primer periódico hiperlocal en España | año VII | 27 de septiembre de 2016
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Toma café: un lugar donde saben de café

El café, esa bebida tan adictiva para muchos y que cada uno desea de un modo diverso y cree que su modo es el mejor. Yo he sido de Cola-Cao frío casi toda mi vida, bueno, desde hace algunos años me dedico directamente al batido de chocolate, también frío. En casa de mi familia nunca he tomado café con leche, sólo su olor me resultaba repugnante. Por muy mal que os parezca, el café español, en general, ha sido y es bastante asqueroso: demasiado torrefacto, lo cual lleva a una acidez y un amargor intragables. Pero hay motivos para la esperanza… vamos aprendiendo. En Europa, Italia y Portugal están más cultivados en este campo. Italia, en particular, es bastante maniática con esta cuestión, aquí podéis ver un ejemplo de su obsesión. Por su parte, en Turquía y varios países balcánicos toman el café turco, muy molido, no filtrado y azucarado, que lleva un proceso de hervido particular en un bonito aparato denominado cezve; yo lo probé hace años en Bulgaria y resulta de sabor delicado, algo dulce, y de textura densa, muy peculiar, a mí me gusta. De cualquier forma, yo me empecé a aficionar al aroma del café con M., napolitano de pura cepa, el cual se me queda sin energía sin un mínimo de dos espressos al día. Él no es una excepción, allí son todos así, hasta los camorristas, en la cárcel, necesitan su dosis (a fin de cuentas el café, al poseer cafeína, se podría calificar como una droga blanda), como podéis ver en este vídeo, extraído de la peli Passione de John Turturro. De vez en cuando, en casa, me tomo algún espresso, pero con azúcar, aunque un italiano fetén lo considere un sacrilegio.   

Lo dicho, cada persona, cada área, tiene su propio concepto del café, sus manías y sus rituales y, para cada uno de ellos, su café es el mejor. En EEUU, excepto en las ciudades grandes y, particularmente, en NYC, el café es, según el concepto europeo, un bebistrajo aguado (un napolitano lo definiría ciofeca), algo parecido a lo que pasa en el resto del continente americano. Pero los estadounidenses están orgullosísimos, como podemos ver en este mix sobre lo que considera un café maravilloso el Agente Cooper de Twin Peaks.

Unos antecedentes históricos para situarnos, el café entra en Europa, procedente de África (más concretamente de Arabia [de ahí el café arábiga] y Etiopía), aproximadamente a finales del siglo XVI, principios del XVII. A su llegada, la religión lo toma con cierto recelo, lo considera una especie de droga proveniente de los infieles, pero cuentan que a un papa (ay, pillín…) le gustó lo suficiente para no dejar que sólo los herejes lo pudieran disfrutar. Y de ahí, poco a poco, su difusión en Occidente.

Bueno, después de esta introducción histórico-festiva, contaros que fuimos al Toma café, una casa de café y espressos tal como ellos se definen.

El local resulta curioso, con vigas vistas, una bici colgando, otra por ahí aparcada (como podéis ver en las fotos, si vas con bici, no tendrás problema de aparcamiento), la cocina acristalada en una especie de pasillo-barra trasero, grabados simpáticos, un estante para vender su propia mezcla de café, mesas y sillas de su padre y de su madre, paredes y suelos igualmente de diversos progenitores y el lugar donde sirven el café, pequeño pero simpático, con una preciosa cafetera, supongo, italiana. Los chicos que atienden están preparados y son amables. El público es principalmente joven y moderno. Tenían, el día que fuimos, para acompañar el café, brownie, tarta de zanahoria, un bizcocho de pistacho, otro de banana, varias cookies y un bizcocho de limón y semillas de amapola. El café te lo puedes tomar allí o llevar. De cafés tienen una amplia variedad: dos espressos, tres cappuccinos, con caramelo, vienés, con chocolate, con hielo y más. Además, ofrecen té y chocolate para los no cafeteros.

