primer periódico hiperlocal en España | año VII | 7 de diciembre de 2016
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Reabre la capilla del Museo de Historia: ¿qué cuenta sobre el pasado de Madrid?

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El pasado jueves, 10 de noviembre, reabrió la capilla del Museo de Historia de Madrid con un concierto de música clásica, al que acudieron diversas autoridades. Un espacio singular que abrió al público tras nueve años cerrado, y en el que se han invertido 402.095 euros durante la rehabilitación llevada a cabo durante el último año. No intenten ir a visitarla, de todas formas, el espacio sólo abrirá los días que albergue conciertos o conferencias (el próximo 26 de noviembre dará comienzo un ciclo de música barroca, y próximamente acogerá un ciclo de conferencias sobre la figura de Carlos III).

Durante la última rehabilitación se han eliminado barreras arquitectónicas, restaurado los óleos de las pechinas e instalado suelo radiante. Una de las buenas nuevas reside en que volverá a ser visible -los días señalados en el calendario de eventos- San Fernando ante la Virgen, del pintor italiano Luca Giordano, un lienzo de casi seis por cuatro metros muy unido a la historia del edificio.

El cuadro de Giordano -conocido en España como Lucas Jordán– estuvo muchos años perdido sin moverse del sitio. La obra se colgó en la capilla en 1703 y estuvo allí hasta que, a mediados del siglo XIX, se le perdió la pista. A principios de los 90 se descubrió que había sido repintada para tapar las figuras desnudas. El lugar de la capilla fue utilizado como biblioteca Municipal y, cuando en 1990 ésta fue trasladada a la actual ubicación dentro del Cuartel del Conde Duque, se encontró el cuadro transformado. “Empecé con un trozo de la cara de un ángel. Cuando vi que debajo había otros trazos, chillé y salté. Me emocioné”, recordaba la restauradora en El País, en 1994. Tras dos años de restauración el gran cuadro barroco recuperó su esplendor y hoy podemos volver a admirarlo.

Un museo en el antiguo Hospicio…y una capilla como testigo de los cambios

El hospicio hacia 1920 | Arte en Madrid

El hospicio hacia 1920 | Arte en Madrid

El Museo ocupa parte de los que fue el antiguo Hospicio, que fue fundado en tiempos de Felipe IV para proporcionar asilo a pobres y enfermos. Al principio estaba situado en la calle de Santa Isabel, pero en 1674 se trasladó a unas casas de la calle Fuencarral, junto a lo que entonces eran los pozos de nieve, quedando a cargo de la Hermandad del Ave María y San Fernando, y patrocinado por la reina Mariana de Austria.

Durante los años siguientes se hicieron obras para dotar al Hospicio de un edificio nuevo. De esta época data la capilla (1699-1703), obra de José de Arroyo, donde se instaló el cuadro de Giordano.
En 1721 comenzarían las obras del nuevo Hospicio, a cargo de Pedro de Ribera, un colosal complejo de 15.000 metros cuadrados entre las calles Fuencarral, Beneficencia, Florida –actual Mejía Lequerica- y Barceló. La capilla es el elemento que une este Hospicio del XVIII con las estancias del primer establecimiento.

Originalmente se recogía a todo tipo de mendigos pero posteriormente sólo a niños procedentes de la Inclusa, a huérfanos de padre hasta los trece años y a los pobres de solemnidad. A partir de 1847 pasó a depender de la recién creada la Dirección General de Beneficencia, Corrección y Sanidad.

A principios del siglo XX el edificio estaba ruinoso, y el gusto de la intelectualidad de la época bramaba contra el denostado estilo barroco del Hospicio, lo que a punto estuvo de suponer su total desaparición. Sin embargo, el edificio contó también con defensores pertinaces, y en 1919 se declaraban Monumento Histórico-Artístico, como salvoconducto de indulto, la fachada, la primera crujía y la Capilla. A pesar de ello, en 1922 dejará de ser para siempre hospicio, y en 1923 comenzó la demolición (la idea era desmontar la portada a la espera de saber donde recolocarla). Se autorizó, además, la venta de los terrenos. Tras la celebración de la importante Exposición del Antiguo Madrid y un intenso debate social el Ayuntamiento compró el edificio y se salvaron la fachada completa que da a la calle de Fuencarral y la Capilla.

