primer periódico hiperlocal en España | año VII | 3 de diciembre de 2016
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Triball: asignaturas pendientes de una marca

Al repasar los objetivos a dos años vista que los promotores del plan Triball tenían allá por sus inicios, en 2008, y compararlos con lo que han logrado en este tiempo, sólo podemos llegar a una conclusión: la cosa se les ha dado regular.

Eso tirando por la senda de en medio, puesto que siempre podríamos hablar de fracaso a la hora de lograr sus principales metas, aunque también de ralentización en una senda en el que cada pequeña conquista suma y lo que importa es avanzar manteniendo una visión global sobre cómo se quiere estar en el futuro.

Bien es cierto que por el camino se les ha cruzado la crisis, que hay quien dice que les volvió humildes. En cualquier caso, lo que es incuestionable es que Triball se ha consolidado como marca, quizá la mayor de las conquistas logradas en su andadura de más de dos años; una marca con asignaturas pendientes.

El trecho entre el dicho y el hecho

Dentro del objetivo de revitalizar el área comprendida entre Corredera Baja de San Pablo y Fuencarral, la plaza de la Luna y la de San Ildefonso, los impulsores del plan Triball se marcaron cuatro importantes metas que no han conseguido: implicar en el proyecto a Telefónica, situada en la calle Valverde; reconvertir los Cines X de Corredera Baja de San Pablo; recuperar los Cines Luna y lograr que las grandes tiendas de Gran Vía abrieran entradas a las mismas por la calle Desengaño.

“A Telefónica se les llevó una propuesta de zona wifi gratita para el barrio que, tras ser una idea bien recibida, ha ido quedando en conversaciones. Es muy difícil negociar con ellos. Telefónica es todo un ministerio”, asegura Eduardo Moreno, promotor de Triball y presidente de la asociación de comerciantes homóloga.

Los Cines X de Corredera pertenecen a una familia dispuesta a cambiar de negocio, sin embargo existe un problema de licencias y tienen el hándicap de su gran tamaño, alrededor de 1.300 m2. “Ha habido ofertas por ellos, incluso de gente muy conocida del mundo de la cultura y del espectáculo. Pretendían montar una especie de café-sala de ensayos, un concepto nuevo de local de ocio“, apunta Moreno para proseguir diciendo que “por desgracia, este espacio sólo tiene licencia de cine y comercial, con las que no tiene futuro. Para abrir un tipo de negocio como el que se pretendía hacer se necesitaría una licencia de sala de fiestas, cosa que no se hará porque los responsables municipales temen que en un futuro pudieran convertirse en una discoteca o en algo similar, algo que no se quiere”.

“Con los Cines Luna -actualmente, en venta- pasa igual” -afirma Moreno. “Hay ofertas por ellos pero la normativa de la Comunidad de Madrid es intocable, muy cuadriculada. Como tal lo que hace es proteger a un cine porno de capa caída y a unos cines vacíos”.

En Triball están convencidos del gran potencial que tiene la calle Desengaño, “pero es una calle tapiada“, según el presidente de la asociación. Para cambiar el día a día que condena a esta vía a la marginalidad de la prostitución, las personas sin hogar y los problemas con el alcohol y las drogas, se ha intentado convencer a las grandes marcas de Gran Vía, cuya parte de atrás de sus tiendas dan a Desengaño, de que abran accesos por ella a sus comercios. De momento, no ha habido suerte.

Tiempos de crisis

“Hoy por hoy sólo toca seguir trabajando, día a día, sabiendo cómo queremos estar en un futuro”. Estas palabras de Eduardo Moreno vienen a reconocer que los grandes objetivos de los inicios de Triball, incluso las ínfulas y ambiciones con las que hablaban y presentaban en sociedad el proyecto, se han visto forzosamente aparcados. Hay quien dice que “la crisis les ha puesto en su sitio”, mientras que Moreno reconoce que lo que ha hecho es “ralentizar mucho nuestros planes”.

“La crisis nos golpeó cuando comenzó a caer el consumo privado, lo que llevó a cerrar a algunos comercios del área. También nos afecta el estrangulamiento de la financiación bancaria: todo local que está rehabilitado se alquila fácil, pero aquellos que necesitan una reforma y un préstamo para acometerla no se abren”.

Con las ‘vacas flacas’ también se está produciendo un cambio de tendencia en el tipo de negocio que se abre en la zona. Los de restauración están ganando terreno frente a los de la moda, por los que Triball había apostado desde sus inicios.

Pretendida humildad

A día de hoy, y aunque en un cambio de estrategia Triball se haya vuelto humilde (ahora hace gala de lo pequeño de su proyecto en contra de la imagen de grupo importante que proyectó en sus inicios), la iniciativa presume de tener más de 170 comercios asociados, de que se hayan abierto 72 negocios en su zona de actuación desde que aparecieron y de que el comercio “se está convirtiendo en el eje vertebrador y revitalizador del área, cuyos vecinos han ganado en calidad de vida”.

Sin embargo, la mayoría de los comercios asociados a Triball son meros figurantes, que no sólo no tienen claro lo que hace la asociación por ellos -aunque perciben que  es algo bueno- sino que no pagan la cuota de socios que les correspondería abonar. Por otra parte, algunos negocios que abrieron en la zona ya han tenido que cerrar y en cuanto a lo de apuntarse el tanto de revitalizadores del área a través del comercio, algunos vecinos, asociaciones y comerciantes con los que hemos hablado no dudan en tildar de “pretenciosa” esa afirmación. “La mejora del área es incuestionable“, dicen. “Atribuirsela por entero a la acción de Triball no es de recibo”.

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