primer periódico hiperlocal en España | año VII | 11 de diciembre de 2016
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Plaza de la Luna, no la busques en el callejero

La Plaza | L.C.

La Plaza | L.C.

Si fuera un personaje de película sería el protagonista de Y con él llegó el escándalo. La plaza de Santa María Soledad Torres Acosta, más conocida como la Plaza de Luna o incluso “la de los cines Luna”, lleva tatuada a fuego la leyenda negra de patio trasero conflitivo de la Gran Vía.

Entre las calles de Tudescos, Desengaño, Concepción Arenal y dibujada en su alero más grande por la calle Luna, se formó con el derribo del palacio de Monistrol en 1970. En él se fundó el banco de San Carlos en 1782, allí se encontraba – en sus bajos – el Teatro Buenavista desde 1837, y allí estuvo una conocida sede de CNT durante los años de la guerra.

El auténtico nombre de la plaza, el de Santa María Soledad Torres Acosta, se lo debe la plaza a una religiosa que fue superiora de las Siervas de María a la que hicieron santa en 1970. Quizá su nombre en la congregación es demasiado largo y de ahí el olvido popular, claro que el verdadero era Bibiana Antonia Manuela Torres Acosta. La cosa no tenía solución.

Una vez derribado el palacio queda la Iglesia de San Martín como testigo de años pasados. Recoge el testigo de otra parroquia de San Martín de mucha tradición en la ciudad que recayó en el antiguo convento de Portacoeli con motivo de las desamortizaciones del XIX. El convento, fundado en 1644, se encontraba vacío tras la exclaustración de los frailes.

El edificio es una joyita del barroco madrileño del que sobresale la portada, que si bien hay quien discute sea de Churriguera, está claro es churrigueresca. La parroquia de San Martín de Tours esconde alguna historia curiosa: en ella hay semiolvidado un reloj de sol, y en ella descansan los restos, en un pequeño féretro que se puede ver según se entra a mano izquierda, los restos de Alexia González Barros, la niña que inspiró la premiada película Camino.

De una historia más reciente encontramos otro edificio emblemático en la zona, el de los cines Luna. Los Luna abrieron sus puertas proyectando Sangre sabia y El cuchillo en la cabeza el 1 de abril de 1980, títulos hoy casi tan olvidados como los tiempos en los que las salas eran lugar de peregrinación para los amantes de la versión original en Madrid. Con el tiempo el edificio se ha ido deteriorando, los cristales, protagonistas de su estructura, ensuciándose hasta convertir al inmueble, para más inri apoyado en la iglesia, en un ejemplo recurrente cuando se habla de desatino urbanístico

Paisajes.

Una mujer se tambalea mientras canta con aspaviento de gran dama Y los chicos del barrio le llamaban loca, su concurrencia: un anciano de garrota que no entiende nada y, sentado a su lado, un muchacho subsahariano que no entiende el español. Al otro lado de la plaza el pintarrajeado ascensor del aparcamiento da cobijo a una prostituta de cierta edad que saluda cordialmente a un vecino, que viene de comprar en el Sabeco de enfrente. Un Sabeco regentado por chinos. No cabe duda de que la plaza de Luna ofrece buen material para un sainete moderno, podría resultar entrañable si no mediara tanta miseria.

Tampoco una mirada longituinal a la plaza, fijándose en la orografía que sostiene a su variopinto paisanaje, ofrece un buen ejemplo de integración urbana pese a la reciente remodelación: mucha piedra, desniveles, un jardín infantil raquítico y esquinado en el punto más marginal, los soportales de los edificios de oficinas de un lateral, el jardín vertical “de pelo aún ralo” que adorna una medianería al fondo…

La plaza parece tener poca solución, en 2007 al ayuntamiento no le quedó más remedio que poner en marcha una remodelación urgente tras las protestas con vídeo en ristre de los vecinos pero los resultados no parecen contentar a la mayoría, que ven en la nueva plaza un horno de piedra poco apetecible para las relaciones humanas más allá de las ferias y mercadillos que cada dos por tres la ocupan.

Seguramente es por ello por lo que la ciudadanía ha protagonizado en los últimos años varios intentos expontáneos de reinterpretación de este espacio. Durante algún tiempo una serie de vecinos realizó desayunos públicos. Hasta en doce ocasiones bajaron sus magdalenas para un acto de encuentro que recuperaba la calle para la gente y que incomprensiblemente se encontró en alguna ocasión con el muro policial. Otro ejemplo de reivindicación activa fue la okupación temporal de los cines durante la Semana de Lucha Social Rompamos el Silencio. Unas cincuenta personas entraron en el edificio, donde, entre otras actividades, se volvió a proyectar películas.

Según nos contaba el otro día el concejal del distrito la remodelación de la plaza concluirá en breve con la instalación de un kiosko de hostelería y una comisaría que acabará con la marginalidad en la plaza. Un simple intento de esconder la basura debajo de la alfombra.

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