primer periódico hiperlocal en España | año VII | 25 de septiembre de 2016
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Tierno y Malasaña: amor a primera vista

En las fiestas del Dos de Mayo de 1979

En las fiestas del Dos de Mayo de 1979

“Aquí no se va a tirar ninguna casa más ni se va a proseguir con los expedientes de ruina. Pero os voy a pedir un favor: no me tiréis papeles al suelo y reprended a los que lo hagan”

Era Enrique Tierno Galván dirigiéndose a los vecinos de Malasaña durante las fiestas del Dos de Mayo de 1979. El alcalde acababa de hacerse con el puesto de rector de la ciudad y se acercaba en su coche particular a tomar unos churros con los madrileños, a la que se daba un baño de multitudes. Durante aquellos años la extrema derecha fue muy insistente en hacerse con el barrio y ese mismo día FE de las JONS había hecho en la plaza una convocatoria pública (desautorizada por Gobierno Civil) “por la unidad de España”. La presencia del Alcalde cobraba, pues, un simbolismo importante.

Con el primer Ayuntamiento de la democracia terminaría la pesadilla del Plan Malasaña, que hubiera acabado con el barrio tal y como lo conocemos, piqueta mediante. La lucha vecinal se interpuso entre los especuladores y el barrio, que dejaba por entonces de ser conocido como Maravillas para mudar la piel a Malasaña.

Aquel fue el primer contacto de un ligue tan extraño como los tiempos de la Transición, de calle promiscua, el del viejo profesor universitario con una juventud a la que, muchos dicen, no llegaba a entender. Sin embargo, matrimonio o maridaje, Tierno y La Movida fueron pareja.

Hoy, 19 de enero, hace treinta años ya que murió Enrique Tierno Galván, y mucha gente le sigue recordando en Malasaña. Los vecinos de más tiempo hablan bien de él y conviven con nosotros elementos –como la feria de la Cacharrería en Comendadoras o las reinterpretadas fiestas de San Antón– que hunden sus raíces en el mandato de Tierno. Su legado político admite, como el de cualquier servidor público, peros y alabanzas, pero el consenso sobre su persona como figurón de la historia reciente de Madrid es difícilmente rebatible.

Acabamos este recuerdo con uno de los famosos bando municipales –aquellos que empezaban con la fórmula Madrileños: y que tan famosos se hicieron en su época-. El bando del carnaval, que ya llama a las puertas de Madrid.

EL ALCALDE PRESIDENTE
DEL EXCELENTÍSIMO AYUNTAMIENTO DE MADRID

MADRILEÑOS:

Aun contradiciendo al filósol, en el segundo libro de las “Eticas”,
hay que perder la vieja idea de que sea la mujer varón menguado.
Puede ser contradicha sin ambages ni rebozos, esta opinión con la
larga experiencia que enseña que vale la mujer tanto como el hombre
vale en cuanto atañe a las tacultades de la inteligencia. Es también
capacísima en los ejercicios que requieren esfuerzo y destreza física,
a lo que hay que añadir vivaz imaginativa y natural aversión a la
melancolía que hácela alegre y siempre dispuesta a cuanto requiere festivo
humor.

Por cuya razón el Alcalde cree que es en extremo conveniente dejar
en desuso y sin fuerza alguna los antiguos preceptos que juzgaban
contrario al femenil recato que fuesen las mujeres con el rostro cubierto
y el cuerpo aderezado con el disimulo de extrañas y a veces risibles
ropas, pues son tales las vecinas de Madrid, en cuanto a despiertas
y avisadas, que mucho tiene que temer y si el caso llega padecer el
varón que, ayudado por la maliciosa ignorancia, crea que con ocasión
del disfraz halas de torcer la voluntad contrariando su firmeza y casto
trato.

Pueden, pues, los madrileños, hombres y mujeres, de cualesquiera
edad, divertir la voluntad según su natural inclinación durante los ya
cercanos Carnavales, gozando de cuantos regocijos el Concejo desta
Coronada Villa, con generosidad, aunque sin derroche, ofrece.
Habrá, además, aquellas novedades que el ingenio de cada cual
provea, pues son de antiguo los vecinos üe esta Corte gente pródiga

en curiosos solaces e imprevistas invenciones en tiempos de Carnestolendas,
en los que cualquier travesura es propia, como fingir fantasmas,
pasear estafermos, menear tarascas, mover máquinas de cuantioso
ruido y aparato, además de deformarse el bulto del cuerpo y rostro
con fingidas jorobas, narices postizas, manos de mentira, grandes
dientes falsos y otras ocurrencias de mucha risa y común contentamiento,
que se acompañan de cantos, bailes, retozos y singulares cortejos
en que se hermanan el arte más fino con el mejor donaire y más
sutil y popular ingenio.

Pero advierte también, con amargura, el Alcalde de esta antigua
y noble Villa, que con harta frecuencia acaece que en los festejos públicos
que con ocasión del Carnaval se ofrecen, no faltan quienes con más
osadía que vergüenza, se dan a roces, tientos, tocamientos y sobos
a los que suelen ayudar con visajes, muecas, meneas y aspavientos
que van más allá de lo que es lícito y tolerable, particularmente cuando
con el desenfado propio del mucho atrevimiento hacen burla de
meritísimos hombres públicos, contrahaciendo su imagen, a la que
maltratan con vejigas y otros ridículos instrumentos, con daño grave
para el respeto y decoro de quienes ostentan públicas dignidades.
Encarecemos, por consiguiente, que se empleen estas y otras mañas
y habilidades en más prudentes quehaceres y honestos gozos, que no
dañen el crédito y reputación de Consejeros, Regidores, Alguaciles, Privados,
Ministros y otros cualesquiera de semejante lustre y pujos.
No es raro, por último, que en estas fiestas de Carnaval, no ya el
pueblo llano, por lo común sufrido, sino currutacos, boquirrubios, lindos
y pisaverdes, unidos a destrozonas, jayanes, bravos de germania,
propicios a la pelea y al destrozo, rompan sin razón bastante que,
a juicio de esta Alcaldía, lo justifique, enseres de uso público que el
Concejo cuida, como respaldares de bancos, papeleras, esportillas
y cubos de la basura, ayudándose de los más insólitos instrumentos,
cuya finalidad propia no es, mírese como se mire, la de quebrar
y destrozar

De la buena crianza del pueblo de Madrid se espera que sin dejar el
esparcimiento adulta y el juvenil retozo, contribuya a cortar abusos tan
censurables, obra de muy pocos, que desdora a muchos.
Téngase, pues, antes de que la Cuaresma llegue, dias de fiesta,
agalzara y abierta diversión, sin excesos, según conviene a pueblo tan
alegre, discreto y a la vez bullicioso como el de Madrid, de manera que
su comportamiento no venga a dar la razón a quienes en tristes tiempos
pasados suprimieron estas antiguas e inocentes fiestas.

Madrid, 9 de febrero de 1983.
ENRIQUE TIERNO GALVÁN.

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Presentación de un libro, clases de guitarra o cortometrajes en la semana cultural de Quoncor Café

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