Local_Malasaña a mordiscos_Toma café

M., obviamente, pide un espresso (1,20 €) y yo un mocca (2,40 €). Al servirle a él primero el espresso, se pone nervioso porque este tipo de café, según su rito, debe tomarse inmediatamente… y yo esperando mi mocca, por suerte me lo dan rápido. El espresso de M. para mi gusto es demasiado fuerte, pero según él es perfecto, ya que considera que muchos de los espressos más comerciales son demasiado débiles. Yo me quedo con los más comerciales, de sabor más suave, menos penetrante e igualmente aromáticos. Mi mocca consiste en un café con leche con un chorro de chocolate y, por encima, cacao en polvo, ¡está riquísimo! Una combinación muy lograda, resulta un café achocolatado, donde ninguno de los dos ingredientes pierde su identidad, muy logrado. La taza en la que lo sirven me gustó, es la típica del chocolate en muchos países centroeuropeos. La leche que utilizan es Priégola, una marca de Madrid cuyas vacas están muy bien cuidadas y muy relajadas lo cual hace que tengan “muy buena leche”. Realmente en el mocca se nota, es una leche delicada, no invasiva, pero sabrosa y de textura aterciopelada. Mientras estaba esperando que me hicieran el mocca, le pregunté qué mezcla de café utilizaban a la chica que me atendía: Guatemala, Brasil y Etiopía. Deduzco, por los lugares de cultivo, que la mezcla debe llevar dos tercios de arábiga (de menor rendimiento, produce un café más aromático y fino) y un tercio de robusta (como su propio nombre indica, más resistente y de mayor rendimiento, pero más fuerte y ácido)*. Para acompañar elegimos un trocito de bizcocho de limón con semillas de amapola: (2,00 €) riquísimo, fresco, suave, cítrico y con los estallidos propios de las semillas de dicha flor, muy fino.

Díptico espresso y mocca primera visita_Malasaña a mordiscos_Toma café

Tras esta primera incursión, decidimos volver para hacer una nueva cata; también porque el primer día había mucha gente y resultaba algo complicado hacer fotos. M. de nuevo optó por el espresso (1,20 €) y se reafirmó en su opinión inicial, y yo en la mía. Por mi parte, elegí un moccaccino (2,50 €), consistía en un cappuccino con un toque de chocolate y cacao por encima. A mí me resultó poco cappuccino (porque la espuma no era lo consistente que se supone debería ser) y poco chocolatero (no sabía a chocolate nada, sabía a café con leche). De cualquier forma, era rico, porque tanto el café como la leche eran de calidad y ambos tenían su sabor y textura oportunos.

Díptico espresso y moccaccino segunda visita_Malasaña a mordiscos_Toma café
Escogí también un brownie sin gluten (2,00 €) para acompañar, sabor intenso a chocolate, textura ligera (no exactamente la de un brownie, que suele ser más pesado) y con trocitos de nuez que matizaban el conjunto suavizándolo. Y allí estaba Humbert I (Humbert II creo que debió quedarse durmiendo en su casa). Nada más vernos nos espeta: “Si me queréis catalogar: soy individualista, relativista y anarquista; sé que hay gente a la que no le gusta mi visión, pero yo soy así”, yo le hago un guiño cómplice. M. le mira sorprendido y Humbert I se va todo agitado (me temo que se había tomado algún que otro espresso de más).

Díptico Humbert I y brownie y rincón azúcares_Malasaña a mordiscos_Toma café

¡Atención! Tomar demasiado cafés puede dañar seriamente tu salud mental y acabar como Begnini y su inglés macarrónico en este fragmento, Strange to meet you, de la película Coffee and cigarettes de Jim Jarmusch.

Me parece que es un lugar original, de ambiente retro, simpático y agradable, para disfrutar de un buen café y de un bizcocho casero y sabroso todo ello a un precio moderado.

* Me acaban de enviar un tweet en el que me dicen que no utilizan café robusta, que conste en acta.

P.S. Para las personas con problemas alérgicos, tienen leche de soja y, como ya comenté previamente, un brownie sin gluten.

  • Toma café, Calle La Palma 49, Tel. 91 702 56 20. Horario: de lunes a viernes, de 8.00 a 20.00, sábados y domingos de 10.00 a 22.00. Web: http://tomacafe.es/

 

 

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