primer periódico hiperlocal español | año VIII | 23 de noviembre de 2017

El pintor de las calles de Malasaña

Manu Campa inicia una serie de paisajes urbanos enfocados en su barrio y con la luz malasañera como protagonista

La Palma, de Manu Campa

Cuadros de paisajes hay muchos, muchísimos. También de paisajes urbanos. Y no digamos sobre Madrid. Pero los que no abundan son los dedicados a una calle cualquiera de Malasaña, con los adoquines, los bolardos y, sobre todo, con la luz del barrio como protagonistas.

Por eso llama la atención ver los últimos trabajos de Manu Campa, un pintor residente en Malasaña del que ya conocimos su faceta de retratista y que se ha convertido en los últimos 12 meses en casi un cronista del ambiente diario de su barrio. De su taller de Palma 13 han salido varios lienzos que reflejan momentos de tranquilidad, relajados, ajenos al bullicio que invade los mismos espacios cuando cae el sol.

San Andrés, de Manu Campa

“Intento captar la luz que respira el barrio por la mañana. Hay mucha gente que no conoce este silencio, cuando los bares están cerrados y los vecinos hacen la compra”, explica Campa en conversación con Somos Malasaña. Fruto de esta mirada son los trabajos de Corredera, Palma o Comendadoras. Pinturas suspendidas en el tiempo.

Joan Pujol, de Manu Campa

A este pintor malasañero trazar los paisajes urbanos le ayuda a salir de sus cuadros de encargos más habituales, de una temática totalmente distinta. “Me encanta hacerlos, aunque son muy laboriosos”, confiesa. “He conseguido convertir estas pinturas en algo que me representa”, dice orgulloso.

Grial, de Manu Campa

Manu Campa no expondrá ninguno de estos cuadros. Los ha vendido todos. No porque trabaje por encargos, sino porque sus clientes habituales los adquieren al poco de tenerlos listos. Pero habrá más, porque está convencido en seguir trabajando en esta línea. “Es una serie que quiero continuar”, añade, “porque es divertido cuando te paras en la calle a mirar con otros ojos. Estoy descubriendo un montón de rincones en los que no había parado antes la mirada”, cuenta.

Comendadoras, de Manu Campa

Sin embargo, será difícil ver a Campa pincel en mano, en cualquier acera de Malasaña. Él prefiere tomar fotos y después recrear ese momento recordando las imágenes de calles iluminadas por la luz lateral del sol, sin apenas gente.

Campa y los cuadros de motor

Donde sí que veremos a este pintor será en su próxima muestra, en la que se encuentra totalmente inmerso y que versará sobre una temática radicalmente distinta: la de los coches clásicos, un área que comenzó a explorar hace años y para la que no paran de lloverle encargos.

Manu Campa, con uno de sus encargos habituales

“Siempre quise vivir de la pintura. Al principio hice retratos, luego cuadros de animales y de ahí llegué a cosas que me interesaban, pasionales”. Primero se puso a dibujar bicicletas clásicas -él se confiesa ciclista urbano- y luego compró un Volkswagen Escarabajo y se arrancó a pintar coches míticos.

“He descubierto que hay un montón de gente con los mismos intereses en los coches, que le apasiona este tipo de pinturas”, dice mientras repasa la lista de encargos que tiene en la agenda -“unos 40, la mayoría de ellos van para el extranjero”- afirma. Parte de estos últimos trabajos vinculados al mundo del motor se podrán observar a finales de mes en una exposición temporal en la Corredera de San Pablo 8.

¿La última muestra de este tipo antes de cambiar de tercio? Campa dice que todavía no lo sabe, pero puede que los paisajes de Malasaña que ahora pinta como descanso se conviertan en el próximo leit motiv de su obra. “Soy muy temperamental, podría ser”, suelta riendo.

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El pintor de las calles de Malasaña

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