primer periódico hiperlocal en España | año VII | 8 de diciembre de 2016
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Velarde: la calle más rockera de la ciudad

Mural de La Vía Lactea | COSTUS.ES

El capitán Pedro Velarde, héroe del 2 de Mayo que murió la mítica jornada cuando contaba veintiocho años, tiene, además de estatua en la plaza (la que comparte con Daoiz), esta calle que une Fuencarral con la Plaza del Dos de Mayo. En la misma esquina de Velarde con San Andrés, dibujando un lado del lugar, estuvo el balcón desde donde se supone Jean Malesangre, panadero y padre de Manuela Malasaña, disparó contra los franceses.

Velarde es, sin embargo, una calle mucho más del siglo XX que del XIX, una estela de locales míticos que han conformado la educación nocturna de muchos de los setenta a esta parte.

La bandera de la calle es, sin duda, La Vía Lactea: Velarde no pocas veces habrá sido “la calle de La Vía”. Este templo de la música neoyorkino en Malasaña lleva allí desde 1979, y en la misma barra donde un buen día Joe Strummer pidió un Soberano, varias generaciones de madrileños han aprendido a degustar la buena música que grandes de los platos -como el desaparecido Kike Turmix o Diego Manrique– han regalado cada noche desde entonces.

Con algo menos de glamour, pero las mismas heridas en sus paredes, el Nueva Visión “Ramones Fan Club” pugna modestamente con la leyenda de La Vía. El glamour de este pequeño museo del grupo de Queens tiene más que ver con su estatus de lugar de peregrinación de los punk-rockers de toda España y con quien maneja la nave, “el Johnny Nueva Vision”, émulo de Ramone con cierta fama de malencarado que es sin duda parte de la aristocracia del barrio desde 1982. ¿Cuántas veces se habrá escuchado en Malasaña aquello de “ahí va el Johnny Nueva”?

“Por su puesto recuerdo El Nueva. ¿Sigue existiendo? Y La Vía, que son palabras mayores, pero recuerdo también muy bien El Laberinto, con aquellos grandes ventanales y el futbolín en medio. Allí íbamos siempre a primera hora en los ochenta”, nos cuenta Regina, visitante asidua de la calle hace años. Y es que en Velarde se empezaba por la tarde entre botellines (minis en el caso de El Laberinto) y se acababa bailando rock and roll de madrugada. El Laberinto de Regina, peculiar bar diurno-nocturno de ambiente kitsch sigue, aunque cada vez quedan en la calle menos de aquellos bares de empezar la ruta. Ya no está el Marcelino (Bar Velarde), donde hacia el 86 se vendía el primer disco de Los Enemigos junto a una caña y bollo preñado, y también ha desaparecido recientemente la cervecería Puerto, bareto de larga barra regentado por Antonio donde hasta hace nada se mezclaban modernos con viejos parroquianos de barra de estaño.

Pero en la calle Velarde hay vida más allá de la noche, y cada vez más. De un tiempo a esta parte la vía se ha convertido en la ruta del vintage. Tiendas como Biba Vintage, The The o La mona checa son las culpables de que los más modernos salgan por Velarde en busca de piezas exclusivas para engalanar sus armarios. Seguramente no es casualidad que la modernidad delineada a base de nostalgia tenga en la calle de Velarde su público.

La vida festiva, que produce ojeras y restos de rimmel, ha dejado en Velarde más señales de las deseadas. En las paredes las firmas se amontonan unas sobre otras y sobre el adoquinado de la calle ha caído en alguna época más orín del deseable. Hoy, la calle empieza a vivir también de día.

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