humberts desaparecen inmediatamente y nosotros somos de recuperación rápida, especialmente si tenemos una buena medicina (véase comida y bebida). Nos ponemos con los ravioli, la masa casera, al dente, con más sabor a remolacha que a manzana y nueces, el puré de orejones dulce y ácido, delicado, uhmmm y la espuma de queso azul espectacular, en cuanto a sabor y textura, como una nube de gusto intenso, ¡maravillosa! El crujiente de patata azul podría haber sido de cualquier otra cosa, no sabía mucho, pero iba muy bien como contraste con el resto de las texturas (puré, espuma, pasta). Un plato muy original y logrado, además de precioso.

Díptico croquetas de risotto y ravioli de remolacha_Malasaña a mordiscos_La T Gastrobar

Después m. escogió vieras con chirivía y mantequilla sanguina (15 €). Interesante. Yo, aunque había oído hablar de ella, nunca había probado la chirivía: es una raíz, de origen indoeuropeo que, antes de la llegada de la patata a Europa, se utilizaba con las mismas funciones que ésta. En el plato se presentaba horneada (o tal vez muy bien frita) en tiras, crujiente y de sabor nada invasivo, a modo de melenaza de tres vieiras maravillosas. Según m., auténtica experta en el campo de las vieiras y sus corales (éstas iban sin ellos), eran las 3 vieiras mejor planchadas que había degustado en su vida. Yo las probé y verdaderamente estaban en su punto, de tacto suave y gusto marino, se deshacían en la boca ¡increíbles! La mantequilla de naranja sanguina no se notaba mucho.

Viera con melenaza de chirivía_Malasaña a mordiscos_La T Gastrobar

M. eligió el atún teriyaki con mango en texturas (16 €): 4 piezas de atún rojo, un pelín seco, pincelado con salsa teriyaki (salsa japonesa realizada con soja, azúcar, sake y mirin [vino de arroz] que tiene un marcado sabor entre dulce y salado), con trigueros bien planchados y trocitos de mango fresco y en puré (el mango estaba poco maduro por lo que no tenía todos los aromas que debería tener). La decoración fantástica, con su sésamo negro en contraste con el resto del guapísimo colorido del plato. La combinación entre el gusto penetrante del atún rojo y el más suave del mango y el toque intenso y verde del triguero creaba un plato rico y bien equilibrado en cuanto a sabores.

Yo elegí magret de pato ahumado con setas de temporada y estragón (15 €). Resultó un plato curioso especialmente por el gusto ahumado, que era lo que prevalecía. Las setas de temporada habían sido descongeladas y se notaba la acuosidad en su interior, lo cual les hacía perder intensidad de sabor. El estragón no sé dónde se encontraba, tal vez en la salsa, no se notaba. De la parte salada fue, para mi gusto, el plato menos logrado.

Díptico atún rojo y pato ahumado_Malasaña a mordiscos_La T Gastrobar

Y llegamos a la partida de pastelería, m. eligió unos canelones de mango rellenos de ricotta (5 €), que iban acompañados de helado de mango y de una frambuesa. Presentación, de nuevo, increíble. La textura externa de los canelones de mango era muy curiosa, elástica, y el relleno recordaba al de los cannoli siciliani, rico. El helado de mango estaba demasiado frío y tenía poco sabor a mango (de nuevo, el fruto estaba poco maduro). M. y yo compartimos un coulant de chocolate con helado de mango (con respecto a este último, véase previamente), 6 €. El coulant bien en cuanto a sabor y fragancia a chocolate intenso, pero la textura interna no presentaba la “lava” propia de este tipo de postre. La frambuesa, como en el otro postre, espectacular (yo nunca las encuentro tan buenas en las tiendas, hermosa, con textura firme, muy aromática).

Díptico canelones de ricotta y coulant de chocolate con helado de mango_Malasaña a mordiscos_La T Gastrobar

Sin duda repetiré en este lugar, me he quedado con muchas ganas de probar la hamburguesa de buey “La Finca” con queso provolone y salsa romesco, la vi en la mesa de al lado y tenía una pinta excelente, y el bacalao en tempura negra.

Recomiendo este establecimiento por su espectacular relación calidad-precio (nosotros 3 pagamos, en total, 100,5 € por platos cuya presentación, ella sola, valía ese precio). Si lo que quieres es un lugar bonito, con buena atención, ambiente heterogéneo, materia prima de calidad y platos originales (especialmente en la parte salada, los dulces están, aún, un poco flojos) a buen precio, no lo dudes ¡La T Gastrobar es tu sitio!

* Gracias A. por dármelo a conocer, me encanta.

P.S. Pedimos una jarra de agua y no era una opción. En esto son poco modernos y concienciados. Así que tuvimos que pedir una botella de 1/2 l (2,5 €). Que conste que si yo pido una jarra de agua no es para ahorrar 2,5 €, es para ahorrarle a la tierra el gasto de una botella de cristal que, aunque sea reciclable, siempre es mejor no gastar.

P.S.I Felicidades a la cocinera por su calma y su organización y a todo el equipo por el local y la atención.

P.S.II Una vez más, me quedo con la duda de por qué se denomina así este lugar, ¿es la letra T sin más o tiene algún otro significado?

P.S. III Tienen menú diario de cocina de mercado, ¡por solo 11,50 €! y del que informan por Twitter cada día, que, si está al nivel de la carta, seguramente será muy recomendable.

  • La T Gastrobar, Calle Molino de Viento 4, Tel. 91 531 14 06. Horario: de martes a jueves, de 13.00 a 02.00, viernes a sábado 13.00 a 02.30. Web: http://www.latgastrobar.es/ 
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