primer periódico hiperlocal en España | año VII | 10 de diciembre de 2016
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Los crímenes de nuestras calles: una historia sangrienta del barrio

En ocasiones es difícil encontrar las diferencias entre un asesinato de los muchos que pueblan las páginas anónimas de sucesos y un crimen de los que se hacen nombre y recuerdo en la historia de una ciudad como Madrid. Sea como fuere, son muchos los hitos ensangrentados que encontramos en el barrio al paso de su historia, imbricados todos al modo de cada época.

Primeros crímenes

Higinia Balaguer

La historia de Madrid se mezcla a menudo con su anecdotario y con la leyenda. Como hemos visto antes en nuestra sección Calles del barrio, muchos son los relatos en el origen del nombre de nuestras calles en los que es difícil separar el eco de lo real de la leyenda forjada a base de rodar por los mentideros. Lo curioso es que -como en las leyendas- en aquel Madrid de callejuelas oscuras y capas, se mezclan el plebeyo, el cortesano y el sacerdote. Todos los Madrid posibles en una ciudad que aún conservaba algo del villorrio castellano que había sido.

Algo así pasa en el crimen de la calle de las Beatas, que fue el primero en el que un sacerdote fue juzgado por la jurisdicción civil, en 1776. Enamorado de una costurera que le arreglaba la sotana, el religioso acabó matando a un vecino que se burló de él cuando una noche rondaba a la muchacha. Finalmente, el cura se salvó de su condena a muerte por intervención directa del rey Carlos III.

Como ejemplo de desmán mítico, podríamos nombrar el crimen de leyenda de la calle de la Cueva (actual del Marqués de Leganés). Se dice que la calle se llamó así por una mina donde se escuchaban gritos por la noche que hicieron pensar que un ánima la habitaba, y que muchos identificaron con Gonzalo Pico, comendador de la orden de Alcántara recientemente muerto en el portillo de Santo Domingo. Se decía que se había visto al espectro acusando del crimen a su viuda, doña Munia Ximenez, que acabó muerta también. La historia al completo ya la contamos en su día.

Crímenes en la memoria colectiva de una ciudad que se hacía grande

Vicenta Verdier

El crimen de la calle Fuencarral, en 1888, es sin duda uno de los más famosos de la historia de la criminología española. El relato del crimen, por más sórdido que pueda parecer, no pasa de corriente, sin embargo, el proceso se convirtió en el primer gran juicio seguido masivamente a través de la prensa. Uno de los periodistas que cubrieron el juicio fue Benito Pérez Galdós, y en él intervinieron personajes importantes en la época como José Millan Astray (entonces director de la cárcel Modelo). A la ejecución de Higinia, la condenada, asistieron unos 20.000 madrileños, y Antonio Cánovas tuvo que persuadir a la Reina Regente María Cristina de que debía reprimir su impulso de ejercer su derecho de Gracia. Todo esto sucedía en Madrid el mismo año que Jack el Destripador actuaba en Whitechapel.

El de la calle Fuencarral es el más conocido de los crímenes con nombre de calle del barrio pero no el único, Tudescos tiene a su nombre un famoso crimen sin resolver, el de Vicenta Verdier en 1907, y San Hemenegildo, por ejemplo, dio nombre a un parricidio muy sonado en 1883.

Ya no es este el caso de la calle de la Justa, también con crimen adosado, que dejo de existir para convertirse en la actual calle de los Libreros. En 1861, un hombre asaltó a Carlota Pereira, que volvía a casa con sus dos hijas. Un almeriense que luego se supo era un sicario contratado por el marido separado de la mujer. También en este caso se mezclaron el Madrid de los bajos fondos con el gran Madrid, pues el marido, del que se sabe salía con total libertad de la cárcel del Saladero (en Alonso Martínez) se entrevistaba frecuentemente con políticos de la época.

Crímenes de nuestra historia reciente

Si los anteriores son crímenes que podríamos considerar han entrado en la historia de la ciudad por su repercusión, encontramos también en el barrio otros que desde el momento de producirse, han escrito páginas señeras de nuestra historia contemporánea.

Hablamos por ejemplo del asesinato del teniente Castillo, militar socialista que murió abatido a las puertas de la pequeña ermita de la calle Fuencarral por cuatro asesinos de extrema derecha, y cuyo asesinato, junto con el posterior de Calvo Sotelo, fue uno de los desencadenantes de la Guerra Civil Española.

Los crímenes fascistas volvieron a hacer presencia en nuestras calles tras el largo paréntesis franquista: los de Arturo Ruíz y María Jesús Nájera en la Semana Trágica ( del 23 al 30 de enero de 1977). Al primero le dispararon unos Guerilleros de Cristo Rey en la embocadura de las calles de Silva y de la Estrella tras una manifestación por la amnistía, a la segunda al día siguiente le destrozó el cráneo un bote de humo de la policía en la calle de los Libreros en las protestas por la muerte de Ruiz.

La Casa Maldita de Antonio Grilo

No podíamos finalizar este breve repaso de algunos de los crímenes que se han cometido en esta zona sin hacer mención a un lugar como el número 3 de la calle de Antonio Grilo. Este edificio de viviendas es, seguramente, el más sangriento de la ciudad. Entre 1945 y 1964 se cometieron en él ocho asesinatos: en 1945 unos ladrones asesinaron al camisero del primero; siete años más tarde, en el tercer piso, un sastre mató a su mujer y a sus cinco hijos antes de pegarse un tiro; dos años después, en 1964 y también en el tercero, una mujer estranguló a su bebé.

El crimen está en la simiente de una ciudad en la que -en leyendas y crónicas verídicas- se han mezclado prohombres y canalla; saltó, como hemos visto, del mentidero a los grandes medios, a medida que la ciudad se convirtió en una gran ciudad a finales del XIX y principios del XX; y, como corresponde a un barrio que está en el centro del centro, ha estado en la primera línea de la historia reciente de España bañada en sangre.

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