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Sánchez Dragó pide poner el nombre de su padre a la plaza del franquista Juan Pujol

Sánchez Dragó, en 2006 cuando acudió a Juan Pujol para cambiar su nombre | EL MUNDO

Sánchez Dragó, en 2006 cuando acudió a Juan Pujol para cambiar su nombre | EL MUNDO

Al único lugar de Malasaña perteneciente al callejero franquista, la céntrica plaza de Juan Pujol, le siguen saliendo novias. Vecinos y comerciantes piden mayoritariamente que se recupere su nombre popular, la de Plaza del Rastrillo, otros prefieren que se recuerde como la del Madroño y un grupo de hosteleros intenta que sirva para hacer un homenaje al fallecido músico británico David Bowie.

El último en sumarse al debate de su cambio de nombre –en el aire por la puesta en marcha de la Comisión de la Memoria Histórica municipal– es el escritor Fernando Sánchez Dragó. Él, vecino de Malasaña, tiene algo que decir en todo este debate, aunque solo sea porque el franquista Pujol fue uno de los responsables de que su padre acabara asesinado por unos falangistas durante un paseo en Burgos en 1936.

“He hablado con Carmena, Aguirre y Carmona. Les ha parecido una buena idea quitar la calle. El apoyo de Ciudadanos lo doy por descontado, las relaciones son muy buenas. ¿Cómo se va a oponer alguien a esto?”, declara el escritor malasañero en una reciente entrevista. La ha concedido a El Español, el diario que le acompañó durante una visita a la plaza, en la que expresa su deseo de que el nombre que ocupe la nueva placa sea el de Fernando Sánchez Monreal, el padre al que no llegó a conocer.

Juan Pujol, entonces jefe de prensa del Movimiento, fue la persona que delató al padre de Sánchez Dragó y por el que fue encarcelado. Entonces, Sánchez Monreal era un joven periodista conservador, pero republicano. Poco antes había dejado su casa y a su mujer, embarazada de su hijo Fernando, para cubrir la sublevación franquista. Entonces llegó el encarcelamiento y posterior asesinato. Sánchez Dragó no se enteró de que la derecha había matado a su padre hasta 1956. Y todavía tardó 50 años más en descubrir que Juan Pujol tenía una calle homenajeándole en su propio barrio, a pocos metros de su domicilio. Fue en 2006.

El 3 de septiembre de ese año, Sánchez Dragó llamó a varios amigos falangistas para que le ayudaran a cambiar las placas de la plaza. Cuando lo hizo afirma que llamó a la Policía para que lo detuvieran y así “darle más bombo al asunto”. Pero los agentes se negaron: “Venga, Dragó. No vamos a detenerle por esto. Váyase y ya diremos que ha sido otro'”, explica que le dijeron.

El escritor intentó posteriormente que Gallardón cambiara el nombre. Este prometió llevarlo al pleno del Ayuntamiento, pero nunca lo cumplió. Lo mismo le dijo Carmena -explica dragó en la entrevista- cuando se reunió con él y le facilitó el informe municipal que explica que la calle se renombró en 1969, como homenaje “al periodista Juan Pujol” -no confundir con el espía Garbo, del mismo nombre-. Hasta entonces se conocía como Plaza del Espíritu Santo.

Sorprendentemente, en la entrevista Sánchez Dragó se declara en contra de renombrar el callejero franquista de Madrid: “Salvo que, como en este caso, haya una razón poderosa como la familiar”, afirma. “Me parece absurdo, la historia es la que es”.

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