primer periódico hiperlocal español | año VIII | 22 de abril de 2018

Alicia Flon: “Algunas mañanas Malasaña aún recuerda a Maravillas”

La autora del libro 'De Maravillas a Malasaña' repasa las razones que han llevado a la transformación del barrio y recuerda las libertades con las que se contaba hace 40 años

Malasaña es, por derecho, uno de lo barrios más literarios de Madrid. En sus viejas calles han confluido escritores y ha servido de escenario de novelas en innumerables ocasiones. Nos llega ahora una, De Maravillas a Malasaña (Alicia Flon), que hace del barrio un personaje central de sus múltiples tramas. Las grandes mirillas circulares de sus pisos, los techos altos, los mercados, plazas y parroquias que conocemos todos son la espina dorsal sobre la que discurre una rica gama de personajes (vecinos), que son el verdadero elemento central de De Maravillas a Malasaña.

Alicia Flon ha tenido una relación muy intensa con el barrio que, sin duda, se aprecia leyendo el libro: nació en la calle San Vicente Ferrer y vivió allí hasta los 21 años. En la misma casa habían vivido antes su madre y su abuela. Tres generaciones de mujeres malasañeras -o de Maravillas- cuya experiencia ha ayudado a construir el mosaico de historias vecinales que forman la novela. Pero no se trata de un libro únicamente vivencial. Si algo salta a la vista desde sus páginas es el minucioso proceso de documentación que sirve de andamiaje y que toma forma en la magnífica ambientación del barrio en diferentes momentos de la segunda mitad del siglo XX.

De alguna manera, la segunda novela de Flon viene a condensar algunas de las inquietudes que se adivinan en su experiencia vital como historiadora, partícipe de círculos culturales o profesora. En televisión la vimos en El primero de la clase o Curso del 63, y también la hemos visto y escuchado en teatro y radio.

– La primera pregunta parece ineludible, ¿en qué momento y de qué manera Maravillas se convierte en Malasaña? En la novela da la sensación de que ambos barrios se solapan ¿Crees que aún hoy existe algo de Maravillas?

Maravillas comienza su transformación a raíz de la muerte de Franco. Los primeros pasos se ven claramente en la celebración de las primeras fiestas del 2 de mayo. Con posterioridad, la alcaldía de Tierno Galván y la toma del barrio por la Movida lo convirtieron en lo que fue y yo intento contar.

De Maravillas quedan los edificios, la estrechez de sus calles, su urbanismo… Algunas mañanas aún recuerda lo que fue.

-El barrio es un protagonista indiscutible en la novela. Las calles, pero también las casas y los comercios. Jalonan el relato hechos históricos (como la muerte de Franco) que sitúan al lector. Cuéntanos acerca del proceso de documentación…

El proceso de documentación ha sido doble: por un lado mis propios recuerdos, cartas, fotografías… Por otro, una labor de investigación en hemeroteca … revistas y periódicos de la época que me han ayudado a poner fechas a los recuerdos.

– El padre Pastor, la parroquia, las clases en los colegios de curas del barrio… La religión es un elemento transversal en muchas de las historias que construyen el libro ¿Cómo condicionaba la vida diaria de la gente y cómo ha cambiado?

La religión era fundamental en la época. Casi todos los niños íbamos a colegios religiosos y los que no (los menos) no se escapaban de ese ambiente que lo impregnaba todo. Hasta la muerte de Francisco Franco, todo lo que se alejara de un comportamiento cristiano visible olía a rojo y el rojo siempre ha sido el color del diablo jeje

– Hay una colección muy viva y diversa de personajes ¿Conociste en persona a alguno? ¿Quizá al peluquero con manos mágicas o a la rica venida a menos que guarda un secreto?

Muchos personajes existieron en la realidad, o sus negocios. Pero he de confesarte que la mayoría están llenos de literatura, o sea, de imaginación. ¿Qué es cierto? La verdulería de doña Juana y ella misma. Todo real. La cerería de la calle Colón; la tienda de máquinas de coser Singer; el Monte de Piedad de la calle Corredera (todavía existe); lanas Merino; la carnicería del señor Manolo y su hija Manolita (los nombres son reales, la historia no); la Paloma de la calle San Vicente; el bar gallego de San Andrés; la pastelería del Dos de Mayo…. En fin, las ubicaciones son reales. Muchos de los personajes, también. Las historias, menos. Aunque las hay.

– Hay en el libro una labor increíble de ambientación de las distintas décadas en las que transcurre. Las historias pasan de vaquerías muy reconocibles al café Manuela o a La Vía Lactea. Hoy, en Malasaña, cierran muchos de estos comercios tradicionales ¿Qué tiene de proceso normal y qué tiene de malo?

Lógicamente el barrio, con aquel cataclismo, tenía que cambiar. Lo sorprendente es que aún continúe con ese ambiente festivo. Me hacen mucha gracia mis alumnos cuando me dicen que van al barrio a divertirse y me lo cuentan como si fuera lo más moderno y extravagante de la ciudad… Yo me río porque hoy es una tenue sombra de lo que fue. En aquellos años los locales no cerraban, la fiesta era continua  y en su interior había carteles en los que ponía Aquí se puede fumar porros. Angelitos… los que no conocieron la Movida, no pueden entender lo que fue…

– Si escribieras una segunda parte del libro, más allá de los ochenta, ¿en qué escenarios la situarías? ¿Qué tipo de cosas le sucederían a los personajes?

No me he planteado hacer una segunda parte de la novela. En principio, no tengo más que decir. Si mis lectores me lo pidieran, me lo pensaría. Quizás…

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