primer periódico hiperlocal en España | año VI | 3 de septiembre de 2015

Chico Burbuja, micropoeta de barrio

“La micropoesía es contagiosa. La puede hacer todo el mundo y es maravillosa”. Quien así se pronuncia se hace llamar Chico Burbuja y vive y trabaja en Malasaña. Micropoeta a tiempo completo, haga lo que haga, actúa esta noche junto con la cantante Silvina Magari en el Sideral, a las 21 horas, donde ambos ofrecerán un espectáculo gratuito de canciones y micropoemas. En micropoesía la referencia en Madrid es Ajo, otra vecina del barrio de trayectoria dilatada, varios libros editados y a la que pocos discuten ya. Por lo visto, ha sentado precedentes y hay cantera. “Un micropoema tiene que entrar a la primera, deber ser muy breve, muy fácil de entender. Yo, por ejemplo, no publicaría nada que no pudiera entender mi abuela. Ella es el filtro”, asegura Chico Burbuja. “Son juegos de palabras y o te gusta mucho o piensas que es una gilipollez”. “Para mí, obviamente, tiene gran valor. He escrito poesía desde siempre, pero antes hacía textos muy densos que nadie entendía. Me molestaba que me preguntaran una y otra vez lo que quería decir. Poco a poco fui desnudándolos y al despojar la esencia de lo que deseaba expresar de toda cubierta fue como llegué al micropoema. Cada día publico un micropoema nuevo a través de las redes sociales. Escribo sin parar, tengo millones de ellos escritos. No lo puedo evitar e, incluso, pienso en formato breve”. La micropoesía tiene mucho que ver también con la inmediatez y con la vida misma. Todo es susceptible de ser ‘micropoemizado’. “Si para reír no te tengo, para llorar no te quiero” El pasado febrero, Chico Burbuja...

Iván Solbes: ilustrando el oficio de vivir

Por Cristina Arenas Retratos de la crisis… Últimamente encontramos este titular en muchos periódicos. Parados desahuciados… Un esbozo de su historia junto a una fotografía y un calambrazo, al leerlo, que te recorre el espinazo… Desde los márgenes, Iván Solbes, ilustrador, ha construido otro relato de esta época más cercano, en la que los protagonistas se alzan contra la realidad cuando parece que ya no es posible hacerlo. La idea, en su origen, fue muy simple. Iván quería mejorar su técnica de dibujo, pero para ello necesitaba practicar todos los días y un gran número de modelos… ¿De dónde sacarlos? El paro fue la solución. “Empecé en octubre, a principios…. Yo soy ilustrador, y desde hacía un tiempo me veía muy limitado por mi técnica. Como en medio de la crisis tengo muy poco trabajo, hice muchos planes. Uno de ellos era mejorar el dibujo al natural. Este verano lo pasé en la playa dibujando todos los días a mi familia y amigos. Para mí, eso era lo máximo. Además, como estaban tirados en la arena eran los modelos perfectos. Entonces me di cuenta de que si quería aprender a dibujar bien, tenía que hacerlo todos los días. Y de repente, se me ocurrió esta idea… Con toda la gente que hay en el paro, propongo un cambio: alguien viene, se sienta, posa, y luego el original me lo quedo yo, pero la copia digital se la entrego en absoluta libertad. Mi dibujo está para lo que quieran: incluirlo en su currículum, en su red de Linkedin, para promocionarse…” Además, él también difunde la ilustración en sus redes sociales...

René, un muralista en Pez

René Merino lleva más de una década realizando murales de todos los tamaños y técnicas imaginables. Sin saberlo, nos habremos cruzado en la calle, en más de una ocasión, con algunos trabajos de los que es, en buena parte, responsable. ¿Quién no ha visto desde la Carrera de San Francisco, en La Latina, el gigantesco trampantojo que luce en una medianera, o los dibujos originales del gran Mingote en la calle de la Sal -una de las entradas a la Plaza Mayor según se sube por Arenal-, o alguno de los carteles de cine que años atrás lucieron, efímeros, en cines como los Roxy B de Fuencarral?. Hace un año decidió echar a volar por libre y creó su propio estudio de pintura mural y decoración creativa, Doopaint, cuyo taller instaló en la calle Pez. Un realismo extremo y los formatos enormes son las características más llamativas de los trabajos de René, quien aprendió la técnica para moverse como pez en el agua entre bastidores de grandes dimensiones en su época de aprendiz del cartelista de cine Alberto Álvarez. René cuenta que, por fortuna para él, no hay tanta gente que se dedique al muralismo. “De momento, no me puedo quejar”, comenta. “Estoy viviendo de esto, soy un privilegiado”. Además de dedicarse al muralismo, René ha venido desarrollando paralelamente una carrera como ilustrador y asombra, en cierta medida, ver lo que es capaz de hacer sólo con un bolígrafo. Próximamente, tiene pensado ofrecer un curso intensivo de dibujo a bolígrafo en el SomosLocal de Somos Malasaña (Galería de Robles, 5)...

