primer periódico hiperlocal español | año VIII | 18 de agosto de 2017

Lo que la foto de una fuente nos cuenta del Madrid del XIX

Las fuentes eran elementos centrales en la vida diaria de los madrileños antes de la llegada y consolidación del agua canalizada a las casas. Partimos de algunas fotos de 1864 para tirar del hilo de la memoria y recordar a los aguadores y los conflictos que se producían en las fuentes de vecindad.

La imagen que hoy nos sirve de excusa para echar la vista atrás sobre la vida de nuestros vecinos siglos atrás es la de una fuente situada en la calle de la Madera. La imagen fue tomada en 1864 por Alfonso Buegué, que tenía el estudio en el número 18 de la calle Luna. Apareció publicada en un volumen titulado Album fotográfico de varias fuentes vecinales y de ornato existentes en la M. H. Villa de Madrid siendo Corregidor el Excmo. Señor D. José de Osorio y Silva, Duque de Sexto, y comisario del ramo de fontanería el Señor D. Juan Bautista Peyronnet. Año 1864.

Se conservan muchas fotografías de fuentes de la misma serie, algunas de ellas también en el barrio, como estas fuentes vecinales de la plaza de los Mostenses y de la Corredera de San Pablo, o la llamada del abrevadero en la plaza de San Marcial (desparecida por la construcción de la Plaza de España). Anterior a ellas, una de las más conocidas en la zona fue la llamada Fuente del Cura, situada en la calle Pez (y que a partir de 1848 se reconvirtió en caño de vecindad para la calle Cruz Verde).

Volviendo al tema del encargo fotográfico, éste tiene mucho sentido, pues se trata de poner en valor lo que aún es una novedad en Madrid: la llegada del agua a través del Canal de Isabell II se había producido sólo ocho años atrás, si bien la mayoría de las fuentes se nutrían todavía por los viajes del agua, una red de galerías subterráneas de origen árabe que proporcionaban aguas captadas del subsuelo antes de la consolidación del Canal de Isabel II.

Inseparables de las fuentes eran los aguadores, oficio agremiado en Madrid desde el siglo XV y que existió hasta principios del XX. Los aguadores vendían ambulantemente agua y la transportaban hasta los aljibes de algunas viviendas. El gremio tenía reservado para su uso una serie de fuentes en la ciudad.

Fuente de la Corredera

Según figura en las Ordenanzas municipales de Madrid de la Villa de Madrid de 1892, existían entonces Fuentes vecinales (sólo para los vecinos), Fuentes de vecindad (al menos un caño exclusivo para los vecinos y el resto se reservaba a los aguadores), Fuentes de aguadores, Fuentes volantes (cuyo uso podía variar según las necesidades) y Fuentes ornamentales.

La fuente que se encontraba en la confluencia de la calle Fuencarral con la Corredera, por ejemplo, se nutría a mediados del siglo XIX del viaje de agua llamado de la Alcubilla y tenía asignados 11 aguadores para el reparto de agua a domicilio. El precio era de 20 reales por cuba. Otra que había en la calle Valverde tenía asignados 12 aguadores y en el Hospicio de la calle Fuencarral había una que debía servir para abastecimiento de la propia institución. En Madrid el número de aguadores rondaba entonces el millar.

[Fuentes que ya no están]

A partir del XIX el cuerpo, se dice que compuesto sobre todo por gallegos y asturianos, tuvo un uniforme muy característico:

“una chaqueta oscura de paño con solapas y bordadas allí en seda y estambre las armas del Ayuntamiento y, en rojo, el número de la licencia, y doble fila de botonadura dorada; se complementaba con un chaleco rojo y un pantalón pardo sujeto con una faja también roja, como los botines (con botones negros y palaos de piel de becerro blanca). Era obligatoria la gorra, de fieltro y con visera, en la que iba prendida la chapa de metal identificadora donde figuraba la fuente asignada. En verano, el uniforme era más sencillo y ligero, reducido a una blusa de percal de color azul y cuello vuelto de cinta encarnada con el escudo y número de licencia” (Martínez Carbajo, 2011)

Fuentes como escenario de encuentro social y conflicto

Las fuentes constituían un lugar de encuentro de la comunidad. El historiador Álvaro París Martín ha estudiado las fuentes del barrio de Lavapiés en el primer tercio del XIX como escenario de conflictos entre mujeres -cacharrería a cuestas y por la vez-, que se resolvían generalmente con códigos propios del pueblo que rara vez iban más allá del improperio o “algún cachete”. No ocurría lo mismo, sin embargo, cuando quien incurría en saltarse la vez era un guardia, apoyado en la superioridad que le otorgaba su sable. En este caso era frecuente que el vecindario se pusiera del lado del débil y se produjeran trifulcas y conatos de motín.

Aguadores de barrica en una de las fuentes reservadas al gremio en la villa de Madrid hacia 1850 | WIKIPEDIA

En todo caso, el conflicto se producía, explica París, por la disputa de lo que era un bien escaso, que obligaba a la comunidad a establecer unas reglas informales para abastecerse y resolver los conflictos:

…un conjunto de normas y principios aceptados por la comunidad, que determinan quién y cuándo tiene derecho a recoger el agua. La percepción por una de las partes de que dicho marcho ha sido violado, genera un sentimiento de agravio y una respuesta en forma de desagravio. Esta reacción buscar restituir el “honor” y el “derecho” de la parte agraviada y, en primera instancia, suele materializarse en un insulto o agresión verbal. Por su parte, la parte contraria – que considera legítima su actitud – responderá con una agresión de naturaleza similar o escalará un nivel en el conflicto, pasando a las manos. Tras una breve trifulca, que los espectadores considerarán legítima en la medida en que las fuerzas estén igualadas, ambos contendientes se retirarán dándose por satisfechos.

La lógica se rompe cuando una de las partes está en una situación de mayor fuerza, como sucede con las autoridades, como hemos visto.

Las fuentes surtidas por los antiguos viajes del agua apenas surtían sólo 3000 metros cúbicos diarios, lo que da idea del problema de escasez de agua al que se enfrentaba una ciudad de gran crecimiento en la segunda mitad del XIX, y que empezaría a ser resuelto con el gigantesco proyecto de ingeniería que fue la traída de las aguas del Lozoya. A medida que se va extendiendo la nueva red, la importancia social de los aguadores va languideciendo, aunque las fuentes siguieron siendo un hito importante en nuestras calles hasta bien entrado el siglo XX.

Hoy, las fuentes de agua potable vuelven a ser reivindicadas como elemento clave para revertir el devenir de la calle como mero espacio de paso y los participantes en los Presupuestos Participativos de la ciudad votaron para que se instalaran cien nuevos surtidores en el Distrito Centro.

PARA SABER MÁS:

Madrid, Ayuntamiento de. Ordenanzas municipales para la Villa de Madrid. Madrid, 1892.
Martínez Carbajo, Agustín Francisco (1996). Fuentes de Madrid. Pedro Fco. García Gutiérrez (2009 edición). Madrid: La Librería
París Martín, Álvaro, y others. «Se susurra en los barrios bajos: Policía, opinión y política popular en Madrid, 1825-1827», 2016.
Tormo y Monzó, Elías, y others. «La de Fuencarral: Cómo se puede estudiar la historia de una de las calles de Madrid [II](Conclusión)», 1945

Historia Urbana de Madrid. La Fuente del Cura de la calle Pez

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Lo que la foto de una fuente nos cuenta del Madrid del XIX

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