primer periódico hiperlocal en España | año VII | 4 de diciembre de 2016
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Calle de San Andrés, todas las Malasañas

San Andrés | L.C.

San Andrés | L.C.

San Andrés corta longitudinalmente el barrio, desde Espítitu Santo a Carranza. En su camino se encuentra con algunas de las calles más emblemáticas de Malasaña: San Vicente Ferrer, la Palma, Divino Pastor y Manuela Malasaña.

El nombre

Hay dos versiones sobre el nombre de la calle, una según la cual se supone se debe a una capilla que allí había dedicada al santo y otra que habla de un capitán de Felipe V veterano de la batalla de Almansa que le trajo a Madrid una bandera como botín de guerra. El capitán recibió como premio una casa en nuestra calle, a la que llamó San Andrés en honor a la cruz que tenía estampada la bandera culpable de su buena fotuna.

La calle hoy…

La vieja fábrica de hielo | L.C.

La vieja fábrica de hielo | L.C.

Desde la plaza de Juan Pujol (desde Espíritu Santo en realidad), vamos dejando a los lados un buen número de establecimientos populares. En la misma esquina, el restaurante Ojalá, un clásico ya de la reinvención culinaria a buen precio, con una curiosa parte de abajo con arena de playa; casi en frente, Casa Camacho, un irreductible de los botellines y el vermut de grifo. Cuando se nos cruza San Vicente Ferrer nos topamos a mano derecha con una casa baja donde estuvo el mítico pub Jazz Madrid, el que tanto tiempo fuera afterhours roquero del barrio es hoy domicilio particular; y a mano izquierda, con los bonitos azulejos de la farmacia Juanse, que lleva en el barrio nada más y nada menos que desde 1892. En su colorida fachada nos anuncian sus productos milagrosos con el sello de calidad de laboratorio de especialidades Juanse. Todo un lujo para las aceras del barrio que algunos graffiteros cutres no han sabido entender.

Pero el edificio que más destaca en el tramo de calle entre San Vicente Ferrer y La Palma es el de los pisos que conservan la fachada rehabilitada de la antigua fábrica de hielo La Industrial (1928), que ocupa la manzana que hace esquina entre San Vicente Ferrer y San Andrés.

Al cruzar la Palma entramos directamente en el área de la Plaza del Dos de Mayo, rincón cargado de historia hoy zona lúdica de botellón, paso o terraza. Entre los locales de ocio de la zona destacan el Garaje Sónico, refugio madrileño de la música indie desde hace años, y el café Pepe Botella, donde todavía la concurrencia recuerda cuando a Amenábar, antaño parroquiano del local, le robaron uno de los premios Goya que adornaban la barra el día de la fiesta de celebración de su exitosa cosecha por Abre los ojos.

Una vez pasamos la plaza, poco a poco el paisaje urbano va anunciándonos que al final de la calle saldremos del barrio, pero aún nos encontramos con establecimientos que rezuman espíritu malasañero como la tienda de fetiches cinematográficos Cinemaspop o la tienda de camisetas Huellas. Cuando cruzamos Manuela Malasaña y llegamos a Carranza ya no cabe duda, los espacios son abiertos, las paredes más limpias, los rótulos de las tiendas más comunes…ya no estamos en Malasaña.

…y la calle antes.

Ramona y Paqui caminan por San Andrés, son madre e hija y vecinas del barrio de toda la vida. El padre de familia trabajó en la fábrica de hielo. Nos hablan del primer tramo de calle, de los comercios que ya no son, como una churrería magnífica que hubo mucho tiempo después de la farmacia. A continuación había una pescadería. En el lugar de una moderna imprenta en el tramo entre las calles Espíritu Santo y San Vicente Ferrer había en la infancia de nuestra vecina de 45 años una droguería llamada La Flor del Olivo “donde incluso tenían juguetes”. El Jazz Madrid era una frutería y la tienda “de chinos”, los ultramarinos de Doña Francisquita, como todavía atestigua un cartel.

El tramo de la calle que cierra el Dos de Mayo es un pequeño museo de referencias a los episodios de 1808. En el 16 de San Andrés hay una placa que recuerda que allí estuvo el cuartel de Monteleón “con Benita Pastrana defendiendo el cañón del Teniente Ruiz hasta ser herida de muerte”. En el número 24 otra placa recuerda que “en torno a este lugar estuvo la casa de Manuela Malasaña”.

San Andrés es una auténtica cata de las distintas malasañas, que va dejándonos a los lados retazos de vidas en forma de comercios y fachadas.

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