primer periódico hiperlocal en España | año VII | 4 de diciembre de 2016
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Resituacionismo en Malasaña

Por Daniel Martín Bayón

Foto: Paula Lloveras

El situacionismo (1957-1972) fue un movimiento que tuvo lugar en París, desde donde se extendió por toda Europa, y que jugó un papel determinante en el famoso Mayo del 68. La Internacional Situacionista se constituyó como un colectivo reunido para llevar a cabo una nueva unión de vanguardia e ideología revolucionaria que reclamaba la igualdad y la libertad en el contexto de la denuncia de la sociedad del espectáculo. Para ello se pretendía, entre otras cosas, favorecer que la obra de arte dejara de ser un objeto único y pasara a ser un instrumento crítico, privilegiando la acción colectiva frente a la individual, para cambiar el mundo mediante la construcción de situaciones subversivas que, en el ámbito público, hicieran reflexionar sobre la vacuidad y perjuicio de la alienación que provocaba la sociedad del espectáculo.

El principal teórico de la Internacional Situacionista, Guy Debord, propugnaba diversos modos de acción para llevar a cabo esta labor, como la tergiversación (“detournement”) del texto y la imagen, que consistía en la utilización de elementos artísticos preexistentes para formar una nueva unidad, de forma que se perdían los significados iniciales y se formaba un nuevo conjunto significativo más rico, o la deriva (“dérive”), que consistía en un modo de comportamiento experimental relacionado con las condiciones de la sociedad urbana, consistente en vagar apresuradamente por las calles de la ciudad. Mediante la deriva se re-creaba el espacio a través de su vivencia subjetiva, de forma que se elaboraban mapas particulares del espacio público que podían no corresponder con los mapas objetivos/oficiales. La representación gráfica de estos mapas subjetivos determinados mediante la deriva se denominaban psicogeografías. Todas estas estrategias servían para volver a combinar símbolos ya existentes, pero otorgándoles un nuevo sentido crítico con el que construir situaciones subversivas contra la llamada “sociedad del espectáculo”, que no es otra que la sociedad de consumo que nos impone una restringida experiencia de vivir.

Otra estrategia involucrada por aquella época en la intervención en espacios públicos con el objetivo de denunciar la sociedad de consumo y la alienación a la que sometía al ciudadano fue el décollage. Empleado tanto por algunos miembros del Nuevo Realismo francés (Jacques de la Villeglé, Raymond Hains, François Dufrêne) como por miembros de Fluxus (Vostell), esta estrategia consistía en el desgarro de carteles publicitarios mediante un acto de piratería que producía formas lingüísticas y gráficas aleatorias, al tiempo que constituía un acto de protesta contra la invasión del espacio público por la propaganda de bienes de consumo. Aunque en principio ajeno al situacionismo, el décollage también consistió en una práctica de tergiversación y modificación de elementos preexistentes que trasladaba al espacio público y al discurso de la cultura de masas la protesta contra la sociedad de consumo.

En la práctica

De aquellas protestas del mayo del 68 han quedado algunos medios expresivos con los que estamos muy familiarizados en la actualidad, y más en un barrio como el de Malasaña. Los graffiti, las consignas en los muros o la pega de carteles sin firmar se hicieron populares entonces, y hoy proliferan con distintas funciones, unas más críticas que otras. Muchas de estas formas de expresión han sido incluso asimiladas por la misma sociedad de consumo contra la que se idearon, pero por todas partes aún pueden verse auténticas muestras de estas prácticas que conservan todo el espíritu crítico situacionista.

Bajo el título de “arte callejero” esta publicación ofrece una descripción actualizada de las intervenciones que, en este sentido, tienen lugar en el barrio. Toda esta actividad expresiva, reivindicativa y en último término artística, contribuye a un enriquecimiento de la vida intelectual del espacio público que es el barrio, ya que de esta manera un simple paseo por sus calles se convierte en un auténtico ejercicio de reflexión en torno a cuestiones tan importantes como la configuración comunitaria del espacio público, la convivencia entre identidades diversas y los conflictos que genera, la construcción misma de la identidad, etc.

Existe un espacio cultural en Malasaña en el que también podemos observar distintos ejemplos de prácticas derivadas del situacionismo, con diferentes implicaciones a la hora de contribuir a conformar una vivencia subjetiva y más flexible del barrio. Se trata, una vez más, de la sala LAPIEZA, en la calle Palma nº 15. En este espacio, cuyo funcionamiento hemos descrito en otras ocasiones, se dan cita un gran número de artistas, muchos de los cuales centran su práctica en cuestiones relativas a la experiencia subjetiva del barrio en alguna de sus dimensiones.

Protagonistas


En el caso del videoartista TOMOTO, su serie ‘copos‘ constituye un auténtico registro en vídeo de prácticas de deriva al más puro estilo situacionista, convirtiendo un cotidiano paseo por las calles en un acontecimiento irrepetible, lleno de momentos de gran intensidad subjetiva, a lo que sin duda contribuye la elección de la música de EL INTRUSO como banda sonora con la que construye sus inquietantes atmósferas. ESLOMO, por su parte, ha propuesto en la sala distintos ejemplos de tergiversación, localizando objetos abandonados o arrinconados por las calles y resituándolos en el espacio de LAPIEZA, en el cual rodeados del resto de objetos, contribuyen a formar un nuevo esquema de significado y se resisten a la fugacidad a la que fueron condenados por la sociedad de consumo. Es esta especie de callado y desvalido grito de resistencia el que parece dotar a las creaciones de ESLOMO de la poética narrativa que las caracteriza.

Si el “milhojas porno” de JONAY P MATOS recupera prácticas emparentadas con el décollage, su “cintas” se relaciona con las psicogeografías al trazar mediante cinta adhesiva un esquema subjetivo de las relaciones humanas recorridas durante el acto de su creación. KRAPOOLA construye su particular visión psicogeográfica de espacios habitables pero asfixiantes a partir de la acumulación de deshechos. PAULA LLOVERAS parece preferir el lenguaje formal del arte conceptual a la hora de plantear sus acumulaciones, pero una creación como “ciudad semilla” (8) también desarrolla aspectos de psicogeografía situacionista cuando se trata de representar el espacio urbano hiperdenso.

En resumen, en LAPIEZA pueden encontrarse diferentes psicogeografías, modos de representación subjetiva de un recorrido a la deriva entre los desperdicios de la sociedad de la abundancia con muchos ecos situacionistas y en general de los movimientos críticos de las vanguardias postdadaistas del siglo pasado. Estas relecturas de lo cotidiano que nos rodea contribuyen, junto con las manifestaciones del arte callejero del barrio, a hacer de Malasaña un entorno activo de reflexión en torno a la vivencia contemporánea del espacio urbano y la sociedad en que se produce.

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