primer periódico hiperlocal en España | año VII | 27 de septiembre de 2016
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Madrid, ¿smart city?

En los últimos años el término Smart City ha saltado de la literatura científica y los blogs “más enterados” en tecnología y urbanismo a los grandes medios y foros políticos.

El pasado marzo, sin ir más lejos, la alcaldesa decía en el Smart City, Foro de la Nueva Ciudad “Madrid es una smartcity, es una ciudad inteligente porque es una ciudad moderna gestionada de forma cada día más eficiente gracias a la utilización de las nuevas tecnologías” . El portavoz socialista en el Ayuntamiento de Madrid, Jaime Lissavetzky opinaría el pasado mes, con no poca iroría y ante la posibilidad de que se redujera la recogida de basuras, que  la capital pasará de ser “una smart city a una dirty city“. Pero ese es otro tema.

El término ha depertado recelo dentro de algunos urbanistas y tecnólogos, que ven en su extensión la banalización de una palabra comodín despojada de significado, un término de moda que se aplica como bálsamo de Fierabrás de todos los males de la urbe contemporánea.

Aunque el barbarismo se debería aplicar más propiamente a un complejo entramado de sensores controlado por administraciones y proveedores de servicios que monitoriza en tiempo real la vida urbana (clima, tráfico, flujos de personas, contaminación, etc.) para automatizar su optimización contínua, normalmente se utiliza para cualquier aplicación de la tecnología que facilita el aprovechamiento eficiente de la ciudad por parte de los ciudadanos, y en esta línea a menudo se ha ligado a las aplicaciones móviles urbanas.

Esta semana el ayuntamiento de Madrid ha presentado una aplicación para dispositivos Apple y Android que vende la posibilidad de “buscar aparcamiento a través del móvil”, titular que no miente pero omite la coletilla “en aparcamientos públicos municipales” (y de momento sólo en cuatro de ellos). Una aplicación de gran utilidad pero un poco menos smart de lo que se vende, porque sí, el ayuntamiento ha vuelto a hablar, en versión española, de “movilidad inteligente”.

Esta aplicación viene a unirse a toda una panoplia de aplicaciones para teléfonos, algunas desarrolladas por el ayuntamiento y la mayoría por particulares, que permiten saber cuándo llegará el próximo autobús, la calidad del aire al minuto o las farmacias de guardia.

Sin duda las administraciones han aplicado en alguna medida el paradigma del análisis en tiempo real de la ciudad los últimos años pero, a la vista salta, Madrid dista mucho aún de ser un modelo de ciudad inteligente (en muchos sentidos) y cabe preguntarse si la aplicación sistemática de términos grandilocuentes -la ciudad fue antes también sostenible y hasta resiliente– no oculta una gestión tan superficial y propagandística como el uso que hacen del lenguaje . La tecnología no debe ser el último Mago de Oz tras cuya magia se escondan la humanidad y las miserias de nuestros barrios.

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