primer periódico hiperlocal en España | año VII | 6 de diciembre de 2016
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“No queremos más bares en Malasaña”

Los portavoces de ACIBU, Isabel Rodríguez y Jordi Gordon, rodeados de medios de comunicación durante la presentación de la campaña

En Malasaña hay más de 500 bares, uno por cada 70 vecinos, según afirman los vecinos de la Asamblea Ciudadana del Barrio de Universidad (ACIBU), asociación que ha elaborado un censo de estos locales y que denuncia que la zona se está convirtiendo en un “parque temático de ocio nocturno”.

Por este motivo, los representantes vecinales exigen al Ayuntamiento una moratoria para que no se puedan abrir más locales de hostelería en el área.

“La amenaza que se cierne sobre el barrio es clara: si siguen abriendo locales se convertirá en una gigantesca sala de fiestas incompatible con el descanso y la convivencia”, afirma Jordi Gordon, portavoz de la asociación. “No vamos contra los bares. Sólo decimos que, con los más de 500 que ya hay, tenemos más que suficientes. Y que si no hay moratoria de licencias, el barrio, tal y como lo conocemos, puede desaparecer”.

La cifra de bares aumenta cada día y es más que probable que el censo presentado ante los medios de comunicación ayer por ACIBU ya esté desactualizado.

No a la “invasión de las terrazas”

Otra de las exigencias vecinales es “que se ponga coto a la apertura indiscriminada de terrazas en el espacio público. Las calles y las plazas son de todos los vecinos y vecinas. Nos gustan las terrazas, pero ya tenemos suficientes. Necesitamos espacio para pasear, para descansar, para relacionarnos, para jugar, para hacer deporte, etc, sin tener que gastar”, aseguran. “Si cada local instala una terraza, las calles y las plazas se convertirán en un centro comercial al aire libre, y nosotros queremos vivir en un barrio de verdad. Somos un barrio, no un parque de ocio nocturno”.

Derecho a dormir

El exceso de ruido es una de las consecuencias que genera la proliferación de locales de hostelería, según ACIBU. La reciente aplicación de la Ley Antitabaco habría contribuido a aumentar el problema, debido a que los clientes de este tipo de locales tienen que salir a la calle a fumar.

“Miles de personas visitan nuestro barrio todos los días, especialmente los fines de semana. Si el barrio se llena de terrazas, y se amplían o se incumplen los horarios -tal y como está sucediendo- es imposible que podamos descansar. El mapa municipal del ruido nos señala como una zona especialmente en riesgo. Las charlas, los gritos, los corros de fumadores, la venta ambulante de alcohol y los participantes en el botellón convierten el descanso en una misión imposible, y nosotros tenemos derecho al descanso“, dice Jordi Gordon.

“Los vecinos y vecinas que vivimos en el centro de Madrid también tenemos derechos, los mismos que cualquier otro vecino en cualquier otro punto de la ciudad”.

Campaña ‘No más bares en Malasaña’

La denuncia de los vecinos se orquesta a través de la campaña ‘No más bares en Malasaña’, presentada ayer ante los medios de comunicación y que busca “un compromiso firme por parte de los partidos políticos antes de las elecciones, de congelar el número de locales de hostelería y garantizar, de esta manera, los derechos y el descanso de los vecinos”. “Esta situación tiene arreglo“, manifiestan.

ACIBU asegura que otros barrios del centro de Madrid viven una situación similar e invitan a vecinos, comunidades de vecinos y asociaciones del centro de Madrid a sumarse a la petición de moratoria que proponen, para lo que han habilitado una dirección de correo electrónico: nomasbaresenelcentrodemadrid@gmail.com

Carencias históricas

Con excedente de bares, el barrio de Universidad, sin embargo, es deficitario de espacios dotacionales. Isabel Rodríguez, presidenta de ACIBU, aprovechó la presentación de la campaña para recordar que la zona sólo cuenta con un centro de salud para atender a casi 35.000 habitantes (el estándar de calidad dice que debería haber 1 por cada 25.000); una falta de 700 plazas en educación infantil;  que posee una única biblioteca, que lleva dos años cerrada por obras; que no hay polideportivo ni piscina pública, y que sólo se cuenta con un centro de mayores para atender a unas 5.000 personas con más de 65 años.

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