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Unas gafas inventadas en Malasaña, a la conquista del mercado mundial

Santiago Ambit, con las gafas de su invención | Foto: Somos Malasaña

Santiago Ambit, con las gafas de su invención | Foto: Somos Malasaña

Santiago Ambit es inventor. Vecino de Malasaña desde hace cuatro años, este ilicitano se ha especializado en generar ideas y materializarlas. Vive de ello. Estos días se halla entregado en cuerpo y alma a su nuevo ‘hijo’, las Ion Glasses, un ingenio que se ha propuesto comercializar -esta vez sí- él mismo, a través de su recién creada empresa, Ion Eyewear: aventura en la que le acompaña un socio, Ricardo Urías. Con 120.000 euros de su bolsillo y buscando microfinanciación en una de las webs estadounidenses de crowdfunding de referencia pretenden colocar sus gafas en todo el mundo. Por el momento han recibido pedidos de 83 países.

Dice Ambit que las Ion Glasses son un complemento del teléfono móvil que acentúa la experiencia de tener un ‘smartphone’ en el bolsillo. En apariencia, en nada difieren de unas gafas graduadas o de sol normales, pero en realidad son un dispositivo conectado a nuestro teléfono, tablet u ordenador. Se configuran a través de una simple aplicación y llevan un diminuto chip ‘4.0’ incorporado a la patilla. Sus funciones son cuatro: recibir avisos mediante luces led de cualquier alerta que podamos tener en el teléfono móvil, manejar nuestro móvil u ordenador sin tocarlos, un sistema antirrobo o antipérdida de gafas y ‘smartphone’ y un logo personalizable que cambia de color para poderlo combinar con la ropa que llevemos un día determinado.

Ambit detalla que estas gafas, de apariencia normal, llevan un chip ‘4.0’ que es “diminuto” y que está incorporado a la patilla de la gafa, y que es lo que permite interactuar con los dispositivos tecnológicos smartphone y tablets.

El invento de Ambit se enmarca dentro del sector que podríamos denominar “tecnología que viste” y en el que en lo que a gafas se refiere sólo se encuentra, a nivel mundial, con otro compañero de viaje: ni más ni menos que las Google Glass, aún sin comercializar en Europa. Al contrario que éstas, las Ion Glass no pretenden duplicar las funciones de un móvil, sino complementarlo, tal y como ya hemos apuntado.

Las primeras unidades podrán estar en manos del consumidor en febrero. En diciembre saldrán de fábrica 2.000 ejemplares, que tardarán un par de meses en obtener la homologación y certificación necesaria para su venta. Su precio, hoy en día, es de 54 euros (unos 79 dólares), lo mismo que puede costar cualquier otra montura. Cuando el producto se comercialice a través de ópticas es de prever que su precio suba a unos 129€, todavía una cifra muy competitiva.

Las Ion Glasses son un producto tecnológico español, malasañero, a la conquista del mercado mundial, que ha merecido un artículo en el estadounidense Mashable, el blog de ‘social media’ más influyente del mundo, y que lleva ya recaudados 20.000 dólares en Indiegogo. La gira por medios de comunicación estadounidenses -para presentar el producto- que inicia esta semana Ambit a buen seguro le servirá para acercar esa cifra a los 150.000 dólares que son los que Ion Eyewear aspira a lograr para lanzar el producto tal y como imaginan.

A la izquierda, unas gafas normales; a la derecha, unas Ion Glasses. Sólo la patilla es un poco más gruesa. Arriba a la izquierda, primer software de las gafas, que han conseguido reducir hasta incrustarlo en ellas. Foto: Somos Malasaña

A la izquierda, unas gafas normales; a la derecha, unas Ion Glasses. Sólo la patilla es un poco más gruesa. Arriba a la izquierda, primer software de las gafas, que han conseguido reducir hasta incrustarlo en ellas. Foto: Somos Malasaña

Persiguiendo ‘Eurekas!’

Más allá de las Ion Glasses, la carrera de inventor de Santiago Ambit se ha ido consolidando con la creación de inverosímiles productos como un zapato para ciegos que detecta el tipo de pavimento que hay ante él, un dispositivo para hacer que las plantas ‘hablen’ enviando a su dueño mensajes en twitter sobre su ‘estado de salud’;  una impresora de aromas o una cafetera para el iPhone.

“Hay que dejar de mirar las cosas para empezar a verlas”, dice Ambit cuando se le pregunta por el método de trabajo de un inventor y su forma de manejarse por la vida. “Estoy constantemente alerta, me pregunto el porqué de las cosas e intento resolver cada problema con el que me encuentro. Podríamos decir que me gusta buscar problemas y resolverlos, desde el convencimiento de que tienen solución”.

Un invento pasa por dos fases: la de la idea y la de la innovación. La primera fase se compone, a su vez, de tres etapas: detección del problema, incubación del mismo (período en el que aprendo sobre el servicio, el sector, la industria alrededor del que se mueve) e iluminación (cuando das con el ‘eureka’) A la fase de innovación llegas ya con una idea bien construida y fiable y es en donde buscas la manera de materializarla: te reúnes con posibles inversores, empresas a las que pueda interesar, te rodeas de un buen equipo y tratas de asociarte con los mejores profesionales del sector… En definitiva, tratas de que una idea no quede en el limbo, sino que se materialice.”

En una época en la que se habla tanto de emprendedores, Ambit y Urías, hacen camino andando. Sin llenarse la boca hablando de la necesidad de apostar por el I+D para salir adelante, apuestan por ello. Sin quejarse por la falta de créditos a pymes de los bancos ni de la escasez de ayudas públicas, se las ingenian para sacar debajo de las piedras -de ser necesario- el dinero preciso para poner en pie su sueño.

 

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