primer periódico hiperlocal español | año VIII | 22 de abril de 2018

Pensar sobre la burbuja del emprendimiento desde una oficina en la Plaza de la Luna

José Manuel Martínez Bedia ha escrito un ensayo crítico con el auge del emprendimiento como discurso para todo, pergeñado en parte en una de tantas oficinas de la trasera de la Gran Vía.

Desde la ventana de la oficina se ve la plaza de Santa María Soledad Torres Acosta –Luna, para entendernos–, con turistas, vecinos y transeúntes. Con repartidores, currantes y jubilados. En la trasera de la Gran Vía se anudan aún el barrio de Malasaña, en vertiginosa transformación, y el no barrio por excelencia de Madrid. Desde su puesto de trabajo, entre correo y llamada, José Manuel Martínez Bedia fue tomando notas mentales para el libro que acaba de publicar, con reflexiones germinadas por su propia experiencia en el mundo empresarial. Pensamientos con los pies lastrados por el plomo de saberse un currela más que se lo ha montado por su cuenta, lejos de la tentación de subir flotando entre el gas del mantra de moda: el espíritu del emprendedor.

En La burbuja del emprendimiento y la atomización de la clase trabajadora (Decordel, 2018) describe el ensalzamiento colectivo de la figura del emprendedor y el trabajador autónomo. Señala a los responsables de esta burbuja y alerta de los efectos de su existencia. Este sábado se presenta el libro y hemos quedado para charlar un rato con él acerca del mismo.

Somos Malasaña: No se me ocurre mejor manera de empezar la conversación que pidiéndote que expliques a qué te refieres con burbuja del emprendimiento.

José Manuel Martínez Bedia: Me refiero al ensalzamiento artificial e interesado sobre la figura del emprendedor y el trabajador autónomo. La receta neoliberal para salir de la crisis en la que nos metieron encargada a todos, pero de forma individual. Se nos propone, como alternativa inconformista, ser una persona de éxito hecha a sí misma. Un emprendedor.

SM: …y acerca del subtítulo “la atomización de la clase trabajadora”. Supongo que habrá que diferenciar mucho entre un autónomo-empresario y un falso autónomo o un freelance precario ¿no?

J.M: Sí, hay que diferenciarlos en lo que a la motivación por emprender se refiere. Sin embargo, en el texto trato de diluirlo todo, para acabar separando el agua del aceite y concluir que la diferenciación en la que hay que poner el foco es la que en todo entorno económico se acaba dando: la brecha de clases. Un notario, un broker y una persona que se acoge a la tarifa plana de 50€ para intentar ganarse la vida, después de no encontrar trabajo, son todos autónomos, pero seguro que tienen problemas bien diferentes. El caso es que por separado (atomizados), somos más maleables para el poder. El que pase por el aro, tenga suerte o sea despiadado, se podrá unir rápidamente a la fiesta del capital y el que simplemente se gane la vida honradamente, seguirá siendo un currito.

SM: Sorprende leer términos como sindicato o clase social en un libro encabezado por el término emprendimiento

J.M: Hace tiempo que el poder (grandes empresas, Estado y la fuerza mediática) se ha dado cuenta de que la mejor forma de desactivarnos es que nuestra fuerza laboral se entregue y defienda de forma individual, como sucede con los autónomos. Así se dificulta la unión sindical. Por otro lado, el puente de plata que se nos tiende a través de la figura ideal del emprendedor de éxito, hecho a sí mismo, hace que nos sintamos a un paso del poder y de colocarnos en un clase más desahogada y, si no lo hacemos, será porque no hemos tenido agallas suficientes.

SM: Cuando uno piensa en un emprendedor se le aparece la imagen de un joven varón blanco, con traje ajustado y estudios en una escuela de negocios. Sin embargo, tú ofreces una visión más amplia ¿Podrías identificarnos a los trabajadores autónomos que podríamos encontrarnos durante un paseo a caballo de Malasaña y la Gran Vía?

