primer periódico hiperlocal en España | año VII | 8 de diciembre de 2016
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Visita al Taller Escuela de Encuadernación Beatriz Moreno

Natalia Martín Hernando. Museo del Romanticismo

encuaderna

Hierro, rueda, gofrado, escartivana, ceja, cabezada, tejuelo… Todos estos términos nos hablan de un mismo oficio: el de encuadernador. Injustamente desconocido, ha sido el protagonista de la cuarta sesión del programa “Malasaña romántica: historias y comercios del siglo XIX”. Dado que la encuadernación alcanzó su esplendor durante el siglo XIX, el Museo ha querido destacar su relevancia artística. Tras la habitual contextualización, que en esta ocasión recorrió la historia de la encuadernación, los asistentes tuvieron la oportunidad de contemplar ejemplares del fondo antiguo de la Biblioteca que habitualmente no se muestran al público. Una extensa selección que ahondaba en las diferentes tendencias del momento, como el estilo catedral, cortina, pasta valenciana o cubierta parlante. Un manuscrito de la Constitución de 1812, encuadernado en terciopelo y detalles metálicos; los desposorios de la Reina Isabel II, decorados con ricos hierros dorados; y las Obras Completas de Larra encuadernadas por Montaner i Simon, fueron algunos de los elegidos. Brindando así la oportunidad de deleitarse con un arte, que hasta una época reciente, no ha sido objeto de exposición, sino que estaba reservado a la intimidad del bibliófilo.

A esta muestra, le sucedió la visita a la escuela de encuadernación Beatriz Moreno, situada en la calle San Joaquín, número 4. Este taller lleva en el barrio más de una década y aunque no se trate de un establecimiento decimonónico, fue escogido por su amor por el oficio y respeto por la técnica tradicional. De la mano de Patricia Sela, maestra encuadernadora, pudimos conocer las diferentes fases del meticuloso proceso que llevan a cabo, así como los variados materiales y utensilios utilizados. Además de la labor didáctica personalizada que desarrollan Beatriz Moreno y su equipo en la escuela, también manifiestan sus inquietudes artísticas en concursos internacionales donde han recibido innumerables premios. Fieles a la tradición, pero atraídas por la innovación, nos sorprendieron con piezas galardonadas para las que han utilizado materiales tan dispares como la piel de tiburón, el corcho o el papel japonés.

Envolvemos palabras es su carta de presentación. Sin lugar a dudas, el amor por los libros que puede adivinarse en estas palabras, se hace latente en el resultado final de sus exquisitas encuadernaciones.

Con esta visita se cierra el programa “Malasaña romántica: historias y comercios del siglo XIX”, que desde el pasado mes de julio ha creado un espacio de diálogo entre el Museo del Romanticismo y el barrio de Malasaña.
Pueden seguir la programación de actividades en http://museoromanticismo.mcu.es

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