primer periódico hiperlocal en España | año VII | 4 de diciembre de 2016
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San Dimas: cara a la pared


Entre la calle de Palma y el callejón sin salida que fue conocido como “las tapias, transcurre San Dimas. Mucho sabe de tapias por cierto la calle, ya que fue una de las colindantes con la cerca de Felipe IV, que ocupaba el tramo de la contigua Santa Cruz de Marcenado.

San Dimas, que ya se llamaba así en el Plano de Espinosa (1769), le debe el nombre a un humilladero que había dedicado al santo ladrón. Los terrenos en los que se encontraba eran propiedad del duque de Monteleón y una vez desaparecido, la imagen del santo y unas supuestas reliquias pasaron al convento de la Merced.

Se trata San Dimas de un paseo tranquilo sin salida, una corta caminata con la vista fija en un muro con mil vidas, quizá lo que más caracteriza a la calle. Dicho muro, que hoy da a un grupo de viviendas, fue en su día el que delmitada el antiguo Hospital de la Merced.

Hospital de la Merced | http://www.flickr.com/photos/nicolas1056/

En pie hasta 1953, se construyó en conmemoración del nacimiento de la hija primogénita de Isabel II, la infanta Isabel Francisca, en 1857. Ocupaba un gran solar entre San Bernardo y Alberto Aguilera y tenía un jardín que lo aislaba de la ciudad. Hoy, del jardín no queda más recuerdo que la característica vegetación colgante de los edificios de la cooperativa de Viviendas Militares. Estas moles de hormigón que apenas se atisban tras el muro de San Dimas, fueron levantadas por el arquitecto Francisco Higueras y se pueden disfrutar en toda su magnitud desde la glorieta de Ruiz Jiménez.

En la tapia de San Dimas mira desde hace unos meses un inmenso rostro con gafas de sol y puro, un gran mural de Boa Mistura, prestigioso colectivo artístico proveniente del arte urbano cuya obra podemos rastrear también en la decoración de la vecina librería Fuentetaja.

Una noche cualquiera en la sala Siroco | SIROCO.ES

Por lo demás San Dimas tiene la estructura típica de las calles de la zona, mezcla de caserío decimonónico, parcheado del XX y restos más antiguos que dejan testimonio de la veteranía de la vía, como el caserón donde están el estudio Albahaca y la galería Deus Máquina. Al principio el bucllicio ocasional de vermú de La Palma, al final el muro, entre medias un camino de pocos comercios que interrumpen las calles de Quiñones y Monserrat. Y el Siroco.

El bar Siroco es sin duda la mayor referencia mental de las últimas décadas para la calle San Dimas. Club auténtico como pocos en la capital, es conocido por programar en su planta sótano las bandas menos evidentes pero de más calidad del panorama nacional e internacional. En 2010 la sala cumplió veinte años y sigue al pie del cañón de la noche madrileña, sirviendo de trampolín a los que empiezan y de llegada íntima a artistas consagrados.

Tomarse un vermú en la Palma y asistir a un concierto en San Dimas 3, mirar al frente y ver un camino solitario hasta la tapia. Esa es – ni más ni menos – la imagen que nos viene a casi todos en el barrio al pensar en San Dimas.

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