primer periódico hiperlocal en España | año VII | 30 de septiembre de 2016
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“Manadas” de taxis truncan el sueño de los vecinos de Pachá


Acostumbrados al ruido del botellón, a los ‘Asturias patria querida’ a las tantas de la madrugada, a los bares que permiten a sus clientes sacar la bebida a la calle mientras salen a fumar, a las peleas de quienes salen de Pachá con varias copas de más y los ánimos encendidos… Así es como viven muchos vecinos de la zona de confluencia de la calle Apodaca con las de Larra y Churruca. Sin embargo, una nueva molestia acústica ha acabado con su enorme paciencia de sufrido vecino de Centro, ese área que el Ayuntamiento acaba de declarar ZPAE. El sonido de los claxon de los automóviles a las cuatro de la madrugada de cada miércoles, jueves, viernes y sábado es ya demasiado para ellos y un fenómeno habitual desde hace unos tres meses.

La rebelión contra esta nueva agresión acústica que padece la zona la encabezan los vecinos  del número 18 de Apodaca, edificio situado en plena esquina de la citada vía con la de Larra.

Fernando Sevilla, presidente de la citada comunidad explica que a las 4 de la mañana, hora de cierre de la vecina discoteca Pachá de la calle Barceló, una “manada de taxis” accede a la zona desde Sagasta por la calle Larra y desde Mejía Lequerica por Apodaca. “Colapsan la zona utilizando la calzada como parada ilegal de taxis y ahí es cuando comienza el concierto de pitos de los vehículos particulares que se quedan atrapados y se cansan de esperar”, indica Sevilla.

“Hay taxistas que no dudan incluso en bajarse de sus vehículos mientras aguardan la llegada de algún cliente”. “El ruido se hace insoportable y ni el doble acristalamiento que tenemos en nuestros pisos la mayoría de vecinos evita que los bocinazos se cuelen en las casas y nos corten el sueño”.

Sevilla dice que son cuatro días de siete que tiene la semana los que resulta imposible conciliar el sueño, “un abuso”. Denuncia, además, que las repetidas llamadas al 092 tan sólo tienen respuesta efectiva algún miércoles o jueves, cuando la policía tiene menos trabajo. “En esas ocasiones los agentes se personan en la zona y ponen algo de orden en el tráfico. En cualquier caso, para entonces nuestro sueño ya está roto”. Los vecinos reclaman algún tipo de medida preventiva para esta situación que ha venido a colmar un vaso de molestias que, hasta ahora, tenía en el habitual botellón su máximo causante.

Sobre el botellón y la presencia de ‘lateros’ asiáticos en el área habla hoy Sevilla con la resignación de quien sabe que, por desgracia, se ha convertido en un mal menor de sus noches: “En el pequeño tramo de Apodaca entre Larra y Churruca es frecuente contar cada día que abre Pachá hasta 10 grupos bebiendo en la calle. A veces pasan coches de policía pero no les dicen nada. A la mañana siguiente, a las 9, las brigadas municipales ya tienen limpias las calles, señal de que el Ayuntamiento conoce perfectamente que en la zona se bebe en la calle. Es incomprensible que no hagan nada y eso que a menos de 100 metros hay una residencia de ancianos, lo cual por ley exige máxima protección”.

Tal es la desesperación de los vecinos de la zona que hasta han grabado un vídeo que han colgado en Youtube para tratar de llamar la atención de los medios de comunicación y de la opinión pública. En él se muestra la ‘normalidad’ de una de esas noches cualquiera de atascos y pitos.

Tal y como hemos indicado con anterioridad, el problema generado por lo taxis no lleva más de tres meses produciéndose. Sevilla cree que la pelea por conseguir clientes en tiempos difíciles para todo el mundo es la que lo ocasiona. Hay habilitada una parada en la cercana estación de metro de Tribunal, pero es más fácil pescar carreras a pie de discoteca. Sevilla está convencido además de que se ha producido un efecto llamada y que los taxistas de Madrid saben que a esa hora es relativamente sencillo conseguir clientes a las puertas de Pachá, por lo que la zona se satura con taxis provenientes ex professo desde cualquier parte de la capital. “Los claxon son mucho peor que el botellón“, concluye.

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