J.M: Aunque sé que está feo, comienzo por mí. Empecé hace seis años a trabajar por cuenta propia junto a un ex compañero, después de que nos despidieran, y lo hacemos en una pequeña oficina de la Plaza Luna. El centro de Madrid me ha servido de ejemplo en muchos pasajes del libro. Los repartidores de comida a domicilio con su bici (o con las de BiciMAD), falsos autónomos, son parte del paisaje. Fenómenos como la gentrificación y la turistificación tienen que ver con esta burbuja, ya que cambian el mapa comercial del centro de las grandes ciudades. Muchas personas han invertido en vivienda turística como fuente de ingresos. Los mercados tradicionales han desplazado pollerías y pescaderías para dejar paso a nuevos locales punto de suministro de ginebras a la carta y brunchs dominicales. Las franquicias que pueblan el centro, en muchos casos son abiertas por autónomos. En mi camino de vuelta a casa atravesando Malasaña, cada poco tiempo veo que abre o cierra un local cuqui regentado por efímeros emprendedores, que muchas veces no llego a saber bien qué venden. Alguna tienda antigua queda en el barrio, pero a estos nos les llames emprendedores, que no están para tonterías. Y tú, ¿me da que eres autónomo, no?… Perdón por la intromisión, es verdad, tú preguntas y yo contesto, no al revés. Pero volviendo al tema, ninguno de los que he nombrado llevamos traje y me da, que escuela de negocios, ni pisarla.

S.M: Parece que teníamos una imagen un tanto estrecha respecto de lo que es un emprendedor ¿Más mitos que necesiten ser desmentidos?

J.M: Muchos. Por ejemplo, que son el motor del país. ¿Cómo van a levantar el país, si la mayoría de los emprendedores no emplea a nadie y paga la cuota mínima, porque su trabajo no da para más? Por otro lado, lo de que son muy valientes. Sí, es cierto que hay que tener valor, pero no escucho a nadie decirle a gente que trabaja en condiciones precarias e incluso ilegales que tiene valor. Y tampoco a los trabajadores que plantan cara haciendo huelga. A los que luchan y gracias a ello mantienen condiciones dignas, los medios les suelen llamar privilegiados.

SM: Tienes muy presente la perspectiva de género en el libro ¿esconde el discurso del emprendimiento alguna discriminación sexista?

J.M: En teoría, el trabajo por cuenta propia es un escenario perfecto para la igualdad. Te quita de encima techos de cristal, brechas salariales y a jefes y compañeros machistas. Pero claro, la sociedad sigue sin permitir montar el decorado de la igualdad sobre ese escenario. La supuesta libertad que ofrece el trabajo autónomo es utilizada para animar a muchas personas a conciliar. Y aquí viene el problema, porque el verbo conciliar hoy en día sigue pensándose exclusivamente en femenino. Muchas mujeres acaban emprendiendo porque tienen sobre sus espaldas el peso del cuidado de la casa y los familiares.

SM: Para acabar, sabemos que también eres músico. Se trata de una profesión donde también abunda la precariedad laboral ¿verdad?

J.M: Gracias por lo de músico, pero bueno, digamos que toco percusión de vez en cuando en salas madrileñas, más por gusto que por ganarme la vida (si no, mal andaría, que voy muy justito en virtud). La oferta es bien variada: pagos en negro, totalmente variables —dependientes de la asistencia de público o de la caja—, incluso locales que te cobran por tocar y luego, si viene la gente a verte, ya veremos. Yo a esto me niego. Por supuesto no hablemos de seguros, contratos, etc. Me consta que hay sindicatos que se están movilizando muy en serio. Denuncian que el propio Ayuntamiento de Madrid, a través de Madrid Destino, contrata a músicos como falsos autónomos. Luego está lo de vender discos o canciones. La experiencia es que en Spotify o iTunes, donde en teoría nos dijeron que había que estar para vender, las ventas suelen ser nulas. Hay mucho que avanzar para que la música se respete como profesión digna.

SM: Muchas gracias por la charla, José Manuel.

* El libro se presenta este sábado 14 de abril a las 18 h. en Liber Arte Latina (C/ Calatrava 6)

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