primer periódico hiperlocal en España | año VII | 10 de diciembre de 2016
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Nuevo libro de fotografías sobre Malasaña

‘Goodbye Malasaña’ es el título del tercer libro que el fotógrafo Manuel Sosa dedica al barrio.  Presagia fin de ciclo en la temática artística de un autor que en los últimos tiempos ha tenido como única musa nuestras calles y gentes. “Lo mejor que me han dicho de mis fotos es que sólo con mirarlas dan ganas de conocer Malasaña mejor”, afirma un Sosa que ante el compromiso de señalar las imágenes más especiales que incluye en su nuevo volumen no duda en destacar como “la que más define a Malasaña” una tomada con un gran angular en Corredera Alta de San Pablo esquina con Espíritu Santo y en la que destaca la figura de un butanero.


Y es que el barrio que retrata el trabajo fotográfico de Sosa es, sobre todo, diurno y dinámico, próximo y hasta familiar, más de vecino que de turista o de visitante ocasional y mucho más castizo que moderno y, como tal, mucho más real y menos mediático. “Alguien puede echar en falta, y yo el primero, fotos de esa Malasaña nocturna. Sí puedo decir que me he pateado la noche, pero como no me gusta ‘flashsear’ a nadie me he abstenido. Por otra parte, yo soy ave más bien diurna y ya se sabe que por la noche todos los gatos son pardos”.

Manuel Sosa se autodefine como “un narrador de historias” antes que como fotógrafo y “un casi notario”. Lo que podemos encontrar en ‘Goodbye Malasaña’ es, según él mismo, “un exhaustivo catálogo de lo que se puede ver y observar en este barrio y en este momento”. Las más de 70 imágenes que lo componen fueron tomadas entre finales de 2011 y la actualidad y son consecuencia de “muchas horas de callejo, paciencia, muchos tiros errados y días de buena fortuna. Pero sobre todo de paciencia y paciencia. Algunas fotos están tomadas con un teléfono móvil, otras con una réflex o con una cámara compacta: todo dependiendo de la discreción con la que se quisiera hacer la fotografía. He buscado la mayor proximidad con lo fotografiado en un acercamiento casi íntimo con las personas y con las cosas y he procurado que todas las fotografías denoten movimiento, acción, dinamismo; prefiriendo los borroso a lo nítido, ‘Ligeramente desenfocado’, como sugería Cappa. Lo importante para mí ha sido tener una idea y estar o intentar estar en el momento justo”.

“Mis fotografías son un cruce de textos, imágenes: El Bosco, Dalí y sus objetos blandos, el mundo de William Faulkner, las aventuras de Tom Sawyer, El Quijote de don Cervantes, muchos versos. Y, claro, mis fotógrafos de cabecera: Walker Evans y toda su generación de fotógrafos americanos; por su puesto, Frank Cappa, Robert Doisneau, Eugène Atget, Catalá Roca… Y de Borges y su obsesión con los espejos y la relación del espacio y el tiempo”, indica Manuel Sosa. “No tiene nada de novedoso ni de experimental, parte de una idea simple, de la idea inicial de la fotografía: el documento, el testimonio de cómo se pudieron ver las personas y las cosa en un determinado momento. Cada toma fotográfica es para mí un mero apunte, al que luego en el laboratorio voy dando forma, interpretando. Nunca se ha añadido un color que previamente no estuviera en el negativo original… “.

Sobre su gusto por emplear el efecto de 0jo de pez, Sosa asegura que, a su modo de ver, “la vida en general, independientemente de las circunstancias personales de cada uno, es un poco trágica y con el ojo de pez aparece más cómica. También es una útil herramienta para resolver ciertas escenas, pues esta lente te permite una proximidad intima con lo fotografiado”. Fotografiar la vida a través de los espejos es otra constante en su trabajo. “Tengo una especial atracción a ver las cosas a través de los espejos, les da un punto de vista diferente… Es una influencia borgiana”.

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