Opinión: Dennos ilegalidades como la de Escorial 16

Un puñado de personas se congregó anoche en la plaza del Dos de Mayo en protesta por el desalojo del CSOA 16.0. La lectura de un manifiesto dio por concluida una reunión que tuvo mucho de encuentro entre amigos y vecinos. Pena, la justa. Ya se sabe, ‘un desalojo, otra okupación’. Cierto que duele que acabe tapiado el trabajo de todo un año -tiempo de existencia del centro-, pero la ilusión no se enladrilla, “ni la libertad”, como se decía ayer. Hace tiempo que la etiqueta ‘okupa’ no da ningún miedo a la sociedad y quienes ayer nos concentramos junto a nuestros vecinos del 16.0 -sí, Somos Malasaña incluido- éramos casi en su totalidad personas que vivimos dentro del sistema y a las que nos gustaba lo que se ha estado haciendo en Escorial 16.0, “un proyecto ético aunque no legal“, como apuntaba  un lector en un comentario a la noticia publicada sobre el desalojo. Cuando se ‘okupó’ Escorial 16, un edificio propiedad de la Comunidad de Madrid, el inmueble llevaba años vacío y cerrado a cal y canto. Nada más ‘liberarlo’ para la ciudadanía, el colectivo que entró en él proclamó que pondría en marcha servicios que cubrieran las necesidades sociales del barrio. Necesidades de todo tipo tiene Universidad para regalar y como el Ayuntamiento no tiene medios para darles respuesta -hay quien piensa que tampoco tiene voluntad- hace tiempo que por el barrio sobrevuela el remedio de la autogestión y del hágalo usted mismo. El 16.0 tenía mucho de ese manos a la obra que resulta ser el siguiente paso que debe dar toda asamblea ciudadana que...

La pesadilla de ruido de E.

Desde febrero de 2011 la nueva Ordenanza del Ruido de Madrid prohíbe, entre otras cosas, hablar en voz muy alta en la calle en horario nocturno. Esa misma Ordenanza contemplaba la creación de Zonas de Protección Acústica Especial, que es como el Ayuntamiento declaró finalmente el distrito Centro hace dos semanas, algo que desde abril se negociaba con representantes de hosteleros del ocio y de asociaciones vecinales del área. Por otra parte, el pasado 15 de julio el Consistorio endureció las sanciones económicas (hasta 600 euros) que pueden aplicarse a quienes hagan botellón en la vía pública. Todas estas medidas persiguen un mismo objetivo: garantizar el derecho al descanso de quienes residen en zonas que, como Malasaña, registran por la noche una agitada actividad. Sin embargo, una cosa es legislar y otra bien distinta hacer cumplir la ley. E. es un vecino de la calle Pozas que hace unas semanas se puso en contacto con este periódico para denunciar el grave problema de ruido que viene padeciendo cada noche en su vivienda. Ni voluntariosos intentos de diálogo ni reiteradas llamadas a la policía han solucionado una situación que para E. acabará dentre de un mes. Tira la toalla y cambiará de casa. El testimonio escrito de su padecer no tiene desperdicio y, por desgracia, tampoco constituye un caso aislado en el barrio: “Soy un vecino de la calle Pozas y estoy viviendo una pesadilla, todos los días sin excepción, absolutamente todos los días de la semana, se ponen a hacer botellón delante de mi casa, en el número 16, justo al lado del edificio de la Cruz Roja, un...

Marcelo López-Conde, promotor literario ambulante

Quien no se haya topado con Marcelo López-Conde en algún bar de Malasaña será porque muy pocas veces habrá pisado uno, al menos en los últimos cuatro años. De 19 a 23 horas, a diario, Marcelo ejerce de “promotor literario”, que es como se define, recorriendo de 30 a 40 locales por jornada. Se acerca a las mesas, interrumpe con tacto conversaciones ajenas y presenta un pequeño catálogo de libros y autores por si a alguna de las personas que amablemente aborda se le ofrece comprar literatura. Suele suceder que sí. El más caro de los ejemplares que pasea cuesta 10 euros; los más vendidos -apunta orgulloso-, sus propios libros: ‘Cuentos inmobiliarios (I)’ y ‘Cuentos inmobiliarios (II)’. Marcelo es ya todo un personaje de Malasaña. Argentino de Buenos Aires, regentó dos cafés literarios en su país natal antes de llegar a Madrid en 2001, donde casi de inmediato se sumó a una tertulia de escritores en el Café Comercial mientras que hacía carrera en el sector inmobiliario, que es realmente para lo que se formó y de lo que vive. De aquella primera tertulia salió su primer libro, autoeditado. Con los ejemplares en la mano del original ‘Cuentos inmobiliarios’ llegó la pregunta que le haría ver la luz: “¿Y qué hago ahora con mis libros?”. “Ofrecerlos por los cafés”, se contestó él mismo. Corría el año 2005 y no tardó en vender toda la edición. “La respuesta de la gente a mi propuesta fue muy positiva -recuerda- y eso me hizo pensar que verdaderamente en los cafés había espacio para acercar al público la literatura, que los cafés podían...
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El cine de verano vuelve al Solar de Antonio Grilo

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