primer periódico hiperlocal en España | año VII | 8 de diciembre de 2016
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Pía Tedesco, de profesión cabaretera

Pía Tedesco | Foto: A.P

Pía Tedesco necesita poco más que un escenario donde quepa un piano “de los de verdad” -y el público pueda estar lo suficientemente cerca de ella- para ser feliz. Su vida es el cabaré y a ello se dedica desde hace una década cuando, incapaz de decidirse entre su pasión por la música o por la de la actuación, descubrió en este género su equilibrio artístico.

“Yo ya hice voto de pobreza, pero al menos hago exactamente lo que quiero“, bromea al hablar de lo difícil que es vivir del arte en Madrid, “donde a la gente le cuesta rascarse el bolsillo para pagar una entrada de 6 euros, pero que llena la sala cuando el espectáculo es gratis; donde los empresarios evitan pagar fijos y negocian con los artistas porcentajes de las consumiciones, ahora que con la crisis se toman menos copas. Para tener cierto nivel te tienes que dedicar todo el día a esto, pero se está yendo la constumbre de pagar por el arte. La gente espera que lo hagamos gratis porque amamos lo que hacemos y sí, sólo que necesitamos unos mínimos para comer y poder ducharnos”.

Y todo ello en la ciudad donde el ‘buslesque’ está de moda, le hacemos notar. “Sí, pero lo que yo hago no pertenece a esta rama del cabaré que incluye algo de destape y es una variante que surgió más para turistas. Mi espectáculo se parece más a ese cabaré primitivo de los años 20 del siglo XX que se dio en Berlín y París, con mucho de crítica social, pero siempre divertida. El cabaret que cree que es todo tan ridículo que nos podemos reír de lo que pasa”.

Asegura Pía que las épocas de crisis son buenas, creativamente hablando, para el cabaré. “Es que es una forma de enfrentarse a la crisis o a la realidad, que es muy dura. Hay que tomarse la vida en serio, pero con más distancia. Hay momentos en los que o saltas por la ventana o lo miras todo con cierta lejanía, te ríes, cantas o escribes un libro y sigues hacia adelante”.

Cabaret Tóxico es el nombre del ‘show’ autoproducido con el que esta argentina de nacimiento y vecina de Malasaña desde hace un lustro gira en estos momentos de aquí para allá junto al pianista Luca Frasca. En su repertorio, desde clásicos de Bertold Brecht y George Brassens a temas compuestos por ella misma o rescatados directamente del olvido de los antros parisinos de entreguerras en los que triunfaban unas desconocidas en España María Dubas o Yvette Guilbert. Canciones que Pía ha traducido al español y que nunca antes se habían escuchado por estos lares.

En su trabajo hay mucho de investigación. “Internet, blibliotecas, casas de discos, libros, amigos interesantes que te guían y viajes constituyen mis fuentes de información. Siempre tirando del hilo del expresionismo alemán, que me encanta”, confiesa.

“Cantamos al whisky, al alcohol en general y al efecto que causa en las personas, a las drogas, la soledad, el amor. Tomo cada canción como si fuera un monólogo, me dedico a interpretarla, con mucho de interacción con el público, no hay cuarta pared. Si no se participa en el arte está todo muerto”.

En el barrio, el teatro Lara o El hombre moderno, saben de su arte, aunque sus ultimísimas actuaciones la han llevado a lugares como Vigo, Burgos o Zamora -“fuera de Madrid se paga mejor”- y en un horizonte cercano la esperan ciudades como Berlín o Nantes (“cosas del Myspace”).

A todo esto, prepara un disco “con amigos”, arma un repertorio para la Orquesta de Cámara de Ávila -con la que actuará- y, aún tiene tiempo para ultimar el debut de una verdadera rareza: una formación por bautizar -dedicada al jazz antiguo y a hacer versiones divertidas y bailables- en la que cinco ukeleles (entre ellos el suyo) llevarán la voz cantante, junto a un contrabajo, una batería y un -asómbrense- theremin. Pese a tal cantidad de proyectos y de actividad, Pía asegura que si las cosas verdaderamente se tuercen está valorando hacerse nómada, “e irme a cualquier ciudad donde me reclamen para actuar, porque no me apetece hacer otra cosa“.

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