primer periódico hiperlocal español | año VIII | 22 de abril de 2018

El arte oculto de lo abandonado en la calle

Donde la mayoría de los mortales ve basura, María Jesús Hernández fija su mirada de artista en las cosas que la gente deja en las aceras de Malasaña y en cómo son depositadas

Imágenes de María Jesús Hernández

María Jesús Hernández es una pintora que siente una singular atracción por los objetos abandonados en la calle. Vecina de Malasaña y con taller en el barrio, su vivienda está amueblada y decorada con interesantes descartes que ha ido encontrando a lo largo del tiempo en diferentes vías de la zona. Sin embargo, llegó un momento en el que en su casa no cabía nada más, lo cual no quita para que en su día a día siguiera tropezándose con muebles y elementos de todo tipo susceptibles de ser recuperados y adoptados. La solución que encontró entonces para llevárselos consigo sin que ocuparan apenas espacio fue fotografiarlos. Ahí es donde está el origen de la colección de imágenes de cosas tiradas en las calles que en la actualidad atesora y el germen del trabajo artístico al que trata de dar forma en su cabeza mientras acumula más y más material para el mismo.

La primera de esas fotografías -todas de Malasaña- la tomó hace siete años, en 2011. Algunas de ellas, una pequeña punta de iceberg, las comparte en redes sociales, lo cual ya tiene por sí mismo un interés y su valor artístico e, incluso, sociológico.

“Esta costumbre mía de fotografiar objetos abandonados se ha convertido en una manera de salir a la calle, atenta a todos aquellos elementos que están fuera de su lugar habitual”, comenta María Jesús, quien aplica su mirada de artista a lo que surge a su paso en cualquier rincón de Malasaña.

Maria Jesús Hernández fotografiada en la calle Don Felipe

Repasando con ella algunas de sus instantáneas, donde nuestro ojo no ve más allá de un par de sillas tiradas María Jesús observa composición o interacción del objeto con el espacio en el que lo encontró; nos descubre las similitudes de un lienzo roto con el que un día tropezó con la obra de ciertos artistas reputados, o nos hace ver los mensajes que lanza una imagen que, en realidad, fue creada inconscientemente por la persona que abandonó tal o cual objeto en un espacio preciso y de una forma única.

En cualquier caso, su máxima es fotografiar cosas abandonadas tal y como la gente las deja, apunta mientras nos enseña una imagen de una mesa en plena calle vestida con su correspondiente mantel y montada con sus platos y todo. Sus imágenes no son consecuencia de mostrar sin más el objeto que encuentra sino que son producto de una conceptualización: hay arte en su recogida virtual de desechos varios.

Hablando sobre cómo transformar todo lo que tiene entre manos en un trabajo artístico, María Jesús piensa en una muestra centrada en objetos hallados en una zona muy delimitada geográficamente -muchos de los que tiene aparecen en Don Felipe, la misma calle en la que ella vive- y que tengan una conexión con el tema artístico. Otra línea que baraja es la de exponer la serie de imágenes en las que muestra la interacción del artista con el objeto que encuentra y en el lugar en el que lo encuentra, algo que se plasma, por ejemplo, en los autorretratos que obtiene en espejos.

(Pincha en las imágnes para verlas ampliadas)

Preguntada sobre cuál es el objeto más extraño que se ha encontrado en las calles, se remonta a la primera fotografía con la que arrancó su costumbre: “Una noche, en la puerta de la iglesia de la calle de San Bernardo hallé un libro gordo, rojo, una biblia, sobre la que había de pie un parejita de novios como las que se colocan encima de las tartas de boda. Fue imposible no fotografiarlos”.

¿Conoces a la niña de la foto?

En el taller de María Jesús Hernández una fotografía de una niña vestida de comunión ocupa un lugar destacado. Quienes lo visitan de primeras creen de inmediato que se trata de la propia artista e, incluso, le ven un claro parecido. Sin embargo, la chica de la imagen no es ella. Cuenta que el retrato lo encontró un día tirado en la calle de San Joaquín. Se lo llevó a casa, lo colgó en una pared y lo adoptó, como si fuera parte de su familia. Lleva años tratando de averiguar la identidad de la niña de la fotografía y cree que, muy posiblemente se trate de alguna antigua vecina de Malasaña. Espera que algún día suene la flauta por casualidad y se resuelva un misterio que ha pasado a ser parte de su día a día. ¿Conoces a la niña de la foto?

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El arte oculto de lo abandonado en la calle

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