A partir de 1929 se instalaron en el Hospicio el Museo Municipal y la Biblioteca Municipal, que ocupaba la planta baja, quedando la capilla destinada a sala de lectura. Tras el parón de la guerra y la reparación de los desperfectos ocasionados por los bombardeos, el Museo reabrió en 1942. A pesar de ello, no hubo década que no conociera cierres y obras. La última de las reaperturas del Museo ocurrió a finales de 2014, y ahora la capilla vuelve también a ser de nuevo visitable.

Pobreza: una historia ligada a la del clero

Hospiciano, con el atuendo con el que se acudía a los acompañamientos en entierros.

Hospiciano, con el atuendo con el que se acudía a los acompañamientos en entierros. | BNE

La pervivencia de la capilla desacralizada ayuda a pescar en los recuerdos de un edificio que, pese a cumplir la función de museo de historia de la ciudad, tiene una trayectoria bastante desconocida. De la importancia de la institución habla el hecho de que diera nombre a todo un distrito de Madrid (Hospicio).

Además de cumplir funciones sociales y caritativas, podríamos considerar al Hospicio como un centro fundamental para el funcionamiento de la ciudad de Madrid durante los siglos XVIII y XIX. Un elemento estructural y estructurador en el que la Iglesia cumplía un papel fundamental.

En las sociedades estamentales la figura del pobre cumplía una función social: era necesario para la salvación del rico a través de la caridad, en lo que la Iglesia tuvo un papel crucial a través de las cofradías. El papel de los pobres en este sentido se ve bien en las procesiones de Semana Santa, en las que los pobres acompañaban a los miembros del clero, visibilizando su papel en el cuerpo social (con un atuendo “oficial” y un cartel que les distinguía como pobres). Estos acompañamientos se producían también en los entierros.

Esta costumbre se mantendría durante el siglo XIX, y aparece, por ejemplo, en Fortunata y Jacinta: “¡En el Hospicio! —exclamó Jacinta con la cara muy encendida— ¡Para que le manden a los entierros.. – y le den de comer bazofias..!”

De forma encabalgada, el Hospicio sirvió para hacer entrar a las clases improductivas en las sendas del trabajo capitalista. Los hospicianos podían aprender allí los oficios propios de las fábricas que el complejo albergaba. Trabajo y rezo como elementos disciplinadores, en opinión de distintos autores:

En Madrid, como en otros países, el Hospicio intentó transformar la conducta de los pobres, reeducándolos a través del trabajo, que para las autoridades constituía el medio ideal para contrarrestar los “pecaminosos” peligros de la ociosidad. Los pobres aptos para trabajar eran ocupados en el cardado, hilado y tejido de lanas, la labra de esparto y lienzo, la costura y calceta, la zapatería y sastrería” (Artesanos y mercaderes: una historia social y económica de Madrid (1450-1850), José A. Nieto Sánchez.)

Uno de aquellos niños del hospicio fue Pablo Iglesias, el fundador del PSOE, quien aprendió allí el oficio de tipógrafo. En aquellos años Iglesias era elegido para marchar junto a la Sagrada Forma por su carácter sereno. Sin embargo, no lo pasó siempre bien el futuro socialista en la institución de la calle Fuencarral (de la que acabará siendo expulsado por escaparse para visitar a su madre). Cuentan sus biógrafos que, en ocasiones, andaba tan debilitado por la falta de comida que el olor de los cirios de la capilla le producía mareos.

Recuperamos ahora un rincón de gran valor artístico e histórico que, además de sumar en la nómina de espacios culturales, viene a ayudarnos a comprender la importancia y la naturaleza de un edificio que, desde hace siglos, ha sido mucho más el punto de encuentro, junto al metro, para salir por Malasaña.

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Luces de Navidad 2016 – 2017 en Madrid: calles y diseñadores

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